SUÁREZ: JUSTO PREMIO A UNA LUCHADORA
Qué meritorio lo de Paola Suárez! Una trabajadora del tenis que tuvo que ratificar esa condición en la cancha 18 de Wimbledon, donde necesitó poco más de dos horas y media para conseguir lo que hasta ayer se le había negado: llegar a los octavos de final en su noveno viaje al torneo más importante del mundo. Vaya si le fue fiel a su historia esta chica que cumplió 27 años el lunes. Su historia está emparentada con el esfuerzo. Todo lo que consiguió le llegó por estricto mérito propio y pocas facilidades. En la vida y en su pasión y profesión, parte importante de su existencia.
¿Quién la hizo sufrir tanto para alcanzar ese objetivo que sólo lograron Giscafré, Sabatini, Labat y Gorrochategui, para seguir soñando y para asegurarse, al menos, un cheque de 34.200 libras (57.850 dólares)? La eslovena Maja Matevzic, con quien sostuvo un tenso partido que pudo resolver favorablemente por 5-7, 6-3 y 7-5.
Arrancó mal Suárez. Resignando el primer set, como ya le había pasado con Maleeva. Porque la talentosa “colorada” que tuvo enfrente le quebró el saque de movida nomás, en el game inicial. Recuperó la desventaja la argentina en el cuarto juego y, con esfuerzo, pudo igualar en el décimo con otro quiebre, en un duelo tan parejo como el ranking de las protagonistas: 36ª el de Suárez, 40ª el de Matevzic. Le faltó consistencia a la pergaminense para rematar el parcial. Especialmente a la hora de definir los puntos clave. Insistió con solidez desde el fondo, contrarrestando las llegadas a la red de su rival con globos y passings. Pero con eso no le bastó.
Le faltó decisión (o confianza) para presionar más a su adversaria y no se sintió cómoda cerca de la red. Además, Matevzic la supo atacar y la complicó con su revés con slice. A esa altura, la zurda europea era un poco más que la argentina. Por eso se quedó con el set.
Las dos perdieron sus servicios al comenzar el segundo capítulo. Y llegaron al 3-3 más por responsabilidad de Suárez (sólo aprovechó seis de los 15 break points y cometió 24 errores no forzados contra 15 de Matevzic en todo el partido) que por méritos de su oponente. Pero cuando pudo soltarse, relajarse y animarse a disfrutar la oportunidad que se le presentaba, todo se le facilitó. Entonces llegó el desahogo en el segundo set. Aunque fue un alivio fugaz, porque el último capítulo, el decisivo, sería tan incierto como el inicial.
Ambas se sobrepusieron allí a situaciones complicadas en los dos primeros juegos. Recién en el quinto, con el punto que mejor jugaron, Suárez pasó 3-2 al aprovechar dos break points. Después avanzó a 4-2 y tuvo una chance para 5-2, pero no consiguió quebrar… y volvió a padecer. Porque en el décimo game no conservó su servicio y se le vino la noche. “En ese momento casi me muero”, diría luego. “Pero me pude tranquilizar, seguí luchando, apelé a la experiencia y saqué el partido adelante”, agregó.
Y lo sacó con garra, con carácter, con decisión, devolviéndole la “gentileza” del quiebre a Matevzic y poniéndole el moño a su trabajo sacando provecho de su primer match point.
“Sabía que iba a ser un partido muy duro, muy parejo, intenso. Si tuviera que hacer un balance, diría que lo mejor que tuve fue mi cabeza, mi concentración, porque en el juego fui irregular: por momentos lo hice muy bien, a veces normal y otras, en situaciones importantes, muy mal”, relató.
—¿Te costó el arranque?
—Si, tardé en entrar en calor, en soltarme en la cancha.
—¿Qué es lo que más te molestó de ella?
—El saque de zurda y el slice. Es una jugadora que varía mucho el ritmo. De repente te juega rápido y de pronto juega corto, con pelotas muy blandas.
Su rival, en octavos, será la italiana Silvia Farina Elía, quien sorprendió eliminando a la séptima favorita, la estadounidense Chanda Rubin. Farina Elia era, antes de conocerse el resultado, la rival preferida por Suárez: “Me gustaría enfrentarla por primera vez y en pasto”, había dicho. “Tiene más variantes, pero un juego más lento que el de Rubin. Eso me daría un respiro. En cambio, a Chanda le conviene mi juego, que es recto.”
Su deseo se cumplió. Farina Elia la esperará el lunes, en un nuevo desafío de su carrera. Carrera que está en ascenso. Porque Suárez no sólo es la número 1 del mundo en dobles, sino que su confianza se extiende al single: viene de ganar sobre el polvo de ladrillo en Viena. Y se preparó a conciencia para esta cita de honor. Porque la meta, para este 2003, es quedar entre las 20 mejores, que no es poco. Tiene cómo lograrlo. Porque como ella misma lo dice, “me siento mucho mejor que otros años en Wimbledon. Y mucho mejor físicamente. Por eso se me hace más fácil jugar”. Por eso, su ilusión y sus acciones siguen en alza.
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