TIMOTEO, UNA PASIÓN
A la boina de Timoteo, a la boina de Timoteo…”, grita el viejo Juan, un experimentado vendedor callejero que ayer hizo su agosto en pleno octubre y que conoce como nadie de éxitos de venta porque fue el primero en salir con la famosa nariz de Bilardo cuando el escenario era otro y la fiesta también. Al astuto de Juan, a las 11:30 sólo le quedaban banderas, porque las boinas de Timoteo paseaban en las cabezas de 60 hinchas que no dejaron pasar la oferta y que desde ayer conservarán otro objeto memorable de un día increíble.
En la historia de Gimnasia, el de ayer no será un día cualquiera. Que lo digan quienes se apretaron desde las 9 de la mañana en la geografía de Estancia Chica, que recibió casi 3.000 hinchas que sacudieron el polvo de viejas banderas de épocas dulces, con pitos y matracas, como en aquellas caravanas de años idos cuando Gimnasia, de cuando en cuando, ganaba algún partido.
“Que de la mano, de Timoteo, todos la vuelta vamos a dar”, suena el hit de la barra al ritmo de los que batían parches con la única excusa de ver la figura delgada y calva recorriendo con andar cordobés los metros que lo llevaron desde que salió del túnel hasta que terminó su desfile en el centro de la cancha.
A las 9:42 estallaron las bombas de recibimiento y la multitud envuelta en pecheras azules y blancas con la leyenda de “Bienvenido Timoteo, el maestro cordobés” deliró olvidando que su equipo está en el sótano de la tabla, y que sus jugadores, esos que corrían y hasta eran aplaudidos por los presentes, nomás el sábado por la noche salieron vapuleados después de la penosa derrota 0-2 a manos de Newell”s.
Nadie jamás logró que los 3 kilómetros de pavimento que terminan en Estancia Chica desde el ingreso al predio conformaran una hilera de coches y micros imposible de sobrepasar.
Mañana de mate y reposera, de filmadora y abrazo, de reencuentro y hasta de lágrimas, como antes, cuando la ilusión tenía formato de cuadro de fútbol y todos eran amigos. Las casi 6.000 manos enrojecieron a las 11:10, cuando Timoteo mandó a bañarse a los jugadores y quedó solo en el centro de la escena. Tomó a un chiquito del brazo, le regaló su gorra y caminó con él. Terminó su recorrido, abrazó, besó, firmó autógrafos y se internó en el túnel dando por finalizado su show del segundo retorno. Eran las 11:30.
Después, se cruzó con Clarín y allí se recordó su conocida costumbre de que los jugadores usen el pelo corto.
—Griguol, ¿no cree que el arquero Olave tiene el pelo un poco largo?
—No hay problemas —dijo sonriente—. Le voy a recomendar a mi peluquero y listo el pollo.
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