TENSA EXPECTATIVA SOBRE EL REAL CUMPLIMIENTO DEL ALTO EL FUEGO
El inicio del cese al fuego ordenado por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas encontró a israelíes y libaneses expectantes de su cumplimiento, tras una jornada sangrienta que debería haber marcado el final de esta guerra que se extendió más de un mes y estuvo lejos en sus relatos de los objetivos que se planteó el flamante gobierno del partido Kadima llegado al poder en el primer trimestre del año.
El campo de muerte y combate en que se ha convertido el sur de Líbano se transformó ayer en el peor capítulo del final de esta guerra con al menos 28 soldados israelíes caídos en las últimas 24 horas, más del doble entre la milicia de Hezbollah y choques sangrientos que dejaron un centenar de heridos, mientras el gobierno aprobaba por unanimidad el cese al fuego que entró en vigor hoy a las 8 hora local (5 GMT).
Aviones israelíes sobrevolaron Beirut y el sur de Líbano esta madrugada y lanzaron octavillas amenazando a Hezbolá con nuevos ataques “si las operaciones terroristas continúan”, dos horas antes de la entrada en vigor del cese de hostilidades.
Entre los muertos israelíes, hay un hijo del escritor pacifista David Grossman, quien militó contra la guerra pero no se atrevió a sacar del frente al chico de 20 años, personaje de muchos de sus famosos cuentos infantiles.
Todo parecía ayer oscuro en Israel. El gabinete de seguridad se reunió tarde, como para brindar más espacio a la fuerza de tareas lanzada hace 48 horas sobre Líbano para intentar alcanzar el río Litani y exhibir un triunfo militar a una población ya descreída del desarrollo de esta guerra.
Según encuestas publicadas por los diarios, sólo uno de cada cinco israelíes cree que su país ha ido ganando en esta campaña.
Israel fue la última de las partes en pugna en aceptar oficialmente el cese de las hostilidades ordenado por el Consejo de Seguridad de la ONU, el viernes.
El sábado, Líbano concedió su acuerdo formal. Y también lo hizo la dirección de la guerrilla ultraislámica de Hezbollah. Ayer, los ministros que rodean al premier Ehud Olmert votaron 24 a 0, con una abstención, su respeto lineal a la resolución de la ONU que obliga a un progresivo retiro de su Ejército del sur del Líbano.
Entretanto avanzaba la discusión política, la guerra tomó una intensidad mayor con una multitud de frentes de combates desde la frontera hasta el vecindario del río Litani, el límite donde Israel pretende quedarse hasta que sus fuerzas sean reemplazadas por 30.000 soldados del Ejército regular del Líbano y de la ONU.
La ferocidad de los combates fue tal que en las últimas 24 horas, en la ofensiva que cubrió la noche del sábado y la madrugada del domingo, hubo 24 muertos. Ayer se sumaron otros cuatro militares caídos, lo que da una cifra total de 28 bajas. Por primera vez hubo una mujer combatiente entre las víctimas fatales. Era una de las cinco tripulantes de un helicóptero de transporte que fue derribado por un misil de la guerrilla. Según informes militares aquí cerca de 40 milicianos murieron, lo que dejaría unas 400 bajas en lo que va del mes en el otro bando contra poco más de un centenar israelíes.
Una de las batallas más duras se libró entre la tropa dirigida a rescatar los cadáveres de sus compañeros que se encontró con una fuerte resistencia de Hezbollah. Las unidades más preparadas de la guerrilla se instalaron en el centro del país, decididas a frenar el avance israelí, pese a que el Ejército lanzó casi 40.000 hombres para enfrentarla.
La lógica de esta operación de guerra se fundamenta, según la dirección militar, en lograr un espacio mayor de dominio antes del despliegue de la fuerza de interposición. Pero ayer la prensa especulaba aquí que se trató de una misión dirigida a entregar al gobierno algún resultado verificable que permita sostener su posición ante la opinión pública.
El premier Olmert necesita fortalecer su situación, así como el ministro de la Defensa, Amir Peretz, en especial cuando se forme una comisión investigadora que revisará hasta qué punto fue manejado con mano firme este conflicto. El columnista del diario Haaretz, Uzi Benziman, intentó sintetizar el momento que vive Israel sosteniendo que “hay quienes creen que la razón de esta ofensiva es dar la impresión de que Israel ganó la guerra”.
“Hasta hoy —escribió inclemente— la guerra ha sido manejada por Ehud Olmert y Amir Peretz con un enredado amateurismo”. Aunque, con todo, rescata las razones prácticas de ese intento, tantos las militares, como aquel esfuerzo político.
La crisis en el frente se agravó no sólo por la ofensiva, sino por la respuesta. Pese a la fenomenal incursión masiva del Ejército, Hezbollah bombardeó como nunca antes el norte israelí con casi tres centenares de misiles.
La andanada sin precedentes, incluyó cohetes de corto alcance, lanzados desde la frontera y de mediano alcance desde posiciones arriba del Río Litani.
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