SUEÑOS DE JUVENTUD. RIVER, CON LOS CHICOS, SE HIZO FUERTE ANTE BOCA
Cada encuentro entre ellos entrega un matiz diferente para realzarlo. Poco, casi nada, importan el contexto y los atenuantes de una pretemporada cuando el blanco y el rojo se enfrentan con el azul y oro; cuando domina el orgullo de no sentirse inferior al rival de toda la vida. Así se palpita -y se sufre- un superclásico. Así, con el análisis del corazón, puede entenderse la explosión de River: anoche, en esta ciudad, venció a Boca por 1 a 0. Y fue justo.
Siempre anduvieron por carriles paralelos. Incluso, las diferencias los separaron en la forma de encarar el primer mano a mano del año. El DT Carlos Bianchi se decidió por el equipo de gala, ese que dio la vuelta olímpica en Japón, ante Milan. Con la salvedad, claro está, de los siete futbolistas convocados para el seleccionado Sub 23. River, en cambio, presentó una formación integrada por suplentes y juveniles, con apenas un par de referentes con experiencia, como Rojas y Montenegro. Eso sí: los dos pusieron idéntico fervor en pos de no soportar la hiel de la frustración.
Tanta pasión desbordó el juego durante los primeros minutos. Nadie cedió un metro. Los dos presionaron bien arriba y cortaron los circuitos. Abundaron los roces y el desarrollo se volvió entrecortado. A los siete minutos ya había dos jugadores amonestados: Cascini, en Boca, por una fuerte infracción a Husain, y Sambueza, por simular una falta.
La fricción no dismiuyó y el desarrollo continuó con la misma intensidad. El partido fue parejo. River tuvo un traslado prolijo, pero sus intenciones se desvanecieron cerca del área rival. Sambueza, un desfachatado, complicó en cada jugada al colombiano Perea, que, desatento, casi siempre lo frenó con faltas. Husain, con despliegue, equilibró al equipo en el medio campo.
Boca tuvo una actitud aguerrida. Su defecto fue no saber cómo administrar la pelota, ya que la perdió con demasiada facilidad. Sin embargo, tuvo las mejores situaciones de gol. Como aquel cabezazo de Schiavi que salió desviado, tras un córner de Guillermo Barros Schelotto que peinó Donnet; o como aquella escapada del Mellizo bloqueada justo a tiempo por Lobo.
En un partido parejo, River sacó rédito en el minuto final de la primera parte. Ludueña se esforzó en una pelota que parecía perdida y, con el último aliento, sacó un centro; Montenegro, a la carrera, definió con un tiro violento dentro del área. Golazo.
Boca avanzó en busca del empate con la mente confusa; de poco sirvió el ingreso de Barijho por Vargas; nunca encontró el camino despejado dentro del laberinto que le propuso River, que no se replegó y que jugó con inteligencia hasta el final. Por eso la justicia del resultado. El próximo desafío será el 4 del mes próximo, en Mendoza. Hasta entonces quién podrá borrarles la sonrisa a los millonarios.
La espera de un grito
Hacía rato que River no festejaba en Mar del Plata ante su tradicional adversario. La última vez que el conjunto de Núñez venció a Boca por los torneos de verano en la ciudad balnearia fue en 1996. Ese año, los millonarios se impusieron por 1 a 0, con tanto de Enzo Francescoli.
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