TERENZIO RECIBIÓ A PRODUCTORES ROSARINOS
Una docena de productores santafesinos que explotan cerca de 30 mil hectáreas en la zona de islas ubicada al norte del puente Rosario-Victoria se reunió ayer con el secretario de Medio Ambiente provincial, Marcelo Terenzio, con el objetivo de avanzar en políticas para terminar con la quema de pastizales. No obstante, remarcaron que “la mayoría de los incendios no la generan los productores” y aseguraron que la isla “es el Lejano Oeste”: un sector donde pescadores, cazadores y curiosos “hacen lo que quiere” y causan, entre otras cosas, las quemas que tienen a maltraer a los rosarinos.
Así y todo, se mostraron a favor de no incendiar las pasturas e instaron a sus colegas a utilizar “prácticas racionales del pasto”, algo así como una especie de manejo rotativo de este recurso para que el ganado vaya comiendo en distintos sectores de los campos.
Según datos que aportó Terenzio, en el área que se extiende frente a Rosario y su zona de influencia hay actualmente 130 mil animales. Munido de un amplio mapa del sector sujetado con un cartel que rezaba “ambiente libre de humo”, -la elección del improvisado sujetapapeles nunca podría haber estado mejor, es más, hasta parecía llevar consigo la súplica de los rosarinos- el funcionario explicó que lo que se busca con este tipo de encuentros es “modificar conductas” y adelantó que en breve participarán de las reuniones autoridades de Agricultura de Entre Ríos y el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (Inta).
Uno a uno, los productores fueron narrando sus experiencias y bregaron por no quemar los pastizales, algo que para ellos es producido por gente ajena al manejo de los campos. “El gran problema que tenemos es que nosotros somos dueños de terrenos públicos. Porque la isla es una zona donde constantemente circulan pescadores, cazadores de carpinchos y curiosos que entran a los campos e inducen las quemas”, aseguró Enrique Goset, un productor que administra unas 2.400 hectáreas ubicadas frente a San Lorenzo.
Según remarcó, en su propiedad tenía un sector de pastura diferida (“un lote de pasto que uno lo deja crecer durante la época estival para utilizarlo durante un momento adecuado”, explicó), que hoy “está convertido en cenizas. Y puedo garantizar que la quema no fue culpa mía ni de los puesteros”, remarcó.
A renglón seguido, aseguró que “la isla es el Lejano Oeste”, un gran territorio donde “todo puede pasar” y los controles son escasos. “Tenemos muy buena relación con la policía, pero en la comisaría hay sólo cuatro personas con una embarcación para recorrer toda el área. Así que se les hace imposible realizar un control muy profundo”, indicó.
Esto le sirvió para apoyar a sus pares en la idea de que “en general, no son los productores quienes queman los pastos”.
PRÁCTICAS REGIONALES
Luis Fonseca, un médico veterinario que ayer participó de la reunión, remarcó que el gobierno de Entre Ríos “debe enfatizar las prácticas racionales del pasto. Hay que hacer un manejo rotativo de este recurso, dejándolo descasar en un determinado sector y llevando el ganado a pastar en otro. Así, el pasto se va comiendo por sectores y se hace un aprovechamiento mucho mayor”.
A su entender, “lo que hoy se está quemando es el sobrante de pasto. Cuando viene la primavera hay un crecimiento muy importante de este recurso, que no se alcanza a comer con la cantidad de hacienda que hoy hay en las islas”.
Algo similar subrayó Hugo Sabino, otro veterinario y especialista en el manejo de pastos para quien el gran problema de las quemas “se origina en los sectores de islas que están abandonados. Allí hay una gran cantidad de pasto que el cazador furtivo suele encender. El productor quema, pero no en grandes sectores. Es decir, hay lugares donde los pajonales llegan a los tres metros y el isleño tiene que sacar la hacienda para vacunarla, por lo que se le hace imposible no quemar un pequeño sector para poder abrir un camino”, explicó.
Según remarcó “una isla abandonada puede generar 50 a 80 toneladas de pasto por hectárea. Y después de un invierno crudo, se convierte en pasto seco que cualquier chispa puede prender”.
Ambos profesionales coincidieron en remarcar que si la zona se convierte en un parque nacional, el problema de las quemas “se va a agravar, porque no habrá ganado en mucho sectores, los pastos crecerán libres y después de los inviernos, los incendios llegarán indefectiblemente”.
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