TARTAGAL CONTINÚA AISLADA, AUNQUE EMPEZARON A LEVANTAR OTRO PUENTE
El primer pilote que soportará la cabecera norte del futuro puente comenzó a ser plantado ayer en el Río Seco. El inicio de las obras pasó casi inadvertido para la población de Tartagal, que se mantiene escéptica tras tantos años de postergación y 28 días de aislamiento después de la caída de la estructura metálica que los dejó rehenes en las calles de su pueblo.
“A veces pienso que hubiese sido mejor pertenecer a Bolivia. Quizás ellos nos hubiesen dado mayor importancia. Aquí estamos olvidados”, se queja Norma de Loto, en su casa a 340 kilómetros de la capital salteña.
Mientras autoridades gubernamentales y legisladores brindaban una conferencia de prensa con clima de optimismo por el inicio de la instalación del puente bailey —que es una estructura de metal militar y desmontable—, el pueblo permanecía indiferente, con la preocupación que arrastra desde el 31 de diciembre, cuando la infraestructura que pasaba sobre el río Seco cedió ante la fuerza implacable de la correntada.
El paso vehicular se normalizará cuando las lluvias dan un poco de tregua, informaron de manera escueta. Ayer amaneció soleado, pero se nubló hacia la tarde y eso trajo pocas esperanzas, que empeoraron cuando se conoció que para la madrugada pronosticaban lluvias. Operarios y maquinarias de Vialidad Nacional y provincial trabajan las 24 horas, en tres turnos, mientras el tiempo lo permite.
El 8 de febrero aparece como plazo para montar el puente bailey. Si es que hoy concluye la instalación del soporte norte del puente, de inmediato se colocará el otro, y luego el terraplén. La estructura de metal tendrá 40 metros de largo, y permitirá el paso de un vehículo por vez.
Un viejo pero fuerte puente ferroviario es utilizado por los peatones para cruzar de un extremo a otro. El resto, camiones y autos, no pueden ni entrar o salir de Tartagal. La única vía está acondicionada con maderas colocadas sobre los durmientes. Una alternativa que no deja de tener riesgos: a veces se encuentran a mitad de camino se encuentran grupos de personas que circulan en sentido contrario. Lo angosto de la trocha representa un peligro ya que carecen de barandas.
“Yo tenía miedo de viajar porque en la televisión muestran la fuerte correntada del río”, le dijo a Clarín Elsa Herrera, mientras caminaba con dificultad sobre las maderas del puente ferroviario. “Si esto falla, lo único que falta es que nos hagan pasar colgados de una piola, como Rambo”, agrega la señora que viajó desde la capital salteña para visitar a su familia que vive en la localidad de Aguaray, 40 kilómetros al norte de Tartagal.
Los más de 100 mil habitantes del Norte salteño son rehenes de las lluvias, pero también son víctimas de una guerra no declarada entre el gobierno nacional y provincial. La difícil situación es una bola de fuego que pasan de mano en mano a la hora de asumir responsabilidades.
La pregunta es: ¿hacía falta esperar tanto tiempo para cristalizar una solución que tuvo que aparecer antes? “Los remedios nunca escasearon en forma total, pero tuvimos una importante merma sobre todo en aquellos medicamentos que no podían romper la cadena de frío”, explica Raúl, un farmacéutico de la zona céntrica hablando del desabastecimiento que, en casos puntuales, castigó a los pobladores.
La canasta familiar fue donde más repercutió el problema. La semana pasada el asado casi cotizó en bolsa: 24 pesos el kilo en algunas carnicerías que aprovecharon la situación. “La carne pasa por varios medios de transporte antes de ponerla en el mostrador y esto encarece el producto”, se defienden los comerciantes del rubro, quienes aseguran que la situación se va normalizando lentamente.
Ayer el suministro eléctrico sufrió cortes por sectores, al igual que el agua potable. Los hospitales aumentaron la atención de problemas diarreicos en los niños productos del consumo de agua en mal estado, situación que dicen desde el gobierno tener controlada. Febrero será un mes de esperanza para los pobladores de esta castigada y olvidada zona. Para esa época el calendario estival dice que las lluvias amainan su bravura. Y la gente espera, además, que después de la tormenta aparezca el arco iris. Ya es tiempo que en el Norte salteño el gris del cielo se mude de colores.
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