TECLA, SINÓNIMO DE GOL
Joder…”, resopla la voz lejana del otro lado del teléfono. El periodista español de Murcia que apunta los detalles de la ficha personal de Ernesto Farías se asombra. Es que esos números, esos 89 goles en 193 partidos —un promedio de casi medio gol por partido— son capaces de movilizar comentarios en todas partes. No es nuevo el interés del Real Murcia por incorporar al ahora máximo goleador del Apertura. Y tampoco lo es el de Borussia Dortmund de Alemania. Nada, empero, parece sacudirle la simpleza, su don de pibe humilde que desconoce las estridencias porque, siempre, habla bajito el Tecla, ahora cuando habla con Clarín.
—Es la segunda vez en tu carrera que anotás cuatro goles en un partido. ¿Sentís algo especial?
—Una alegría enorme, un sabor especial que quiero compartir con mis compañeros porque sin ellos nada de lo bueno que me está pasando sería posible.
—Fue muy bueno el primero, a los 24 segundos. ¿Cómo pudiste tener una reacción tan precisa, con el cuerpo en frío y desde un ángulo tan cerrado?
—Es una cuestión de concentración por el ensayo previo de esa jugada. Además, uno vive de eso…
—Con 12 goles le quitaste al Beto Acosta la posibilidad de cerrar su carrera incluso como goleador del torneo.
—Para mi cuenta personal llevo 13 y que después las estadísticas digan lo que quieran. Soñaba con terminar el año así. Reconozco que el Beto es un goleador muy bueno, del que todos tenemos cosas que aprender porque no cualquiera juega en buen nivel hasta los 37 años y llega a los 300 goles, una suma impresionante.
—¿Habrá sido ésta tu última temporada en la Argentina?.
—No lo sé, es una cuestión que maneja mi representante. Por otra parte, creo que es el momento justo para que se me pueda dar una transferencia al exterior.
Nunca se enoja, todo le cae bien, siempre dispuesto, el matador silencioso de Trenque Lauquen (el mismo pago chico de Manuel Nolo Ferreira, otro mítico exponente del club) ayer tuvo un día entre alegre y complicado: en medio de su paseo con su mujer Araceli y sus hijos Juan Bautista y Delfina se le cruzó un piquete, que le puso un freno a su buen humor.
“¿Y por qué eso de Tecla?”, insiste desde Murcia la voz lejana del otro lado del tubo.
“Es que cuando llegó de chico al club le faltaba un diente”.
“Joder…”, repite.
Y fin de la charla.
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