TARJETA DE DÉBITO PARA DAR AYUDA ALIMENTARIA
Después de analizar detalladamente durante dos años las compras de alimentos que hacían familias de escasos recursos en los partidos de Campana y Zárate, investigadores del Centro de Estudios de Nutrición Infantil (Cesni) llegaron a la conclusión de que, a la hora de poner la mesa, nada supera la sabiduría de las madres: utilizando una tarjeta de débito en la que se cargaban cada mes 30 pesos (aproximadamente lo que cuesta una de las cajas que distribuyen los planes alimentarios) obtuvieron nutrientes mucho más saludables que los que reciben mediante programas sociales y comedores comunitarios.
“Como parte de su programa de responsabilidad social –cuenta Sergio Britos, director ejecutivo de Cesni, una organización sin fines de lucro–, durante el momento de mayor crisis del país la empresa Siderca decidió llevar adelante un plan de asistencia con la condición de que no consistiera en regalar comida. Hizo una alianza con los Supermercados Coto y resolvió asignar a las 1000 familias más necesitadas de la zona una tarjeta de débito para comprar comida.”
El aporte de Siderca fue de 25 pesos mensuales, y Coto agregó un 20% de descuento en la compra. En definitiva, cada familia disponía de treinta pesos mensuales que se cargaban en la tarjeta el primer día de cada mes, una suma equivalente al costo de una caja de comida de las que entregan los planes sociales.
“Nos hicimos tres preguntas -cuenta el doctor Alejandro O´Donnell, director científico de Cesni-. ¿La gente muy humilde sabe manejarse con la tarjeta? ¿Al supermercado le produce algún tipo de molestia? ¿Cómo se compara la calidad de lo que compran con las cajas que reciben?”
Para responderlas, los investigadores hicieron un ranking de los alimentos más comprados y tuvieron algunas sorpresas.
“La gente adquiría productos a los cuales generalmente no accedía, como carne y hortalizas. Una de las cosas que más nos llamó la atención fue el alto consumo de yogur”, afirma O´Donnell.
Entre 2002 y 2003, el estudio se realizó en dos etapas. “Durante un año sólo miramos los tickets y los analizamos desde el punto de vista nutricional -detalla Britos-. Después, con una beca muy pequeña del Ministerio de Salud, fuimos a ver qué nos decía la gente. Un grupo de nutricionistas encuestó durante todo un año a casi 300 familias. Pudimos determinar qué comían, qué compraban, qué recibían de otros programas y qué adquirían con la tarjeta. Notamos que las familias decidían muy sabiamente su compra, de forma tal que aquellos nutrientes que más faltaban en su dieta global, como calcio, hierro, vitaminas A y C, o zinc, eran los más comprados con el dinero que recibían a través de la tarjeta. Por cada peso invertido, obtenían más nutrientes si se lo comparaba con lo que recibían en una caja de alimentos o en un comedor comunitario.”
“Es que en general -agrega O´Donnell-, los programas terminan dándoles a las familias más cantidad de la pobre dieta que consumen, mientras que si se les da ese mismo dinero a las madres y la oportunidad de decidir, compran mejor. Y hay que tener en cuenta que no intervinimos con ningún tipo de campaña educativa sobre las madres. Esto es lo que ellas hacen con sus propios conocimientos.”
Para los investigadores, tanta racionalidad en la eficiencia del gasto permite suponer que la tarjeta podría reemplazar perfectamente a las cajas de comida. Tan sólo el Estado nacional gasta anualmente entre 600 y 700 millones de pesos en planes alimentarios, el 80% de los cuales se convierte en cajas o en alimentos para comedores comunitarios.
“Ya ha habido un cambio conceptual en el sentido de que las cajas han cumplido una etapa y hoy día transferir ingresos a la gente a través de un ticket, un bono o la tarjeta es una manera mucho más eficiente de hacer asistencia alimentaria”, afirma Britos.
Según los especialistas, los problemas nutricionales más prevalentes en nuestros niños -aun en contextos de pobreza- son el sobrepeso, que padece el 15% de los chicos argentinos, la obesidad (5%) y el retraso de crecimiento (12%). Desde el punto de vista de su trascendencia en la salud pública, son más frecuentes los casos de chicos que ingieren calorías en exceso que en déficit.
“Las evidencias reunidas por Cesni muestran que hay mayor proporción de niños con dietas de baja densidad de nutrientes (baja calidad) -dicen los investigadores-. Comen mucho y compensan en cantidad la pobre calidad de su dieta. El resultado es que un 78% de los menores de 3 años y el 66% de los de 4 a 8 terminan ingiriendo más calorías que las que requieren. Los comedores y los programas que distribuyen alimentos secos en su gran mayoría ofrecen dietas pobres en nutrientes.”
Entre otras acciones, Cesni está lanzando próximamente en la provincia de Neuquén la campaña “Cómo Como”, programa masivo de educación en nutrición que intenta transmitir mensajes prioritarios acerca de cómo comprar mejor, cómo formar hábitos alimentarios saludables desde la niñez temprana y cómo recuperar el valor de la comensalidad. Quien desee apoyar la tarea de esta organización sin fines de lucro puede comunicarse con el (011) 4334-1545.
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