“TODO LO QUE VI ME HIZO DUDAR PROFUNDAMENTE SOBRE EL FUTURO DE LA HUMANIDAD”
Sebastiao Salgado nació en 1944 en Minas Gerais, Brasil. Único varón de ocho hermanos descubrió su vocación de fotógrafo recién a los 29 años. Estudio economía, y tras haber obtenido el doctorado en París, trabajó en África para la Organización Internacional del Café. Luego de ver en la ciudad africana de Sahel, al sur del Sahara, la desesperación de un pueblo ante el desastre ecológico de la sequía, surgió su pasión por la fotografía. “A pesar del bajo nivel técnico de las fotos que tomaba para enriquecer mis investigaciones, éstas mostraban mejor la realidad que los largos legajos económicos que elaboraba”, afirmó en ese entonces. Desde ahí no dudó en abandonar el trabajo teórico y comenzar con la cámara fotográfica. La primera que tuvo fue hace unos 40 años, un obsequio de su mujer Léila, la madre de sus dos hijas. “Por mi vida nómade me he perdido momentos importantes de su crecimiento, pero somos una familia con una peculiar forma de vida cohesionada por el amor y las imágenes”, confesó alguna vez.
Entre 1986 y 1993 realizó “Trabajadores”. Un proyecto sobre el fin del trabajo manual con imágenes de obreros de todo el mundo. Después hizo “Terra”, un documento visual incomparable sobre la precariedad del trabajo rural de Brasil. El siguiente y más reciente es “Éxodos”, que para realizarlo viajó durante siete años por los rincones más marginales de 47 países. Puede decirse que Salgado paso durante los últimos 25 años por todos los lugares de conflicto mundial, desde Vietnam hasta los Balcanes, capturando las imágenes más dramáticas y evitando caer en el golpe bajo.
MOMENTOS VS FENÓMENOS
Quizás la mayor virtud de Salgado haya sido la de imponerse al fotoperiodismo actual, que detrás de los instantes útiles y “vendibles” de la noticia, ignoran la realidad de lo que están fotografiando. “Sé perfectamente que la foto de actualidad se ha vuelto el rehén de los medios de comunicación. No estoy en contra de este tipo de foto. Hay fotos de actualidad geniales, pero también está el otro tipo, en el que el fotógrafo persigue crudamente el impacto y brutaliza el acontecimiento, lo deforma con grandes angulares y no presta atención a la luz ni a la composición, y menos al hecho humano que quiere rescatar. Yo prefiero otro tipo de trabajo, en otra escala de tiempo que deja y da tiempo para interpretar la realidad. En definitiva creo que se puede transmitir una realidad mucho más fuerte si se tiene tiempo para captarla”.
También dijo: “Soy un fotógrafo de fenómenos, no de momentos. No creo en los momentos decisivos, creo más bien en la integración del fotógrafo con el tema o con las personas que fotografía. Una imagen es antes que nada una integración con la gente, con el entorno. Es más, no soy yo quien toma la foto en un ciento por ciento, más bien creo que las fotos me las ofrecen las personas que capto. Por eso no creo en el fotógrafo que llega como una mariposa, se posa y se va de la misma manera que llegó. Eso es lo opuesto a mi manera de trabajar”.
Su lema es “la integración con el entorno”, que hasta no lograrla no gatilla su cámara: “En fotografía, sólo la velocidad del obturador debe ser rápida. Lo que uno pone en las fotos es lo que lleva dentro de sí, sus propias ideas y conceptos”. Convencido de esto ha pasado meses y años mezclado entre la gente esperando captar ese momento que congela el tiempo y lo transforma en la luz que eterniza la mirada de ese instante. “Los fotógrafos son los únicos en el mundo que, en una fracción de segundo, pueden tomar una imagen sin saber exactamente por qué. Pero no deben olvidar que detrás de todo eso hay toda una vida, una cultura y una manera de pensar”.
Ha recorrido más de 100 países y dice que lo que le interesa, en realidad, ya no es el paisaje o la geografía, sino la gente. Recomienda que no se debe violentar a la gente con una cámara. “Es preciso tener una autorización para sacar una foto. Es una autorización no escrita, sino que es un momento en el que siento que si puedo sacar la foto, es difícil de explicar. Es como un mensaje en la atmósfera. Y jamás se debe esconder la cámara, es inaceptable para el trabajo que realizo”.
LA MIRADA DESDE EL TERCER MUNDO
Como buen sudamericano que es tiene dos grandes pasiones, el fútbol y las carreras de autos. También pertenecer al Tercer Mundo hizo que su mirada frente a la realidad sea diferente. Así lo explica: “Mi fotografía es muy social porque nací en Sudamérica. Para nosotros la fotografía es algo muy distinto de lo que podría ser para alguien que nació en Francia. Para nosotros la fotografía no es más que una forma de militancia”. También mantiene firmes unas cuantas convicciones: no cree en Dios ni en las soluciones individuales, tampoco en la globalización, “porque globaliza lo que le conviene”.
Salgado se ha convertido en un portavoz de causas humanitarias. “Es una identificación ideológica, militante y emocional”, afirma. Editó su libro Terra con una tirada de 60 mil ejemplares, para solicitar el apoyo internacional a favor de una reforma agraria en Brasil. Los derechos de autor de Terra han sido donados por Salgado al los “Sin tierra”. También trabaja con organizaciones como la ONU, UNICEF, Save The Children y Médicos Sin Fronteras. A lo largo de su carrera también trabajó para medios como The New York Times, El País y París Match. También para agencias como Magnum, Sygma y Gamma. Además ganó todos los grandes premios que existen en el periodismo internacional. Una curiosidad es que viaja siempre solo, con carné de prensa y poco equipaje: “Llevo un bolso pequeño, tres cámaras y tres lentes. No trabajo con asistente ni periodista. Soy completamente libre e independiente”.
EL EMBELLECIMIENTO DEL HORROR
En la crítica especializada Salgado es visto, al mismo tiempo, como un paradigma del artista comprometido y como un “voyeur” sentimental, que estetiza el dolor y lo vuelve imagen de consumo. Al respecto, el investigador portorriqueño Julio Ramos dice: “El riesgo de la crítica a la estetización es que presupone un tipo de opción veraz, un modo naturalista de acercarse a la pobreza y que es sólo otra forma de verosimilitud. Lo que quiero decir es que no creo que haya que defender las construcciones de lo real como melodrama en Salgado, pero cabe aproximarse a algo que hay allí, en la obvia estetización del cuerpo en el límite y la muerte. También ahí, la belleza es un modo de encarar el horror. Pero el juicio de valor o moral de la estetización presupone la supuesta corrección política de un modelo alternativo que queda sin discutirse. Porque ¿cómo sería un arte que no estetice la pobreza?”.
Salgado dice que la pobreza extrema existe, pero la miseria está en la mirada del otro, “y a menudo es el síntoma de la piedad y la humillación”, además agrega: “No fotografío a miserables, sino a pobres que tienen una enorme dignidad y luchan para mejorar su vida. Mi trabajo es denuncia y testimonio. Vengo de un país pobre, lo humano me interesa mucho, y con la fotografía documental que hago intento provocar un debate. La fotografía es como un vector ligado con los problemas”.
Cada vez que presenta una muestra aclara que no le interesa la exhibición sin la promoción de un debate que la vuelva denuncia, grito o pregunta. “Mi esperanza es suscitar el debate sobre la condición humana y sobre lo que está sucediendo en el mundo. Quiero que la gente recuerde los problemas que fotografío; no que aprecie la luz y la variedad de tonos. Estoy harto de oír discusiones estéticas sobre mis fotos. Lo único que espero de mis exhibiciones es que la persona que salga de verla no sea exactamente la misma que antes de entrar”.
En cada oportunidad que se le pregunta sobre el tema del embellecimiento de la miseria Salgado vuelve a repetir: “Yo muestro gente pobre, digna, noble, pero no miserable. No hay ninguna razón para tomar una fotografía de un ser humano si no lo ennoblece. Por otra parte, la gente que fotografío no espera de mi compasión, sino que haga saber que existen. Todo lo que vi me hizo dudar profundamente sobre el futuro de la humanidad. Hay momentos que me es imposible tomar fotografías, sólo nos sentamos en el piso y lloramos. Mi deuda con la gente es enorme.”
EL BLANCO Y NEGRO
Los especialistas aseguran que posee un sentido innato de la composición y del equilibrio con una concepción estética exquisita. Desde siempre prefirió trabajar con películas en blanco y negro, porque, según dice, el color distrae al lector y limita la imaginación. Asegura que es su mejor medio de traducir su visión del mundo, y explica: “El blanco y negro es muy irreal. De hecho no existe nada en blanco y negro, lo que hay es una gama de grises que ofrece un margen de interpretación muy amplio y le permite al lector una amplitud de imaginación superior a la del color. Yo sueño mucho y a veces no duermo por la noche. Entonces imagino las imágenes y la gente que voy a encontrar”.
Para terminar nada mejor que lo que dijo el famoso (ya fallecido) fotógrafo Henri Cartier-Bresson cuando Salgado presentó “Éxodos” en París: “Su obra no incita a la reflexión. Incita a la rebelión”.
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