SUDÁFRICA SEDE DEL MUNDIAL 2010
Hay una sensación de reivindicación histórica detrás de la apuesta por Sudáfrica. Pequeña, nimia, huérfana de simbolismo se quedará la lectura de esta elección de la FIFA si sólo se observa que la 19° Copa del Mundo, en 2010, se jugará por primera vez en Africa. Valores como la igualdad, la hermandad y la tolerancia, que peligrosamente han caído en desuso con singular coincidencia en el planeta, intentan aflorar detrás de una decisión que en principio únicamente involucra al ambiente futbolístico. Será por eso que miles de sudafricanos de todas las edades y razas ayer siguieron por medio de pantallas gigantes esa decisión que se tomaba en Zurich. Y explotaron en júbilo por todas las calles del país cuando supieron que ese sueño que se les escurrió en 2000 -perdieron por un voto con Alemania, en una controvertida designación-, ahora era realidad. Entonces los nadie, los fatalmente nadie en décadas de cercana opresión, sintieron que también el fútbol los cobijaba con ese sentimiento de reparación.
Espontáneamente, en las plazas de Johannesburgo, la gente entonaba “Dios salve a Africa”, el himno nacional. La emoción iba y venía desde Suiza. “Me siento un jovencito de 15 años. Es una victoria muy bella”, dijo conmovido el emblemático Nelson Mandela, de 85 años, ex presidente sudafricano y Premio Nobel de la Paz, símbolo de la democracia y la igualdad en un país marginado internacionalmente por décadas y hasta 1992 por el apartheid, la política de segregacionismo racial. Ese mismo año la FIFA reincorporaba a la Federación sudafricana tras 16 años de aislamiento. Y ayer decidía confiarle un nombramiento especial.
Después de recibir las mejores calificaciones en las evaluaciones, Sudáfrica obtuvo la mayoría absoluta en la primera vuelta al sumar 14 votos contra 10 de Marruecos -acumuló su cuarto intento consecutivo fallido-, mientras que Egipto no atrajo ningún sufragio. Libia fue descalificada a último momento por no aceptar a Israel en su territorio en caso de que se clasificara para la Copa de 2010. “Hoy mis compatriotas están muy felices y el mensaje que les quiero enviar es que Sudáfrica acepte esta victoria con humildad y sin arrogancia”, señaló en declaraciones a EFE el líder histórico del Congreso Nacional Africano (ANC), que estuvo 27 años en prisión.
Bajo el slogan 10 años de libertad, a pocos meses de haber celebrado sus terceras elecciones democráticas, para Sudáfrica esta elección revestía una simbología especial. No fueron casuales, entonces, las presencias junto con Mandela y el actual presidente Thabo Mbeki, del ex mandatario Frederik De Klerk y del arzobispo Desmond Tutu, ambos distinguidos también con el Premio Nobel de la Paz por sus mensajes y esfuerzos que apuntalaron la fraternidad. La FIFA reparó en el valor agregado que tenía elegir a Sudáfrica: “Si se le otorga la Copa, esto generará una unidad significativa entre los diferentes grupos étnicos que han estado separados social, cultural y deportivamente”, había advertido.
La FIFA creyó que esta nación con el 3% de crecimiento anual y el 10% de inflación era la ideal para recibir en 2010 a la gigantesca industria del fútbol. Pese a que las distancias entre las ciudades son muy significativas, hay un sentido descentralizador entre los ámbitos de poder. Pretoria es la capital gubernamental; el centro financiero y comercial está en Johannesburgo -con 4.100.000 habitantes es la mayor del país-; la sede legislativa se encuentra en Ciudad del Cabo, y el poder judicial funciona desde Bloemfontein.
Sudáfrica, presidida desde el 16 de junio de 1999 por Mbeki, que fue reelegido este año, tiene 44.759.000 habitantes. Se distinguen cuatro grupos étnicos: la población negra constituye el 75,2%; los blancos, el 13,6%; los mestizos el 8,6% y la población de origen indio es el 2,6%. La religión mayoritaria es la cristiana. Entre ellos se habla nada menos que 11 lenguas oficiales: desde el inglés hasta el zulú, pasando por el afrikáans, el ndebele y el xitsonga.
Inquieta el SIDA, que se estima que afecta al 20% de la ciudadanía. En 2002 la tasa de desempleo se calcula en 30% y cerca de un 50% de la población estaba bajo la línea de la pobreza. Y un dato llamativamente luctuoso: la esperanza de vida sólo llega hasta los 47,7 años. Tras estas cifras, parece obsceno el gasto de 476.054.993 dólares previsto en el presupuesto para el Mundial 2010. Una organización que, al parecer, sólo preocupa a la FIFA en un aspecto: la inseguridad. “No hay mucha seguridad en el país… en la prensa se pudo leer sobre algunos hechos violentos acaecidos en barrios marginales”, apuntó el informe de los grupos de inspección.
Once ciudades y 13 estadios (tres están listos, cinco se remodelarán y otros cinco serán nuevos) recibirán la Copa. Sudáfrica, que ganó la Copa Africana de Naciones en 1996 y participó en los dos últimos Mundiales (1998 y 2002), hoy ocupa el puesto 40° en el ranking de la FIFA. Números, en definitiva, que marchan detrás del efecto reconciliación.
Por Cristian Grosso
De la Redacción de LA NACION
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