TEVEZ LES HIZO VER LAS ESTRELLAS
Todas las luces apuntaban a Ronaldinho. El brasileño era la gran atracción para la gente de Barcelona en esta 38ª edición del trofeo Joan Gamper. La joya de la corona de esta nueva etapa que inician con Frank Rijkaard como técnico. Sin embargo, los fuegos artificiales salieron de los botines de Tevez. Carlitos les robó la fiesta, al margen de que los penales hayan impedido el festejo final. Con el desparpajo del potrero, y haciéndose gigante ante gigantes como Cocu o Reiziger, Tevez iluminó a Boca. Lo hizo cuando más oscuro estaba el panorama. Sobre el final del primer tiempo, una etapa en la que el Barsa había acentuado su dominio y Boca no lograba inquietar el arco contrario. Entonces recibió sobre la izquierda. Su figura menuda contrastaba con el físico espigado del holandés Reiziger. Controló la pelota en la horizontal del área grande y fue encarando hacia el medio en busca del mejor ángulo de tiro. El defensor seguía su carrera pero antes de que pudiera cerrar, Tevez sacó un derechazo seco y con la comba justa para meterla casi junto al ángulo del segundo palo de Víctor Valdés. La pelota pegó en el borde inferior del travesaño y picó junto a la línea… pero de adentro, una fracción de segundo apenas, pero gol. Era el 1-0, era su carta de presentación europea en una noche que, se suponía, estaba destinada a Ronaldinho. Y era, también, la demostración palpable de que las horas de Tevez están contadas en Argentina y que pronto estará en el fútbol europeo.
Pero la cosa había empezado chunga para Boca, como se dice acá cuando la mano viene fulera. Y es que los de Bianchi salieron agrupados en dos líneas de cuatro, con Tevez y el Melli de punta. Quedaba un territorio virgen en la franja del círculo central que supieron monopolizar muy bien tanto Xavi y Gerard para adueñarse de la pelota y conectar con sus delanteros. El Barsa movía la pelota con más seguridad que velocidad (todavía se siente la pretemporada, claro) y a Boca le pasaba lo peor: corría atrás de ella sin encontrarla. Así, Saviola, Luis Enrique o Ronaldinho iban sumando peligro frente al Pato Abbondanzieri.
Advirtió Bianchi ese desajuste en el medio, adelantó a Iarley como enganche, y ya promediando la primera parte Boca pudo establecer un circuito más fluido para conectar con Tevez y Barros Schelotto. Hasta ahí era demasiado el esfuerzo de la defensa, obligando una y otra vez a una máxima exigencia a la dupla Schiavi-Burdisso. Y sobre todo, con un gran desempeño de Clemente Rodríguez, muy seguro atrás y aportando durante todo la noche una salida rápida por el carril izquierdo. Pero en el juego de sensaciones que siempre destila un partido, el gol estaba más cerca del Barcelona. Hasta que apareció Tevez, se dijo, y aguó la fiesta.
Como es habitual en este tipo de amistosos, en la segunda parte se movieron los bancos. Boca salió igual, pero Rijkaard aprovechó para ver a Rustu en el arco, puso a Kluivert por Saviola (entró poco en juego) y a Andersson por Márquez. Crecieron en el medio Battaglia y Cascini, Cagna empezó a distribuir mejor la pelota. Le estaba faltando llegada cuando sobre los 22 minutos Luis Enrique metió un centro desde la derecha, Kluivert cabeceó solito; la pelota pegó en el palo y el rebote le cayó justo a Gerard para empalmarla de lleno y marcar, (placer extra para el volante, que es hincha de River por “culpa” de su hermano, Sergi, seguidor de la Liga argentina). El empate animó el partido. El Barsa quería quedar bien ante su gente y Boca… siempre es Boca, allí donde juegue. Hacia el final, en una gran muestra de despliegue físico, otra vez Tevez pasó a ser el hombre que en cada arranque explosivo hacía temer lo peor a un Camp Nou casi a tope, con 90.000 hinchas culés que tenían bien presente el golazo de la primera parte. No pudo ser y después, en los penales, el acierto de Rustu ante Burdisso dejó la Copa en casa. A esa altura, todo el mundo seguía impresionado por el del 9 en la espalda. Antes que nadie Kluivert, que se apuró en acercarse a Tevez para intercambiar camisetas.
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