SU MARIDO LE PEGABA, LO MATÓ DE DOS TIROS Y LA ABSOLVIERON
No era la primera vez que su marido le pegaba. Pero esa tarde fue la más violenta. El hombre llegó a la casa medio borracho. Frente a sus hijos le dio patadas y trompadas, y le disparó dos veces sin acertarle. Los ataques y amenazas terminaron seis horas más tarde, cuando el hombre le dijo a su mujer que quería tener sexo y se fue a la habitación. Fueron sus últimas palabras: la mujer entró sigilosamente y, mientras su marido estaba en calzoncillos frente al televisor, le pegó dos tiros en la cabeza y lo mató.
Para la Justicia marplatense, Gladys Bulacio (39 años), actuó en legítima defensa. Por eso, pese a que el fiscal del caso había pedido durante el juicio oral la pena de prisión perpetua, ayer el Tribunal Oral en lo Criminal 3 la absolvió. Cuando escuchó el fallo, la mujer se abrazó con su hija de 16 años y le susurró al oído, con la cara bañada en lágrimas: “Voy a seguir luchando por vos y por tu hermano toda la vida”.
En los argumentos del fallo —según dijeron fuentes del Tribunal a Clarín— los jueces Hugo Trogu, Eduardo Alemano y Daniel Adler se basaron en cuatro puntos para la absolución:
Las agresiones. Amílcar Polinicio Juárez, de 38 años, había comenzado a agredir a su mujer en 2003, poco antes de que ella le pidiera la separación. Gladys Bulacio hizo cuatro exposiciones civiles en la Policía denunciando esto. El día del crimen la mujer había sufrido golpes en la cara, la pelvis y las piernas.
La diferencia física. Ella pesaba 50 kilos (perdió 24 desde que comenzó la violencia) y él, 120.
Los disparos previos. Nunca antes Juárez le había disparado ni amenazado con matarla frente a sus dos hijos.
El alcohol en la sangre. Los peritajes determinaron que Juárez estaba borracho esa tarde.
El hecho ocurrió el 18 de agosto de 2004 en el barrio Jorge Newbery, ubicado en las afueras de la ciudad. Gladys vive allí con sus dos hijos (la de 16 años y un nene de 9) y también lo había hecho con Juárez mientras durmieron bajo el mismo techo. Es que, poco antes del crimen, el hombre se había ido con otra mujer.
Sin embargo, se veían todos los días, ya que el matrimonio tenía un minimercado en el barrio, donde Juárez trabajaba como carnicero. “Venía a la tarde, pero no hacía nada. Nos golpeaba, nos amenazaba y se llevaba el dinero”, relató la mujer.
Pese a que Juárez se había mudado con una ex empleada del comercio, iba a la casa de madrugada. “Entonces la violaba”, contó a Clarín Sergio Meneghello, abogado de Bulacio.
El punto más polémico que se debatió durante el juicio fue si Juárez estaba o no dormido cuando su mujer lo mató. El fiscal Oscar Deniro dijo que sí, y por eso pidió la condena. Pero la defensa de la mujer consideró que no y el Tribunal acordó. Deniro había intentado demostrar que Bulacio premeditó el crimen y que actuó con “alevosía”.
El abogado Meneghello insistió en los antecedentes del atacantes: “Gladys temía por su vida y pensó en los chicos. Por eso, cuando vio que su ex pareja se sacaba la ropa y se descuidaba, agarró el revólver y le disparó”.
Si bien el debate entre ellos había sido por si la mujer era o no inimputable por “emoción violenta”, el Tribunal lo encuadró como “legítima defensa”.
Ya sin moretones, Gladys Bulacio escuchó la sentencia muy cerca de la familia de su ex pareja, que viajó desde Santiago del Estero para el fallo. Al oírlo, ni de un lado ni del otro hubo gritos de alivio ni de desaprobación.
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