TESTIGO CLAVE EN LA CAUSA POR LAS MUERTES DEL 19 Y 20 DE DICIEMBRE DEL 2001
Mientras decenas de pistolas calibre nueve milímetros llegaban ayer al juzgado de instrucción de Osvaldo Barbero, que ordenó el secuestro de 59 armas en la causa del crimen de Graciela Acosta, su vecina y compañera Mónica Cabrera ratificaba que el 19 de diciembre de 2001 la vio caer entre la muchedumbre luego de que dos policías avanzaran disparando a una distancia no mayor de 40 metros. La escena tuvo lugar a dos cuadras del supermercado La Gallega de Villa Gobernador Gálvez, donde ambas habían ido a buscar a sus hijos por temor a que algo malo les sucediera. La mujer es testigo clave del homicidio porque además recogió y conservó durante más de tres meses la bala que mató a Acosta y que ahora servirá para peritar el armamento incautado a personal de la seccional 29ª y del Comando Radioeléctrico de la localidad de Villa Gobernador Gálvez.
Es la segunda vez que esta militante social de 39 años, madre de cuatro hijos, comparece en Tribunales. Lo había hecho el 25 de marzo de 2002, cuando entregó personalmente al juez Barbero el proyectil que sin proponérselo le quedó en la mano al auxiliar a su compañera en la comisión de derechos humanos de la vecina ciudad.
Después de entrar por el pecho, el plomo atravesó el cuerpo de Acosta y salió por su espalda. “Andate porque te van a matar”, pidió entonces la herida, que no perdió la conciencia mientras agonizaba en un pasillo al que la habían arrastrado entre el gentío. Horas después murió en el Hospital de Emergencias Clemente Álvarez (Heca), a los 35 años. Era militante del Partido Comunista de Villa Gobernador Gálvez, madre de siete hijos y jefa de familia.
Ayer, al salir del juzgado después de dos horas, Cabrera contó que le pidieron detalles puntuales de aquella tarde fatídica. “Creo que hay intención de llegar a la verdad”, concluyó entre lágrimas. La acompañaban dirigentes de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH), entre ellos la abogada Silvina Obrán, quien anticipó la presentación de un hábeas corpus preventivo. Es para garantizar la integridad física y la seguridad de la testigo, que ya ha tenido problemas.
“Fui muy presionada: me detuvieron varias veces y entraron a mi casa, mi hijo mayor fue perseguido y debimos mudarnos durante un mes y medio, hasta que declaré”, relató Cabrera, que todavía se formula una pregunta inquietante. “¿La bala era para mí? A veces creo que sí, porque yo hace mucho que militaba y ella no tanto”, susurró.
Pericias en quince días
El próximo paso es la pericia balística a cargo de Gendarmería Nacional, que no demorará más de 15 días. Aunque todavía se ignora cuándo comenzará, explicaron en el juzgado. Es que la Corte Suprema debe autorizar el presupuesto que eleve Gendarmería y como se trata de una importante cantidad de pistolas la idea que deslizaron desde el máximo tribunal es la de “peritajes por tandas”, agregó la fuente.
Según esta versión, Barbero preferiría mayor celeridad porque ya pasaron casi dos años del hecho y la prueba resulta clave de cara a definir imputaciones en un sumario sin indagados.
Según los expertos, el tiempo transcurrido no conspira contra la pericia porque ésta se practica comparando una bala testigo con el cañón de cada pistola, que es “como una huella digital”. Ayer personal de Asuntos Internos de la Policía llevó al juzgado por lo menos 40 de las 59 armas reglamentarias que el magistrado ordenó secuestrar, basándose en testimonios, actas de procedimiento y libros de guardia incautados oportunamente. “Algunas pistolas permanecen en la Armería Central, pero lo importante es que todas están materialmente ubicadas y tarde o temprano llegarán”, amplió la fuente. Unas 27 pertenecen a la seccional 29ª, en tanto la minoría corresponde al Comando Radioeléctrico, siguió el vocero.
En su relato, Mónica Cabrera afirma que de los tres policías que vio avanzar a pie, uno era del Comando Radioeléctrico y dos de la comisaría, entonces y ahora a cargo de Julio Abraham. Pudo reconocerlos por su uniforme (el primero vestía una camisa celeste y los otros remeras negras). Siempre según su testimonio, los de los extremos dispararon y no el agente ubicado en el medio, que portaba “un garrote”.
En Tribunales tienen expectativa en la pericia balística: la llaman “la prueba fundamental”. Por otro lado, es un secreto a voces que el arma mortal puede no haber estado registrada.
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