TALLERES LO TENÍA SERVIDO PERO DEJÓ REVIVIR A CHACARITA
Talleres no supo sostener lo que había construido con esmero. Le ganaba 2-0 a Chacarita (último en el torneo), se retrasó, olvidó los argumentos que lo llevaron a lo más alto, le empataron y, ahora, aquellos días que se parecían a la gloria ya no son tales. Igual, el equipo cordobés sigue siendo el líder. Pero si Boca le gana a Rafaela lo alcanzará…
Talleres tenía, ante todo, un doble desafío y una prueba de confianza: debía demostrar que la excursión sin éxito a La Bombonera no había dejado huellas en su ánimo y, además, tenía que sostener su condición de líder. Pero no sólo eso: un triunfo le daba la grata garantía de que al menos por un rato su promedio le permitiría zafar incluso de la zona de Promoción. No era un partido más. Como suele decir el técnico Juan José López este encuentro era una final.
Esos primeros 26 minutos dieron las primeras señales positivas del líder cordobés: al margen de errores e imprecisiones, la autoestima parecía intacta. Estaba lo suficientemente fuerte como para ir a buscar el triunfo, para alimentar el entusiasmo de su gente que volvió a decir “presente” en el Olímpico para respaldar al equipo.
En ese tramo fue el mismo Talleres pre-Boca: un equipo conocedor de sus carencias pero también de sus posibilidades, convencido, desinhibido. Y así se puso dos goles arriba de un Chacarita en días de crisis (ya sin Luis Garisto como entrenador, ayer fue conducido por Ezequiel Borrelli) y de puntos escasos (ahora suma cuatro unidades y es el único equipo que todavía no ganó en el Clausura).
Primero golpeó con Aldo Osorio, el gran cabeceador. El delantero acumula 7 tantos y es el goleador del torneo junto a Rolando Zárate. Ante Chacarita, recibió un centro desde la derecha de Maximiliano Velázquez, se anticipó a propios y ajenos y de pique al piso estampó el cabezazo que sorprendió al arquero Leo Fernández y sentenció el 1-0.
Después, ya a los 26, Talleres repitió la fórmula, pero por el otro sector: desde la izquierda mandó el centro Velázquez y en el área apareció el uruguayo Piriz Alvez para, también de cabeza, poner el 2-0. Ese grito se pareció mucho al reencuentro de este Talleres con sus días de felicidad y de fiesta.
Pero no todo resultó tan sencillo para el equipo de Jota Jota. Con dos goles de ventaja tenía la posibilidad de dar pruebas de solidez. Pero no: aparecieron las grietas, algunas incógnitas. Facundo Erpen y Víctor López padecían ante un Chacarita obligado y entregado a la ruleta del a todo o nada. Y Mauricio Serna tampoco hacía pie en un mediocampo donde la pelota pasaba a velocidad supersónica.
Y en esas dudas de Talleres se reforzó la ilusión de sumar de Chacarita. En tres minutos cambiaron las sensaciones y el escenario del partido: a los 41, Piriz Alvez se lo perdió solo ante Leo Fernández; a los 42, el árbitro Gustavo Bassi cobró un penal que no pareció (supuesta falta de Gutiérrez a Furios); a los 43, Sebastián Pena lo cambió por el gol del descuento. De la inminencia de la goleada a la sensación creciente de un empate cercano.
Quedaba el segundo tiempo por delante. Y en esa etapa Talleres merodeó por todos los momentos. Lo pudo haber liquidado con otra jugada que no pudo resolver Piriz Alvez, también en un cabezazo de Facundo Erpen que se fue apenas desviado. Y pudo haber sufrido el empate: a los 21, por ejemplo, un tiro de Víctor Müller se estrelló contra un palo.
Pero Talleres se fue quedando, se empezó a aferrar a un triunfo sin garantía. Y lo pagó: a los 34, luego de una buena jugada de Carlos Moreno y un rebote de Gutiérrez, Claudio Graf puso el 2-2. Y la fiesta, esa que parecía segura, se suspendió. Y dejó, en cambio, una pregunta de respuesta difícil: ¿hasta cuándo?
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