TALLERES DE FÚTBOL
Habita un milagro en la punta del Clausura: Talleres de Córdoba. El mismo equipo que se pasó 20 de las 22 fechas de la temporada 2003/04 en zona de descenso y que recién hace dos domingos está en zona de Promoción es a esta altura, disputadas tres jornadas del Clausura, el único líder. El mismo plantel que sólo cuenta con un jugador que es patrimonio del club (el defensor Facundo Erpen) tiene puntaje ideal y convirtió cuatro goles por partido. La institución que debe más de 20 millones de pesos y que casi comienza el Clausura preso de una inhibición se da el lujo de soñar a lo grande. Como sueñan esos hinchas que el domingo, tras el 4-0 a Colón, se fueron del Olímpico con una canción osada y sintomática: “Que de la mano de Jota Jota/todos la vuelta vamos a dar…”.
En el fútbol del campeón intercontinental, en el país que más títulos de clubes obtuvo y en un torneo en el que Boca y River tienen a las dos mejores apariciones de los últimos años (Carlos Tevez y Fernando Cavenaghi), hay un equipo que está construyendo un episodio épico. Y detrás de la sorpresa, hay historias, datos y particularidades que configuran El Milagro T.
En el debut ante Arsenal, los dirigentes tuvieron que poner plata de su bolsillo: la recaudación no había alcanzado para cubrir los gastos. Tras dos triunfos, el domingo hubo 30.000 personas en el Olímpico. Y hasta se consiguió un nuevo sponsor. “Si andás mal, nadie te da bola. Por eso, tenemos que aprovechar este envión”, le dijo a Clarín el presidente del club, Carlos Dossetti.
La situación económica es compleja. No sólo por la deuda, también por las dificultades para conseguir fondos. Ni siquiera pertenecen al club los futbolistas juveniles del plantel superior. Eduardo Giménez (18 años) y Mario Rivadero (19) ya pertenecen a un grupo empresario. Incluso las divisiones inferiores están manejadas por una empresa que, a cambio de sueldos y otros gastos, se lleva porcentajes de futuras ventas de los futbolistas. “Vender es la única que nos queda para salir del pozo”, cuenta un dirigente.
El plantel se empezó a armar en plena debacle. José Pastoriza, el técnico en el Apertura, agarró el equipo con el peor promedio y un grupo de jugadores que en Córdoba se decía que era “un rejuntado”. Se habían ido 20 futbolistas de la temporada 2002/03 (entre ellos Claudio González y Lucas Rimoldi) y llegaron 13.
Para este Clausura se fue Sebastián Carrizo a Independiente y llegó Mauricio Serna, en su última temporada antes del retiro.
El presupuesto de este plantel es 247.500 pesos mensuales. Un detalle comparativo y devastador: en 2003, Marcelo Gallardo —capitán de River— ganó 2,25 millones de dólares. Y buena parte de ese presupuesto procede de esa indumentaria que se parece mucho a un aviso clasificado: tiene seis anunciantes (La Cordobesa, Il Gatto, Chevallier, Puma, Diarco y Pritty) y en breve se sumará una marca de fernet. “Somos el equipo récord. Sólo faltan las medias…”, dice el gerente de marketing del club, Omar Verzelini.
Para abaratar costos, cuando juega en Buenos Aires el plantel —por un canje— almuerza y/o cena en Il Gatto, una trattoria de la avenida Corrientes.
Víctor Piriz Alvez, la figura del inicio del Clausura (tiene 8,33 de promedio Clarín e hizo tres goles) llegó al club a préstamo por 40.000 pesos y sin opción de compra, casi por casualidad: Rubén Paz (aquel ídolo de Racing) le comentó al pasar a Pastoriza: “Hay un morochito de Artigas que la rompe”. Y el Pato aceptó la aventura de confiar en un desconocido. Le salió perfecto. Ahora se escucha el “u-ru-gua-yo/u-ru-gua-yo…” desde los cuatro costados del Olímpico. Claro, a Piriz Alvez también le pasan cosas propias del loco mundo de Talleres: en el hotel Ducal a veces tiene que pedir clemencia para que no lo desalojen. Los dirigentes se olvidan de pagarle el alquiler. Cosas de este milagro que empieza con T…
Este contenido no está abierto a comentarios

