“TODO ES UNA FÁBULA. YO NO SOY NI DEGENERADA NI ABUSADORA”
Cuando la maestra jardinera Ana Elma Pandolfi salía ayer de Tribunales, oyó la primera reacción social frente a la acusación de abuso de seis nenas. Dos mujeres la reconocieron y le gritaron: “¡Tenés que estar presa, degenerada!”
La maestra, soltera y de 54 años, está procesada y siendo juzgada en libertad por el delito de corrupción doblemente agravada, que tiene una pena de hasta 15 años de prisión. Ayer rompió el silencio en una entrevista exclusiva con Clarín, ya que nunca había hablado con la prensa ni declaró ante el tribunal.
“La causa es un disparate” y la mediatización del juicio generó “un estado de psicosis en el que yo soy tan víctima como las nenas”, aseguró la docente del colegio católico Divino Rostro, que hoy goza de licencia mientras sigue cobrando el sueldo.
Aseguró que, sea cual fuere el fallo judicial, le será difícil reponerse de “esta pesadilla”. Todo empezó cuando los padres de alumnas de entre 4 y 5 años la denunciaron por abusos sexuales y retiraron a sus hijas del colegio.
—¿Por qué dice que la causa está armada?
—Hay alguien que ha aprovechado la oportunidad para ocultar algo. Tengo 28 años de prestigio en la institución y nadie puede pensar que pude haber hecho algo así. Todo esto es una fábula inventada por los padres para desprestigiarme. Se han dicho un montón de mentiras.
—¿Por ejemplo?
—En el jardín sólo hay mujeres y las nenas hablan de hombres vestidos de blanco. Mencionan fantasmas y monstruos. Ninguna persona seria puede creer en esa fábula inducida por los padres. Me duele lo que está pasando, es una injusticia. No soy ni degenerada ni abusadora. Llevo una vida transparente. Ya se van a dar cuenta de toda la verdad.
—¿Alguna vez acompañó a sus alumnas al baño?
—Jamás; a las nenas las acompaña la preceptora. Otra cosa: en el colegio no hay lugares físicos que puedan ser llamados la “cuevita” o el “castillo rojo” (N.de la R. Las nenas dijeron que eran llevadas por la maestra a lugares así, donde eran sometidas a sexo oral con hombres). Juro que soy inocente. Además, no creo de ninguna manera que en el colegio se puedan cometer abusos.
—¿La institución la respalda?
—Me siento respaldada por mis compañeras y por los padres que me conocen por mi trayectoria. Con eso me basta.
—¿Por qué cree que las nenas la acusan?
—(Ríe irónicamente y se toma unos segundos antes de responder) Es que las chicas están inducidas. Acá hay algo que no termina de cerrar. Voy a decirles algo: soy una maestra que pone límites, cosa que los padres no siempre hacen. En mi aula siempre se respetaron los hábitos de orden, higiene y cortesía.
—Usted también dijo que los padres quieren sacar provecho. ¿Le parece que expondrían a sus hijas así?
—No lo sé. Lo único que tengo claro es que las nenas llevan el estigma de ser abusadas sin haber sido abusadas.
Cuando Ana Pandolfi habla se nota el efecto de los sedantes. Lo hace de modo pausado y casi sin gesticular. Sólo se la vio tensa en el momento de encenderse el grabador. Y su abogado, Eduardo Berchot, pidió parar la cinta. “Mejor tomen nota, ella no está acostumbrada”, explicó. A partir de entonces mantuvo la calma.
—¿Tiene miedo de ir presa?
—Miedo tengo, pero confío en el equilibrio del tribunal y sé que voy a quedar libre. Aunque mi vida está destruida.
—¿Se siente condenada?
—No. Pero mi vida era la escuela. Sueño con el jardín, los juegos y los chicos. Extraño mucho y ya sé que no voy a volver, aunque se pruebe mi inocencia. Estoy quebrada moral y profesionalmente.
—¿En qué piensa?
—Llegué a pensar en lo peor, en morirme. Pero alcancé a buscar ayuda a tiempo. Los médicos me tienen medicada y en permanente tratamiento. Además, me apoyo en mi familia y en la gente que sabe que soy inocente.
—¿Usted es religiosa?
—Por supuesto que no he perdido la fe. Pero a Dios sólo le pido que ilumine a estos padres para que puedan ayudar a sus hijas. Es difícil: ya les han hecho demasiado daño. Pobrecitas: han sido utilizadas.
Este contenido no está abierto a comentarios

