TODAVÍA NO HAY RESPONSABLES POR LOS 14 PRESOS ASESINADOS EN CORONDA
A un año de la peor matanza de la historia penitenciaria de la provincia, la calma parece haber vuelto Coronda. El acto de inauguración de la radio que trasmite desde la cárcel, realizado el último viernes, aparece como una prueba palpable del estado en que se encuentra el penal.
Pero por detrás de la aparente vuelta a la normalidad, las secuelas de la masacre recorren los pasillos y los pabellones. La posibilidad de una revancha -sobre la que tanto se especuló en el último año– no se le escapa a nadie. Ni afuera ni adentro de los paredones.
LOS HECHOS
Una día antes de la matanza, en un episodio que nunca fue aclarado del todo, un preso santafesino llamado Eduardo “Pajarito” Verón fue acuchillado en el patio de la cárcel. Falleció pocas horas después en el Hospital Cullen de nuestra ciudad.
La muerte no pasó desapercibida para nadie: Verón era uno de los internos que lideraba el grupo de los santafesinos y tenía ciertos privilegios dentro de la cárcel.
La venganza no tardó el llegar: el 11 de abril del año pasado, un grupo de presos del pabellón 7 asesinó con saña a 13 internos del pabellón 11 y dejó heridos a otros cinco, de los cuales uno murió cinco días después.
La ferocidad de las muertes –dos de las víctimas fueron atadas a sus colchones y luego quemadas vivas– y la cantidad de asesinados hicieron pensar desde un principio que no se trataba de una pelea de las que se dan habitualmente en cualquier penal donde conviven hacinadas casi 1.600 personas.
Las primeras hipótesis hablaron de un motín; la versión fue descartada de plano porque, salvo por un par de guardias que fueron tomados por unas horas como rehenes –y a modo de distracción–, los presos no actuaron contra el personal de la cárcel ni reclamaron mejoras en las condiciones de detención.
Luego se planteó que podría tratarse de una pelea entre rosarinos y santafesinos cuyo origen estaría en la tradicional –y un poco ingenua– rivalidad que caracteriza la relación entre los habitantes de las dos principales ciudades de la provincia.
A esas dos tesis se les puede agregar una tercera, que complementa y explica mejor la segunda: según distintas versiones –de adentro y de afuera–, los muertos, todos ellos alojados en el pabellón 7, habrían conformado un grupo de poder que hacía sentir sus privilegios a los recién llegados; la matanza, según esta teoría, no se explicaría por la rivalidad entre rosarinos y santafesinos sino por la sed de revancha del grupo de presos otrora liderado por Verón.
Los asesinados en la cárcel fueron identificados como Amelio Abel Mercado (de 26 años), Cristian Adrián Heredia (27), Diego Hernán Aguirre (23), Juan Manuel Ortigoza (27), Carlos Ariel Barreto (26), Walter Enrique Gómez (33), Ramón Andrés Valenzuela (30), José Itatí García (29), Sergio Pablo Frías (32), Fabián Ezequiel Benítez (22), Juan Ramón Díaz (30), y los hermanos Ramón Alberto y Sergio Damián Duarte (27 y 24, respectivamente), quienes murieron calcinados.
En la mañana del 16 de abril, en el hospital Cullen de la capital provincial, murió la víctima número 14: Jorge Raúl Yanuzzi, de 27 años, quien tenía quemaduras en el 80 por ciento de su cuerpo.
LAS DECISIONES DEL GOBIERNO
Los 14 muertos de Coronda pusieron a la provincia –gobierno, Servicio Penitenciario, sistema judicial y a los propios presos– en las primeras planas de todos los diarios del país. Las consecuencias de la matanza se dieron en distintos planos: el director de la cárcel, Oscar Daniel Mansilla, renunció cuatro días después de los hechos y su lugar fue ocupado por el subdirector Carlos Monti.
Pero el gobernador Jorge Obeid no se conformó con la salida de Mansilla y decidió intervenir la cárcel. Al frente de la intervención puso a Jorge Bortolozzi (abogado y civil), cuyo primer objetivo fue restablecer la paz en el penal. Hasta hace dos semanas, Bortolozzi dirigió la cárcel casi sin sobresaltos; luego fue designado por Obeid como director del Servicio Penitenciario y su lugar es ocupado ahora por Claudio Bertero.
En un principio, el clima en Coronda no era auspicioso para Bortolozzi. A la tensión propia del caso que se respiraba en las celdas y en los pasillos de la cárcel se le sumaban los nervios del personal, que incluso amenazó con autoacuartelarse cuando todas las miradas apuntaban hacia ellos.
El recelo de los guardiacárceles tenía una explicación: las primeras versiones indicaban que algunos de ellos habrían facilitado la tarea de los asesinos al permitirles salir del pabellón; más tarde ganó fuerza la hipótesis de que a los guardias se los podría acusar de negligencia pero no de complicidad. De todos modos, la investigación de los hechos no avanzó aún lo suficiente como para determinar el grado de responsabilidad que les cabe a quienes un año atrás cuidaban los pasillos y los pabellones de la cárcel de Coronda.
Mientras tanto, el entonces director del Servicio Penitenciario provincial, Fernando Rosúa, dispuso un sumario administrativo interno para investigar los hechos y determinar los distintos grados de responsabilidad de cada uno de los actores. El sumario del Servicio Penitenciario, para el cual fueron recabados los testimonios del personal del penal y de los propios presos, está casi concluido, pero hasta el momento las conclusiones de la investigación no fueron difundidas por el organismo.
La Justicia inició sus propias actuaciones y procesó a ocho de los 14 presos imputados como los presuntos autores de la matanza, aunque hasta ahora no hay ningún miembro del Servicio Penitenciario imputado.
Oscar Gutiérrez, Juan Pablo Cantero, Marcelo Eduardo Enrique, José Alberto Ifrán y Diego Ramón Ifrán, Gastón Eduardo Stromayer, Rafael Mario Lemaire y Cristian Daperno, habían sido procesados por los delitos de privación ilegítima de la libertad agravada, homicidio “calificado por alevosía y por el concurso premeditado de dos o más personas” de 14 personas y por la tentativa de homicidio de otras dos por el juez de Instrucción Jorge Patrizi.
EL PENAL DE CORONDA, HOY
Dos meses antes de dejar su cargo, Bortolozzi trazó un balance de su gestión y habló de la “seriedad” con la que intentó dar respuesta a los planteos que recibió desde que asumió su función.
El ex interventor desestimó la posibilidad de una venganza: “Es cierto que tuvimos muchos llamados de los familiares que hablaron de una revancha, pero los propios delegados de los internos están planteando reuniones de las dos alas para llevar tranquilidad”.
El actual director del Servicio Penitenciario nunca negó que en Coronda siga habiendo peleas como consecuencia de los problemas individuales entre internos, pero agregó que no hay ánimo de venganza por los hechos de abril del año pasado.
LA ADVERTENCIA QUE NADIE ESCUCHÓ
Una de las aristas más increíbles de la matanza de Coronda tiene que ver con el aviso que los propios internos de la cárcel dieron un mes y medio antes de las muertes. En una carta fechada el 25 de febrero del año pasado, los presos de la Unidad Penitenciaria 1 vaticinaron: “Se torna previsible un colapso de magnitud”.
En la nota, los internos aseguraban que la falta de reformas y de actualización en la Justicia provincial, desbordada por la cantidad de casos a resolver –lo que derivó y aún deriva en el hacinamiento de presos que ni siquiera tienen condena firme–, sumada a la falta de propuestas en el ámbito carcelario hacía previsible un colapso “que nadie en su sano juicio desea”, según expresaron los presos.
En aquella carta también plantearon: “La reinserción social, por los motivos antes expuestos, se vuelve una quimera”.
DENUNCIAS Y PRESAGIOS
Organizaciones sociales, religiosas y de derechos humanos que trabajan en los presidios respondieron al pedido de auxilio de los presos y visitaron la cárcel de Coronda para interiorizarse del estado en que se encontraban los detenidos.
Dos semanas después de la carta y un mes antes de la matanza, los miembros de la Comisión de Derechos y Garantías de la Cámara de Diputados llegaron a la cárcel para escuchar las denuncias de siempre: hacinamiento y malos tratos. Pero en esa oportunidad también recibieron la advertencia de que “algo feo” podría a pasar.
La comisión le comunicó las denuncias y el presagio que habían escuchado de boca de los delegados de los presos al ministro de Gobierno Roberto Rosúa, pero el tema pasó al olvido hasta que un mes después el vaticinio de que “algo feo” iba a suceder se hizo realidad, y con creces.
“Los presos nos entregaron una nota que se hizo llegar a las autoridades provinciales y nacionales donde se hace conocer la inquietud por lo que se estaba viviendo”, reconoció luego del horror el diputado socialista Raúl Lamberto, presidente de la comisión.
Pero no sólo los presos sabían que en Coronda se estaba cocinando una tragedia; los propios familiares de los internos –tanto de las víctimas como de los asesinos y de los que no participaron de la matanza– presagiaban el horror.
Los familiares dijeron entonces que el clima en los días de visita estaba cada vez más tenso.
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