TAMBIÉN “SE CAYÓ” PLAYA GRANDE
Finalmente, la más pretenciosa obra pública de la gestión Balbarrey es historia, o al menos será postergada hasta próximo aviso. La resolución, a la que tuvo acceso Notife, expresa en sus considerandos, que las empresas oferentes no cumplían con los requisitos exigidos en el pliego, y además, descalifica a aquellas cuyas ofertas económicas superaron en porcentaje superior al autorizado por ley.
No obstante eso, la mayor parte del texto está referida a la impugnación realizada por la firma Boscarino, en contra de la pretensión de PONCE CONSTRUCCIONES, de alzarse con la obra no habiendo cumplido con los antecedentes ni con los requisitos exigidos por el pliego.
En tal sentido, la Comisión entiende que “si bien la oferta económica de Ponce resulta ser ampliamente más baja entre todas las presentadas, su propuesta no luce completa; dado que adolece de un vicio no formal sustancial e insubsanable que es el de no poseer lo requerido por el pliego de Bases y condiciones en el Anexo 8-Punto 4-2 (…), en referencia a la ausencia de antecedentes de remoción de suelo de al menos 1.500.000 m3, en un plazo mínimo de un año.
Hace aproximadamente un mes, desde este portal, informábamos sobre la presunta orden del intendente de “interpretar el pliego, a los efectos de evitar la caída de la licitación, y sobre todo de la imposibilidad legal del otorgamiento de la obra a la empresa santafesina.
DE AQUELLOS PLIEGOS DIBUJADOS… A LA SALIDA ELEGANTE
La obra de Playa Grande nunca apareció entre los anuncios del Intendente. Es más, se podría afirmar que Playa Grande, nunca estuvo en los planes municipales, y que el propio Intendente se enteró de la idea, en ocasión de la inauguración de la bizarra iluminación del Puente Colgante, el 20 de diciembre de 2003.
En aquella oportunidad, frente a una multitud y tras los primeros gritos desafinados de Valeria Lynch, el gobernador Jorge Obeid hizo uso de la palabra y anticipó el deseo del estado provincial de realizar una obra que otorgar a Santa Fe, “una Playa Grande”, y prometió financiarla.
Por entonces, no existían informes, ni estudios sobre el impacto ambiental que una obra de esa magnitud podía generarle a la zona. Tampoco existen hoy, aunque hayan sido exigidos por distintas organizaciones y concejales de la ciudad.
No obstante, desde entonces, y hasta la Licitación de la Obra, el Municipio se encargó de convertirla en realidad, consiguiendo que el Gobierno provincial otorgara un presupuesto final de 8 millones y medio de pesos, para el refulado y ampliación de la obra, que crearía el espacio más importante de Playa de la ciudad, y que se iba a enclavar entre el actual Faro y la actual Playa norte. Sin aviso y sin consultarlo con el Concejo Municipal, el DEM, llamó a licitación.
Las primeras dificultades surgieron con los pliegos. Una vez que se pusieron a la venta, y tras la queja de algunos empresarios (que finalmente se extendió a la misma Cámara de la Construcción de Santa Fe), Notife publicó una nota en la que se observaba que los pliegos parecían “dibujados” para una o dos empresas: Dyopsa y Pentamar.
Las condiciones y exigencias del Pliego, volvían a la obra inalcanzable para los pequeños y medianos empresarios, y mucho más para los santafesinos, por más que en la licitación estuviera estipulado e incluido el denominado “Compre Santafesino”.
Inexplicablemente el Pliego contenía dos cláusulas excluyentes: exigía un antecedente de remoción y refulado de 1.500.000 m3 (mientras la obra apenas alcanzaba los 600 mil m3) y agregaba, que los mismos debían “haber sido realizados por una sola empresa, y en el plazo máximo de un año.
El Pliego añadía un requisito asombroso: la empresa que se encargara del trabajo y que se quedara con la obra, además debía ser propietaria de la Draga de 2400 HP, y descartaba que el trabajo pudiera realizarse con dos o tres máquinas que alcanzaran la misma potencia de trabajo.
Los pliegos parecían redactados para Pentamar, Dyopsa y eventualmente Gualtieri, aunque este último, contaba con el antecedente negativo de la obra inconclusa de defensa de la ciudad de Santa Fe contra el salado, que no evitó la tragedia de 2003.
Sobre el cierre del plazo, las únicas empresas que alcanzaban esos objetivos -y que compraron los pliegos- eran las arriba mencionadas, y tras el escándalo mediático, que derivó en abiertas y desafiantes defensas públicas del proyecto y de los pliegos, a cargo del intendente y su Secretario de asuntos Hídricos, Horacio Ruíz; apareció lo que algunos se animan a calificar como una salida elegante: la presentación de la empresa santafesina Ponce Construcciones S.R.L.
La obra debía hacerse si o si. Esa parecía ser la orden emanada desde el 1er. piso de calle Salta. La introducción de Ponce entre los aspirantes a Playa Grande, pareció convertirse en la salida adecuada, pero faltaban algunos detalles: Ponce no cumplía con ninguno o casi ninguno de los antecedentes y requisitos exigidos por el pliego.
No obstante eso, se abrieron las ofertas -ignorando las postergaciones solicitadas por algunos concejales y la cámara de las Construcciones de Santa Fe- y se procedió a la calificación de los oferentes.
Las empresas que originariamente cumplían con el perfil requerido por el texto, se cayeron por razones económicas. Ni Dyopsa, ni Pentamar, se ajustaron al presupuesto, superando sus pretensiones, por encima de lo que dispone la ley. La UTE, conformada por Gualtieri y Boscarino hijos, tambien. Sólo quedaba en pie la oferta de Ponce Construcciones, que se ajustaba al precio, pero escaseaba del resto de los requisitos.
Fueron casi dos meses de hermético silencio. Desde el palacio municipal, apenas emergían murmullos y chismes, sobre el futuro de la obra y su licitación. Aquella orden de hacer la obra si o si, corría peligros. Hasta que finalmente se conoció la resolución de la Comisión Evaluadora de la Obra, la cual pone fin a estas pretensiones.
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