TANTO BUSH COMO KERRY QUIEREN A LULA DA SILVA COMO LÍDER
Es que más allá de su economía, cantidad de habitantes y extensión territorial, Lula ha hecho méritos suficientes para ser considerado por George Bush y John Kerry como el hombre fuerte en la región.
A pesar de los temores que despertó en Washington antes de su asunción, Lula se ha convertido en un hombre previsible. Su clave fue ahuyentar los fantasmas fortaleciendo su imagen frente a empresarios tanto dentro como fuera de Brasil.
Por un lado, el mandatario brasileño ha sabido entablar excelentes relaciones con los organismos multilaterales de crédito, ya sea el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial. De hecho, contagió esa sintonía al izquierdista Frente Amplio Uruguayo.
Por otra parte, conserva el secreto que le permitirá convertirse en una potencia en materia energética, clave frente a las imprevisiones que puede generar una alta dependencia del petróleo.
En cuanto al frente interno, superó indemne las diversas crisis que sacudieron a “su” Partido de los Trabajadores. Así logró mantener su nivel de aceptación siempre por encima de 50 por ciento.
En esas condiciones, Lula aparece para Bush y para Kerry como la opción más sólida para liderar la región. Otros mandatarios que podrían pelear por ese lugar, están lejos en la consideración de los dos candidatos.
Kerry acusó al venezolano Hugo Chávez –que está a la cabeza de uno de los mayores productores de petróleo del mundo– de apoyar a la guerrilla colombiana y al régimen cubano. El candidato demócrata señaló además que el mandatario bolivariano “debe cesar de inmediato las persecuciones políticas contra la oposición”.
Descartado Chávez, podría emerger Néstor Kirchner, pero todavía resulta imprevisible a los ojos de inversores y autoridades de organismos internacionales. El chileno Ricardo Lagos, cuya prolija gestión le garantiza un voto de confianza norteamericano, carece del poder estratégico necesario para los intereses de los Estados Unidos.
Del resto de los mandatarios del cono Sur, casi ninguno escapa al estigma del populismo, la corrupción o la mala administración, lo cual los pone definitivamente fuera de carrera.
Por todo eso, demócratas y republicanos ya no tienen dudas: gane Kerry o gane Bush, Lula liderará la región.
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