SORPRESA Y POLÉMICA POR LA BODA DE CARLOS
Tras años de especulaciones y desmentidas, el heredero de la corona británica, el príncipe Carlos, de 56 años, contraerá matrimonio con Camilla Parker-Bowles, de 57. El anuncio de la boda, que se realizará el próximo 8 de abril en el castillo de Windsor, causó ayer sorpresa y reaviva una polémica en Gran Bretaña.
La ceremonia será sólo civil, pero será seguida por un “servicio de oración y dedicación” de carácter ecuménico presidido por el arzobispo de Canterbury en la capilla real de San Jorge. La iglesia anglicana aprueba el casamiento de viudos, como es el caso de Carlos, pero no el de divorciados, como ocurre con Camilla. De allí que se haya descartado -por primera vez en la historia británica- la posibilidad de una boda religiosa para el futuro rey. Un monarca que tendrá entre sus muchas responsabilidades la de ser “gobernador supremo” de la Iglesia de Inglaterra.
Sólo familiares y amigos serán invitados a la ceremonia. La ocasión contrastará fuertemente con la pompa y majestuosidad de las celebraciones públicas organizadas, hace 24 años, cuando Carlos contrajo nupcias con Diana Spencer. Unas 600.000 personas cubrieron entonces las calles de Londres para vitorear a los novios; otros 1000 millones observaron la ceremonia desde sus hogares marcando así un récord de audiencia televisiva. Ahora, ni siquiera se contempla el ingreso de cámaras al castillo.
Sensibles a la oposición de la mayoría a la erradicación de la memoria de Lady Di, la Casa Real decidió que la futura esposa de Carlos no utilice el título de “princesa de Gales”, tan asociado con la joven trágicamente fallecida hace ocho años. Pero Camilla sí será reconocida como “duquesa de Cornwall”, un título que también se confiere automáticamente a toda cónyuge del príncipe heredero británico, pero que pocos vinculan con Diana. Cuando Carlos acceda al trono tampoco habrá “reina Camilla”, aseguró un vocero de Clarence House. Por primera vez en la historia británica, la esposa de un monarca varón será conocida como la “princesa consorte”. Camilla obtendrá, en cambio, algo que ninguna otra divorciada consiguió antes: el privilegio de ser llamada “su alteza real”. A Diana se le retiró ese apelativo tan pronto se divorció de Carlos en 1996 y a Wallis Simpson se le fue negado aun cuando recibió el título de “duquesa de Windsor” tras su matrimonio con el abdicante Eduardo VIII. Una unión que en 1936 habría provocado una crisis constitucional.
El anuncio de compromiso de Carlos y Camilla estaba previsto, según Clarence House, para la semana próxima, pero debió ser adelantado a raíz de una “fuga informativa” en el palacio. La noticia sorprendió, no obstante, a todos los medios de comunicación. Los canales de televisión y de radio se vieron forzados a alterar su programación para extender los noticieros y los diarios vespertinos duplicaron ediciones de modo de cubrir a fondo todos los detalles y repercusiones.
Si bien se sospechaba que la pareja deseaba legalizar su relación de más de treinta años, muchos creían que no darían el gran paso hasta terminada la investigación de Scotland Yard sobre el accidente de tránsito en París que costó la vida de Diana, su amante Dodi Al Fayed y su chofer, hace ocho años. El cierre de la pesquisa está previsto para mediados de agosto. Más de un comentarista también destacó el hecho de que la buena noticia fuera suministrada días después de que el Comité de Cuentas Públicas de la Cámara de los Comunes confirmó que ha decidido investigar los gastos tanto del príncipe de Gales como de la reina que superan los 37 millones de dólares anuales.
En visita oficial al nuevo museo Winston Churchil en Londres, sin embargo, Isabel II permaneció muda cuando una fotógrafa le preguntó si estaba contenta con la boda de su hijo. Carlos, también de visita oficial -por ironía del destino a la orfebrería que talló el anillo de compromiso de Diana hace dos décadas-, dijo a la salida estar “totalmente encantado” ante la inminencia de sus segundas nupcias. La ronda de “enhorabuena” continuó con los dos hijos de Carlos, los príncipes William, de 22 años, y Harry, de 20.
El acta de matrimonio real de 1772 obliga a la reina a consultar a su primer ministro antes de autorizar el casamiento de todo miembro de la realeza. Tony Blair dijo haber dado luz verde “con sumo placer”. El líder de la oposición, el conservador Michael Howard, y el líder de los liberales demócratas Charles Kennedy compartieron sus buenos deseos. Nada se supo, sin embargo, sobre el parecer de los dos hijos de Camilla y su ex marido, Andrew Parker-Bowles, Tom, de 30 años, y Laura, de 26. El hermano de Diana, el conde de Spencer que en el funeral de Diana acusó a los Windsor de “crueldad”, hizo saber que no hará “ningún comentario” sobre la boda de su ex cuñado.
Crucial, desde el punto de vista constitucional, fue el apoyo dado por el arzobispo de Canterbury, Rowan Williams. La máxima autoridad espiritual del anglicanismo dijo que los arreglos realizados cuentan con su visto bueno.
La reacción del público, en tanto, fue más de indiferencia que de aprobación o censura. En un sondeo que se divulgará hoy, el diario Daily Telegraph informa que el 41% de los consultados desaprueba a Carlos como rey, mientras que un 37% lo aprueba como futuro monarca.
Este contenido no está abierto a comentarios

