Testigos del amor que desgarra y repara
Ellos se miran y contagian. Te devuelven la inocencia perdida entre las obligaciones y la rutina. Ellos pactan con la mirada, y aunque son hábiles para decir, el idioma español no les hace falta. Les basta con la mirada.
Asistir, hoy, a un pacto de amor es sanador. ¿De qué otra cosa estamos hechos, sino? El racionalismo y las modas le dieron mala prensa al amor confeso, como si se tratara de una cuestión accesoria. Cómo si los compromisos “superiores” lo aceptaran a regañadientes como un complemento humano y no en la razón de ser.
El amor brutal, el amor a gritos, el amor con sonido de balada fue condenado al rincón de lo cursi. Los hombres y las mujeres cool no debieran permitirse gritar “te amo” con tanta impudicia. Y ellos lo hacen.
La historia de Viki Donda es muy conocida. Y aunque extraída de una tragedia griega, ella se encargó con valentía de torcerla. Sí -parece decir ella cuando mira- me cagaron la vida pero no voy a permitir que no me dejen ser feliz, el mucho resto que me queda, ¿ok? Nada de sobreactuaciones, nada de victimizaciones, nada. Una mujer comprometida con su pasado, claro, pero mucho más con su futuro. Y su presente y su futuro están marcados por Pablo.
Pablo Marchetti es un talentoso todoterreno. Y no se jacta de nada. Es poeta, sí, tremendo poeta. Y es humorista, genial ironista y es cantante sí, y es periodista, de esos que escriben columnas incómodas que merecen ser recortadas con tijeras de los diarios y guardardas en la caja de recortes que todos teníamos antes de Internet. Pero por sobre todas las cosas, es el hombre que ama a Viki. Así la mira, así le habla, así la abraza.
Ellos se aman y no se ruborizan cuando lo declaman. Eligen pactar sin firmas ni bendiciones institucionales. Les alcanza con la noche del Colastiné de Saer. Con la luna rinconera. Con los aromas cercanos de la Setúbal. Les alcanza con la mirada cómplice de Lydia, que ayudó a parirla a Viki en la ESMA, pero que no deja de decirles que hay que espantar aquellas cosas que nos dañaron, para despejar el futuro.
Viki y Pablo, pasan de lo que los demás dicen. Celebran y subliman que la vida los haya cruzado y luego enredado. Y se hacen un nudo, que los hace parecer uno solo.
Los que, con fortuna, fuimos convocados a compartir la noche del pacto con ellos, nos fuimos a dormir con mucha alegría. Borrachos de una hermosa convicción spinetteana : “sólo el amor puede sostenernos”, y Viki con Pablo de la mano, vinieron a ratificarlo.
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