Tan Biónica copó el Monumento e hizo de Rosario su “ciudad mágica”
Más de 50 mil personas asistieron al show. Chano puso todo su carisma al servicio de un show con una puesta impecable. “Gracias por estos años, loco” le dijo a su legión de fans.
El fenómeno biónico es uno de esos proyectos artísticos en donde la realidad está superando los sueños. La impresionante convocatoria de este show gratuito de fin de año en Rosario (una cifra estimada en más de 50 mil personas) se presagiaba desde muy temprano. A las 5 de la tarde del sábado, desde el Parque España, cientos de fans caminaron la costa sumándose a la “peregrinación biónica” propuesta por la banda, que se dirigía al predio del Parque a la Bandera. Desde varias horas antes, ya los primeros lugares estaban colmados. “Estamos desde las 2, queríamos estar bien adelante aunque nos banquemos este sol”, contaban los chicos de San Pedro, los primeros en llegar con su bandera biónica.
En principio, la ceremonia se suponía en el Patio Cívico. El resultado final en cuanto a cantidad de público, indica que fue un acierto de la producción trasladar el concierto al sitio donde todos los años se erige el escenario mayor de Colectividades, de espaldas al río y con espacio para la gente.
Muchos desprevenidos llegaron al relajado y distendido VIP sobre la hora de inicio al show. Los adelantados disfrutaron y calmaron los efectos del pesado clima con la oportuna presencia de promotoras despachantes de la bebida auspiciante. En el predio, el público, en su mayoría adolescentes, estaba manso y tranquilo, aguardando el ingreso de la banda, en una previa animada por el dj Diego Pozo.
En la intro (“Seven Nation Army” y “8D”), el canto es de los fans, un grupo se posiciona con globos de colores y un video muestra la cuenta regresiva.
Luego, una cámara los sigue en su trayecto desde camarines hasta el escenario, para el delirio general. Las pantallas gigantes muestran a la banda en un abrazo previo y arengándose como para salir a la cancha. El último en subir fue Chano, con la impronta de un boxeador que sube al ring a dar todo para su gente.
Una rutina de 22 temas y un guión que sumó dos horas exactas fue cumplido en tiempo y forma por Tan Biónica. El arranque tuvo el sonido tecno de “Destinología”, el álbum donde publicaron “Vámonos” y “Mi vida secreta”, los primeros temas, en donde los sintetizadores llevan adelante las canciones.
Chano se muestra muy movedizo, recorriendo todo el escenario, tratando de conectarse con la multitud que está demasiado lejos. “Buenas noches, ciudad mágica de Rosario”, dijo en el saludo, antes de cantar “Hola noviembre”, un pop en el que se destaca el trabajo de Diego Lichtenstein, en batería.
La banda, siempre glamorosa, si bien utiliza en algunas canciones un lenguaje callejero, cuida al detalle todo, incluido el original vestuario. Ese lenguaje asoma en “Loca”, donde el líder va al piano después de un “acting” donde dialoga con “Seby” Seoane (guitarra), simulando no saber qué tocar, todo previsto en el show.
La elaboración de los temas es eficaz, siempre hacen estallar en el arranque y en el cierre. Y logran resultados de alto vuelo, como en “Perdida” y “Mis madrugaditas”, el segmento más rocker del show, donde incluyen rap con buenas letras.
En “Mis noches de enero”, volvieron al pop con una melodía bien pegadiza que incluyó un guiño nostálgico para la ciudad: “tantos recuerdos de Rosario tenemos, una morocha, el Bar del Mar…” y ahí Chano frena por las dudas, para dar lugar al cierre donde vuelve a lucir el batero.
En “Momentos de mi vida” y “El asunto” cambiaron todo. No solamente el formato, bien acústico, sino el escenario. Inesperadamente, otro efecto sublime, Chano caminó entre el público rumbo al techo de la carpa de sonido y desde ahí se comunicó cantando con los que estaban ubicados más lejos. “Qué lindo se los ve desde acá, che”, dijo, siempre bien custodiado, antes de regresar con sus compañeros.
“Lunita de Tucumán” y “Pastillitas del olvido”, las que siguieron, si sumaran charango, podrían ser considerados dos huaynos con color argento vestidos con sonidos electrónicos de base.
La pausa para el vértigo impuesto se hizo necesaria para público y artistas. La gente se entretuvo con globos gigantes y un imponente show de luces.
Volvieron con todo, con cambio parcial de vestuario, y arremetieron con “Ciudad mágica”, tremendo hit que por fin hizo que despertara el sector VIP, hasta acá tímido y contenido.
Siguió el baile con “La comunidad”, “El duelo” y “El color del ayer”, tres incluidas en “Obsesionario”. “La primera vez que nos entendieron en el mundo, fue en esta ciudad, con esta canción”, dijo Chano en la previa de “Arruinarse”, la canción que más intensamente se compartió con el público y donde se le cede el centro de la escena al baterista del grupo.
“Gracias por estos años, loco”. Así se comenzaban a despedir. Para los bises eligieron “Obsesionario en la mayor” y la infaltable “La melodía de Dios”, otra melodía que hace sucumbir multitudes.
En los agradecimientos incluyeron a Mc Namara (el bar rosarino donde tocaban para 50 personas), a las radios de Rosario (los primeros en prestarle atención) y a los productores locales que creyeron en la banda.
Chano volvió a bajar de recorrida para regalar su capa de superhéroe. La chica pelirroja que fue la elegida tuvo que luchar para retener su preciado trofeo. El saludo final, fue con “All you need is love” de fondo. Fueron dos horas exactas de estrecha comunión y lazos fortalecidos.
Las claves de un éxito
Buscarle una explicación al fenómeno Tan Biónica no es tan complicado. No se puede determinar aún si aportarán grandes obras a la canción nacional, pero el grupo mueve multitudes con honestidad artística. Desde el punto de vista técnico, Chano no descolla como vocalista, pero compensa con carisma. Su discurso tampoco es muy jugado, pero tiene lo básico que la industria exige para lanzar a un artista. Lo visual, lo estético, es impactante, la puesta está al nivel de un show internacional. El proyecto biónico apunta a que la intensidad no decaiga nunca y no hay margen para la improvisación.
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