TERCER ROBO DE COMPUTADORAS AL MOVIMIENTO LOS SIN TECHO
Lo incomprensible se hizo costumbre en una ciudad donde sustraerle elementos muy valiosos a quienes más les cuesta reponerlos ya no es una noticia aislada. Una vez más, la desidia conmueve y llena de impotencia a las víctimas de un delito cada vez más común, pero no por eso menos impresionante.
Matheu y San Juan es un sitio diariamente visitado por más de 190 chicos que vieron, frente al lugar donde todos los días comen y meriendan, mesas vacías donde antes se encontraban 10 computadoras y un televisor. ¿Qué pasó? fue la pregunta instantánea ante la notable ausencia. Su maestra, Alejandra Baldini, improvisó una explicación, “me senté y les conté y sus caras como diciendo `no puede ser’, estuvieron en contacto con las computadoras por única vez y ahora le tiraron a bajo todo”.
Trató de explicarles una realidad que todavía ella no entiende. Es el tercer robo a Los Sin Techo en el barrio, los dos primeros fueron a la copa de leche. Además, el 15 de julio robaron en el centro de capacitación de Alto Verde 14 computadoras y el 13 de octubre, en el mismo lugar, se llevaron las que la organización había repuesto. Finalmente, el 23 a la mañana vieron cómo habían desaparecido los elementos de Pompeya.
Mucho más que PC
“Esto significa una pérdida invalorable. Eran todos elementos que se utilizaban en un proyecto de educar a los sectores marginales. Lo que implica el robo de las computadoras y el televisor en cuanto al valor económico es inmenso, pero en cuanto a la pérdida para potencializar la educación de estas personas no tiene precio”. Ana Solís está desconcertada, “acá se capacita a los niños del jardín maternal, a los niños de la copa de leche para apuntalarlos en el programa educativo, a jóvenes y a la comunidad en general a través de la pantalla del televisor gracias a un trabajo conjunto de Los Sin Techo y Si televisión, en el cual se dictan talleres y cursos”.
La misma sensación transmite Carolin, la maestra de computación. “Hay madres que se capacitan y les dan ellas las propias clases a los chicos. El proyecto es muy lindo, muy interesante. Los chicos, además de computación, aprenden otras hábitos que son armas que les sirven para la vida: tener el pelo recogido, lavarse las manos, ser puntual, no faltar. Todos estaban muy entusiasmados con el trabajo”.
La pregunta que se impone, en todas y todos los que observaron ese vació es ¿qué queda? “Mirá, nosotros tenemos un desafío y lo mantendremos. Es que es mucho lo que vos podes lograr educando al ciudadano. Si queremos tener mejores ciudadanos y personas, tenemos que basarnos en la educación y esa es la batalla que nosotros estamos tratando de lograr. De ahora en más seguiremos trabajando sin las computadoras hasta que podamos conseguir ayuda para reponerlas”, concluyó Ana Solís.
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