SONIDOS EN EL FESTIVAL INTERNACIONAL DE CINE DE MAR DEL PLATA
Los recorridos del espectador en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata pueden ser diversos, múltiples, variados. Algunos se perderán la grilla de programación buscando directores, o actores, o géneros especiales. Otros sólo querrán ver películas de algún lugar en el mundo en particular (la oferta, por ejemplo, de films de Corea del Sur es amplia y jugosa). Algunos tal vez sólo logren ver la película que esté disponible en la boletería… y, quizás también, lleven una buena sorpresa (durante los primeros cuatro días del festival, el cartel de “entradas agotadas” horas antes de las funciones fue moneda corriente).
Pero hay otro recorrido posible. Y es hermoso. El Festival de Mar del Plata está poblado de films que hablan de música, tienen a la música en la entraña del guión, o se acercan a alguna problemática arraigada en el pentagrama. Música popular, música en la historia, música y cultura, música… sólo música.
El arco (The Bow, Corea, 2005) es uno de los ejemplos laterales de este fenómeno. Se trata de la película que participa en la competencia oficial y que pertenece a la factoría del genial Kim Ki-duk. Es un film de puros contrastes que tiene al arco como principal protagonista: el arco que junto a la flecha sirve para matar y proteger, el arco como original herramienta para predecir el futuro y el arco para hacer música, para elevar el espíritu, para entrar en comunión con uno mismo. Los protagonistas de la historia (un anciano y una chica de 16 años que viven solos, en un barco, en el medio del mar) hacen sonar un instrumento cuyo cuerpo es el arco, del que se tensan dos cuerdas y que se interpreta como un violín. En el centro del arco (y entre la madera y las cuerdas) hay un pequeño tambor. Mientras suena la música, y se participa del ritual del armado de este instrumento, nadie habla… los protagonistas están sumidos en un silencio vocal eterno… sólo el arco suena y le pone música a tanta soledad.
Pero también se pueden ver en el Festival trabajos que hablan de géneros como el metal, la música electrónica y sobre un género que se decora con un baile llamado Krumping… algo parecido al rap.
La legión, Tribus urbanas motorizadas es un documental argentino realizado por José Campusano y que forma parte de la Sección Documental Latinoamericano. Se trata de una pintura íntima sobre distintos grupos de motoqueros locales que aman el metal. La película, más allá de música, retrata un estilo de vida aferrado a la libertad, fanático de la velocidad, concentrado en los conflictos mecánicos, vestido de negro y con tachas y aferrado al alcohol. Los motoqueros/metaleros dan miedo (al menos esa sería la reacción primera de cualquier espectador lejano al fenómeno), pero ellos hablan de familia, de respeto, de amor… Ellos dicen que el “bardo” se arma cuando se “mezcla” gente; cuando, como en la vida de todos los días, se cruzan individuos con distintos estilos de vida. El retrato de Campusano es perfecto: no se acerca ni se aleja, no protege ni esconde… deja hablar y es más que suficiente.
Entre el diablo y el ancho mar azul (Between the Devil and the Wide Blue Sea, Alemania, 2005) forma parte de la sección Heterodoxia y es un registro crudo sobre la escena electrónica e industrial europea de los últimos dos años. La película (de Romauld Karmakar) está filmada en distintos pubs y clubs que tienen shows… arriba y abajo del escenario. A lo largo de los 90 minutos de la cinta se ven las actuaciones de bandas como Alter Ego, Captain Camatose, Cobra Killer, Fixmer/McCarthy, Letterboys, Tarwater, T. Raumschmiere, Rechenzentrum y Xlover… y los comportamientos de los espectadores ultramodernos.
Rize también habla de comportamientos… también retrata la rebeldía… también filma una cierta forma de sobrevivir. Se trata de un trabajo norteamericano, dirigido por David LaChapelle (forma parte de la sección Ventana Documental), que se centra en una expresión artística nacida de la opresión: es una danza agresiva, visualmente elegante y que tiene su sangre en los rituales africanos. El baile fue creado en Los Ángeles por Tommy The Clown, en 1992, y hoy se llama Krumping. Dominar el baile (como en La Legión formar parte de una agrupación de motoqueros) permite asociarse en tribus y (también como en La Legión se busca tener la mejor moto) lograr el mejor baile. El film habla de gente que llenó de arte una vida que tiene a las adicciones, la violencia y la privación de derechos como telón de fondo.
La sección Documentales Latinoamericanos le da lugar a otras músicas… más ancestrales. En Poeta de Guarán (de Federico Martín Crotti, Argentina, 2005) se muestra la vida del glosista y recitador entrerriano Edgar Estigarribia. Es un documento casi periodístico que se sumerge en las tradiciones del folclore argentino y que descubre a un personaje bohemio, vagabundo y temperamental (quizá típico de cualquier otro género musical más “moderno”). La argentina Lorena García sumerge su cámara en Salta y amplifica el sonido cuando canta Julia Vilte, una salteña de sesenta y tres años, coplera de canto con caja… una especie de eslabón perdido musical del imperio incaico. En su trabajo Tengo una pena que es pena “las coplas tritonales que entona Julia son tan áridas como el paisaje salteño”.
El Festival también volvió a mostrar la película El último bandoneón de Alejandro Saderman (Argentina, 2003) sobre la joven bandoneonista Marina Gayotto que se gana la vida tocando en trenes y subtes y que acude a una audición convocada por Rodolfo Mederos. Pero su bandoneón no da más… y tiene que conseguir otro. El film espía su búsqueda desesperada por el perfecto Doble A, el Stradivarius de los bandoneones.
Otros dos films se internan en la historia de la música. En La cantata de Hitler (Alemania, 2005, que se exhibe en la sección La mujer y el cine) Jutt Brückner habla de la música escrita en tiempos del Tercer Reich y de cómo, para crear la cantata en honor al 50 aniversario de Adolf Hitler, su unen el célebre compositor ex comunista Hanns Broch y Ursula, su asistente, fanática del régimen. En el proceso, las opiniones de uno y otro cambian y las posiciones de los dos frente al “peligro”, también. Y por último está Karmen Geï (un film de Senegal, Francia y Canadá, dirigido por el senegalés Joseph Gai Ramaka y que se ve en la sección Retrospectivas) que se convierte en una adaptación libre de la ópera Carmen y que también le da forma a la primera –dentro de más de 50 versiones fílmicas- Carmen africana y en el primer film musical realizado en África.
En la oscuridad de la sala, la música se expulsa de la pantalla. Es tan lindo escuchar cine…
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