SOSPECHAS DE CORRUPCIÓN EN CORONDA
Las recientes fugas de dos presos de la cárcel de Coronda “por error” en apenas 15 días parecen tener un antecedente en la Justicia que, al menos, acrecienta las lógicas sospechas de que puedan existir redes de complicidad entre internos del penal y personal encargado de la custodia.
En el año 2002, la mujer de un interno de Coronda -los nombres de este caso se reservan por una cuestión de seguridad personal- se presentó ante el Juzgado de Instrucción de la Primera Nominación, a cargo del juez Dardo Rosciani, para denunciar que su pareja había sido estafada por un guardiacárcel.
Según la denuncia, uno de los internos había recibido una oferta tramposa por parte de este integrante del Servicio Penitenciario: otorgarle la “libertad confundida” -así llamó la denunciante a este procedimiento- a cambio de alrededor de 5.000 pesos.
Siempre según esta versión, su pareja le había pedido que se contactara con la esposa del preso que lograría la libertad para que, entre las dos, ingresaran a la cárcel los 5.000 pesos requeridos por el agente penitenciario. La idea era que los custodios del penal lo dejaran salir, para alegar luego que se había tratado de un “error” involuntario.
Ambas mujeres lograron reunir el dinero y llegaron a la cárcel. Al ingresar, no fueron requisadas debidamente, por lo que los 5.000 pesos llegaron a manos del preso que estaba dispuesto a pagar por aquella “libertad confundida”.
El dinero fue entregado finalmente al guardiacárcel dispuesto a cometer este “error”, pero la libertad del detenido nunca llegó. En definitiva, ambos presos aseguraron haber sidos estafados por el custodio, que se quedó con la plata.
Al realizarse la denuncia, desde el juzgado se le hizo saber a esta mujer que su marido, uno de los presos engañados, se convertiría en partícipe del mismo delito que estaba denunciando, pues él había pactado con este guardiacárcel corrupto un procedimiento ilegal.
De todos modos y a pesar de los riesgos, el preso insistió en denunciar el caso, indignado por haber sido burlado de esta manera.
El tiempo pasó y las investigaciones no lograron resultados, sobre todo por las dificultades que surgieron a la hora de obtener las pruebas necesarias para acreditar las sospechas. En definitiva, la causa terminó siendo archivada.
DOS CASOS SOSPECHOSOS
Pero los hechos recientemente ocurridos en Coronda reflotaron las sospechas que habían sido plasmadas en aquella denuncia de 2002.
Tal como se informara en El Litoral, el pasado jueves 3 de junio, Claudio Góngora, un rosarino de 22 años que estaba detenido desde el 10 de octubre del año pasado y procesado por robo calificado, dejó el penal frente a las narices del personal de la cárcel cuando, en realidad, el que debía ser liberado era su compañero de celda.
Desde un principio los responsables del Servicio Penitenciario de la provincia tomaron el hecho como un grave caso de negligencia, por lo que no se dispuso la separación del cargo de ninguno de los efectivos que estuvieron en contacto con esta fuga, más allá del inicio de una investigación a nivel administrativo.
Sin embargo, dos semanas después, la escena se repitió. Esta vez, el liberado “por error” fue Angel Uriel Vega, condenado por tentativa de homicidio y a quien aún le faltaban cumplir cuatro años de prisión.
Esta vez sí fueron separados de sus cargos tres efectivos carcelarios, mientras tomó fuerza la hipótesis de que, en realidad, las fugas difícilmente pudieron haberse concretado sin una red de complicidades.
Nuevamente, la sombra de la “libertad confundida” ronda al penal de Coronda, donde dos jueces investigan en este momento las extrañas coincidencias que permitieron que, en dos semanas, dos presos recuperaran su libertad antes de tiempo.
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