“TODAS LAS CANCIONES HABLAN DE MÍ”.
Nada irrita más a Mariela Vitale que la llamen Mariela Vitale. Emme, entonces, deja claro con firmeza que ella es ella, Emme, y no Mariela Vitale y mucho menos la hija de. Ella invita a ver el clip del corte de difusión que la muestra muy Christina Aguilera: una imagen agresivamente sexy y superproducida. A los 20, la hija de Lito Vitale y Verónica Condomí dice frases como “no hablo de mi vida privada”, “no puedo negar el origen”, “entiendo a las chicas de Bandana”.
También dice: “Mis papás se separaron cuando yo tenía tres años. A los 5 yo ya estudiaba teatro. Después hice danza contemporánea con Ana Frenkel y clásica con Glenda Casaretto. A los 15 estudié canto con Graciela Cosceri, piano con Juan Del Barrio y guitarra con Javier Malosetti. Siempre tuve claro qué quería”.
¿Qué querías?
Esto.
Emme señala la cajita del compacto de Femme, su disco debut. El arte, a cargo del emblemático fotógrafo Claudio Divella —el único hombre del que Susana Giménez acepta hacerse fotos, por ejemplo— es abundante en logotipos e íconos y gira en torno a la insondable belleza de Emme. “No es imagen. Yo soy así, me visto así. Okey, me gusta la moda, incluso desfilé un par de veces. Okey, soy muy detallista y me interesa que las fotos estén bien, que me reflejen. En definitiva, uno vive dependiendo de la crítica ajena.”
Femme es un disco de ritmos negros (básicamente funk, hip hop y rhythm & blues) que la tiene como cantante, compo sitora y productora. Comienza con Femme, la canción, una suerte de “declaración de principios” que ni Charly García: Femme es sólo lo que soy / Es sólo una versión de mi visión/ Trato de no mentirte/ Y así verás tu realidad/ Es esto lo que hay/ Es ésta mi verdad/ Como a una rosa/ Tocame con cuidado, te podés pinchar.
Tenés apenas 20 pero parece que viviste mucho.
Y sí, viví. Yo creo que en todo el disco se puede ver el proceso de cómo me convertí en mujer. Todas las canciones hablan de mí. Es inevitable: ahí está lo que pienso de la vida, el amor, la muerte.
¿Cómo llegaste a grabar un disco?
Por mi papá. Mi viejo fue a hablar con la gente de EMI por un disco de él. Al final entregó mi demo, pero sin decir que yo era la hija. Después pidieron una fotos mías… Y chau, todo cerró.
¿Qué dice Lito de todo esto?
Está recontento. Y me da mucha libertad. Deja que haga mi propio camino.
Tus padres se conocieron en tiempos de M.I.A. (Músicos Independientes Asociados), grupo pionero en la autogestión que tenía la filosofía de los Vitale… ¿Estás al tanto de la historia? ¿Te interesa la música de tus padres?
Bueno, yo tenía cuatro años y me metía en las clases de canto de mi mamá. Está bueno tener padres jóvenes. Igual, a pesar de que me gustan músicos de la generación de ellos como Spinetta, Páez y Charly, lo mío es el hip hop.
¿Y M.I.A.?
Sí, conozco la historia. Es grosa. Capaz que conseguían un disco importado y hacían una gran reunión para escucharlo, como si fuera una fiesta. Tenían esa cosa de compartir. Con respecto a la independencia… Mirá, pese a que estoy en un sello multinacional, demoré mucho en firmar. Yo tenía listo el disco hace bastante. Pero quería que saliera como a mí me interesaba. Con mis canciones, mis músicos y mi producción. Mis abuelos me aconsejaron mucho en cuanto a la libertad artística. Es más: mi abuela me enseñó cómo firmar un contrato.
Vive en Palermo, en la casa de su padre. Ahí, cerca de la chimenea, a metros donde ahora Emme posa felinamente frente al fotográfo, se ven retratos domésticos de cuando era Mariela y se reía en brazos de Lito Vitale. Hay aroma a café y un chico que entra al living con uniforme escolar. Atardece en el patio, Emme se pasa la mano por el cabello larguísimo y en ese gesto mínimo se advierten, también, los rasgos finos y armónicos de Verónica Condomí.
“Ella también está contenta. Que esté el disco en la calle nos hace felices a todos. Mi familia me apoya, mis amigos también… ”
¿Estás nerviosa?
Para nada. Todo mi vida me preparé para este momento.
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