"SOY UN TIPO VALIENTE"
Qué quedó del pibe que trabajaba en una panadería para pagarse la pieza de la pensión y así poder entrenarse en Quilmes?
—Son años imborrables para cualquier ser humano, esos recuerdos se van con vos a la tumba… Siempre digo que si hubiera una decisión divina y me tocara volver a nacer, elegiría el mismo camino a pesar de que fue bastante difícil. Porque esas necesidades que padecí me hicieron luchar, redoblar el esfuerzo en todos los aspectos. Son mis raíces y no reniego de ellas. Me emociona mucho recordar aquel pasado.
Ubaldo Matildo Fillol tenía un arte: lograba que el arco quedara reducido a su mínima expresión. Fue uno de los mejores arqueros del país, vivió a plena gloria, ganó siete títulos con River, una Supercopa con Racing y un Mundial, el de 1978. Sin embargo, durante mucho tiempo, el Pato fue infeliz: “Me pasó de todo. Cuando dejé de jugar, se enfermó y falleció mi viejo. Fue algo impensado para todos. Y encima llegó el problema con mi hija Nadia. La vida me pegó tantos cachetazos que me hizo cambiar. Mientras se desarrolló mi carrera fui abierto, alegre, pero me arrancaron la cabeza, me llevé muchas desilusiones. Estaba tan golpeado que me hice desconfiado”.
Un café negro, agua mineral y una charla íntima, a fondo, por primera vez desde que asumió en Racing, en su primera experiencia como entrenador, el Pato se confiesa ante Clarín. Entonces, encierra esa imagen parca que mostró en los últimos tiempos. Se suelta, se ríe, gesticula. Se nota que está recuperando la felicidad, aquella que, dice, empezó a perder cuando colgó los guantes, en el nacimiento de la década del noventa. Y sobre todo, después de luchar contra la bulimia de su hija Nadia: “Por suerte ella se recuperó, está bárbara. Se va a casar a fin de febrero y ya le dieron el alta. Fui abuelo el año pasado. De mi hijo Sebastián, nació un varoncito que se llama Valentín. Recojo mucho reconocimiento de la gente. Me siento muy fortalecido en la parte anímica. Soy un tipo valiente, tengo mucho huevo. Me considero un terrible luchador”.
—Que sos un luchador terrible no quedan dudas. Si te habrás peleado con Aragón Cabrera. En River jugaste mucho tiempo en conflicto…
—Soy un luchador desde San Miguel del Monte, la ciudad en la que nací. Tenía 10 años, iba al colegio y trabajaba. Pero laburaba mal, ¡eh! Me levantaba a las 5 de la mañana y repartía soda en un carro con Martillo, un amigo al que todavía sigo viendo. Después iba a la escuela y a la noche jugábamos al fútbol.
—Se supone, entonces, que esa actitud va a tener Racing en el campo de juego…
—Hay que tener cuidado con pedirle actitud a Racing, porque eso le sobra. Lo único que hay que reclamar es que no haya desequilibrio. Tiene que saber cuándo apretar, cuándo arriesgar.
—Hace un tiempo dijiste que el primer equipo que te tocara dirigir tenía que defender como los de Bilardo y atacar como los de Menotti. ¿Esa es la química que buscás?
—Lo que uno mamó como jugador tiene que estar actualizado. Y esa antinomia entre Menotti y Bilardo ya fue… Les hemos hecho mucho mal al enfrentarlos en vez de disfrutarlos. Argentina tiene dos Copas del Mundo y dos técnicos vivientes que podrían haber dado mucho más.
—¿Perdonaste a Bilardo por haberte excluido del Mundial 86 y haber dicho que el del 78 lo ganó la Junta Militar?
—Soy un tipo común y silvestre, que lloro, que me enojo… Tengo defectos, pero también una virtud: no soy rencoroso. El único que puede perdonar es Dios.
—¿Volviste a hablar con él?
—Si nos vemos, nos saludamos.
—Y ahora vas a tener la oportunidad de enfrentarlo…
—Sí. Y también al Bambino, que tuve como técnico, y a muchos ex compañeros. No me despierta nada especial jugar contra ellos. Lo único que aspiro es a progresar en esta profesión. Cuando atajaba me preguntaban siempre: “¿Pato, te considerás el mejor del Mundo?”. Y yo contestaba: “Trabajo para ser el mejor”.
—¿Y creés que vas a ser el mejor en esta nueva carrera?
—Cuando jugaba soñaba con ser el mejor, pero dependía de mí. Hoy sería incapaz de ilusionarme, porque el entrenador depende de los jugadores. El mérito siempre es de ellos. Lamentablemente, hay muchos paracaidistas que aprovechan para hacer su show… Como técnico, si te considerás el mejor es porque tuviste los mejores futbolistas. Cuando era chico, a mi ídolo lo quería superar. Y ahora como técnico, busco superar a todos.
—¿Por qué no se te dio antes la posibilidad de ser técnico?
—Me recibí de técnico antes de largar. Hice el curso en el 88 con Passarella, el Beto Alonso, el Tolo Gallego, Miguel Russo, Jota Jota López, Miguelito Brindisi, Kempes… Luego del retiro, recibí muchas ofertas para dirigir. Pero tuve problemas, me quedé cerca de mi familia y lejos del fútbol. Hasta que apareció la luz…
El Pato es familiero, aunque poco demostrativo. “Es un error. Pero los que me quieren, me aceptan”, dice. De Reinaldo Carlos Merlo asegura: “Siempre lo consideré mi amigo”.
—¿Y ahora, con el título, además es una sombra?
—No, no me puse a pensar que hubo alguien que sacó campeón a Racing. El club está por encima de los hombres. Además, llegué en un momento de transición. Tenemos el equipo más joven del torneo, se fueron varios jugadores… Pero Miguelito Tojo, con quien compartí mi trabajo en la Selección, me decía: “Tenés que acostumbrarte a ser todo terreno, cuatro por cuatro”. En lugar de lamentarme, hay que darle adelante, sin vender humo. Me siento con mucha fuerza, seguro… Agarré en un momento bárbaro.
—¿Y este buen presente? ¿Se podrá extender en el torneo?
—Me quita el sueño el inicio del torneo. Estoy seguro que van a tener que poner mucho, muchísimo, para ganarle a Racing. Vamos a ser un equipo muy jodido para el rival. Maradona, en su momento más glorioso, dijo algo que me quedó grabado: “El que no corre y no entrega todo, no puede jugar al fútbol”. Lo dijo el más grande. Eso les pido a mis jugadores…
Se apaga el grabador. Y queda claro: el Pato sabe remar contra la corriente. Es valiente, sí. Y ahora puede volver a ser feliz.
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