Todo vuelve
En junio, cuando la provincia se debatía entre Del Sel y Lifschitz, recuerdo haber tenido discusiones muy fuertes con amigos kirchneristas que votaban por Perotti. A la postre, quedó claro: Si Perotti le sacaba 1600 votos más al FPCyS, el gobernador iba a ser del PRO. Del mismo color, incluso con peores actores, del que se está por teñir el país. Por Coni Cherep
También me acuerdo cuando Lousteau alcanzó el balotaje con Rodriguez Larreta en CABA y el Kirchnerismo duro, con los “chicos” de La Cámpora a la cabeza, se negó a apoyarlo bajo el argumento de que “no representaba al modelo”.
Aquellas dos actitudes, aquellas dos decisiones marcaron un quiebre de cualquier reclamo inverso en una situación similar. La soberbia K supuso que nunca iba a necesitar de pedidos parecidos. Pero, como todo en la vida, nada es eterno y todo vuelve.
Este domingo a la noche la historia marcó el punto de retorno. Y ahora, en las declaraciones de algunos funcionarios, en las redes sociales y en las especulaciones internas, varios kirchneristas suponen que muchos de los que no los votamos, que optamos por Massa, por Stolbizer o por Del Caño y que, definitivamente no pensamos elegir a Macri, vamos a inclinarnos por Scioli, por mera cercanía “ideológica”.
Y la respuesta puede ser la misma: “Ustedes tampoco nos representan”.
El modo autista de ejercer el poder de “la jefa” colmó los ánimos por derecha y por izquierda, por arriba y por abajo.
Es curioso escuchar de boca de personas de bajos recursos, beneficiados por la AHU , cuyos hijos recibieron netbooks, o de algunos otros, de clase media, que resultaron beneficiados por el PRO.CRE.AR, que “no los soportan más”, o que quieren “un cambio de aire”.
Es sorprendente, también, oír a dirigentes e intelectuales kirchneristas la negación de los problemas que el Gobierno no pudo resolver o incluso profundizó, remitiéndose a cuestiones exclusivamente generales, macro, y difíciles de entender para la mayoría de la gente.
Argentina tiene serios problemas de pobreza. Pueden esconder las estadísticas, pero lo notamos a diario. Los vemos, con la misma intensidad que hace diez años, golpeando las puertas de nuestras viviendas, pidiendo para comer.
El país padece una grave instalación del narcotráfico. Y lejos de asumirlo como tal, lo que se alcanza a ver es una especie de negación del asunto, minimizándolo, o peor, como en el caso de Santa Fe, imputándoselo a sub-estados. Mientras las fronteras están abiertas y algunos funcionarios -incluso candidatos- están sospechados de comandar organizaciones narcocriminales.
La Nación tiene un enorme inconveniente de seguridad. Y lejos de asumirlo, como en el caso anterior, prefieren señalar a otros, mientras en los espacios que gobiernan se comete un delito cada 45 segundos.
Por eso los echaron del conurbano. No porque hubo traiciones, sino porque han demostrado ser incapaces de resolver esa situación que sí le quita el sueño a la clase media y, sobre todo, a los sectores más indefensos.
En cambio, pusieron tanta energía en enfrentarse al ciudadano que no piensa igual, omitieron la gravedad de tener un Vicepresidente que se quedó con la máquina de hacer billetes, exacerbaron hasta el paroxismo los asuntos del pasado que solo necesitaban justicia, mientras nombraban a un milico sospechado de haber desaparecido a un colimba durante la dictadura y se callaron. Y la aplaudieron a Hebe, con Schocklender, y después, cuando se abrazó a Milani.
Pasaron por alto los asuntos morales. CFK no puede explicar su enriquecimiento. Lázaro Báez tampoco. Cristóbal López se quedó con el negocio del juego casi de manera monopólica. Convirtieron al fútbol -blanqueando los 30 años de robo permanente de Grondona- en un negocio del Gobierno, no del Estado y fracasaron. Ni la propaganda exclusiva los salvó de la derrota, ni el fútbol se saneó con nuestra plata. Siguieron robando.
Construyeron una usina de medios oficiales que nunca alcanzaron audiencia y, en lugar de corregirlo y admitir equivocaciones, lo profundizaron violando sistemáticamente la ley de medios de la que se jactan, pero que nunca terminaron de aplicar porque solo se abocaron a intentar eliminar a Clarín. Y lejos de callarlo, lo hicieron crecer por reacción social. Nadie puede imponer lo que tiene que leer, ver o escuchar la gente, salvo que se conviertan en Chávez. Pero la sociedad ya les explicó que no.
Nadie les puede negar los aciertos, pero tampoco la deshidratación que fueron teniendo los mismos con el correr de los años: la AUH es un magnifico logro, pero la inflación se la comió y no hubo un crecimiento del empleo que haya permitido una salida masiva de la pobreza.
Ninguno se atreve a cuestionar la decisión de desendeudarse con el FMI, pero el costo fue alto y puede resultar aún más peligroso: nos endeudamos con nuestros propios organismos públicos y nos quedamos sin reservas para enfrentar cualquier corrida.
No se les objetará jamás haber impulsado el cambio de la Corte Suprema, pero con los años la fueron convirtiendo en un coto de caza sectorial, con Zaffaroni a la cabeza. Y transformaron al Poder Judicial en un espacio de disputa política grosera, moviendo a jueces y fiscales de acuerdo a lo cerca o lejos que pasaran de las causas que se abrieron contra los funcionarios. El tiempo les fue borrando los límites y aquella justicia independiente que propuso Néstor el 25 de mayo de 2003 se convirtió en la compra de jueces y cámaras. Y eligieron a Oyarbide como magistrado estelar.
Es indiscutible la política de fomento a la cultura, el canal Encuentro, los subsidios al cine, la ley de los derechos para los actores, la jubilación universal, el matrimonio igualitario… pero pasaron 12 años y la sociedad necesita más.
No alcanzan los análisis setentistas para explicar la realidad del mundo de los 2000. No hay eje bueno. No hay dos mundos. Ni maneras de colonialismo que se puedan utilizar como razones para tomar decisiones. Hasta Cuba lo entendió, con su acercamiento a EEUU.
Pero Cristina, elige seguir hablando de situaciones lejanas e inalcanzables para el ciudadano común. Y usa a la ONU para reclamar el paradero de Stiusso, un tipo que presuntamente mató o ayudó a matarse a un Fiscal que los investigaba y que se fue por la frontera mostrando el DNI sin que nadie lo detenga. O peor, reclamando en Naciones Unidas el paradero de un sujeto que ni siquiera tiene pedido de captura.
El Gobierno de Cristina cometió muchos errores, demasiados. Y nunca, jamás, se escuchó una sola línea de autocrítica. Siempre la culpa es de los otros. Y ese señalamiento generó un rechazo masivo.
Y encima, el candidato es Scioli. Ni siquiera Randazzo.
Entonces, es difícil querer votarlos. Es complicado que los que al menos congeniamos en algunos asuntos con el Gobierno, tengamos ganas de votarlo. Y la principal razón de esa duda está en la continuidad sin cambios.
Por eso muchos van a votar a Macri. Porque aun sabiendo lo que representa, le habla al ciudadano común de sus problemas, en lugar de negarlos. Eso es lo que la gente necesita hoy: que le reconozcan que hay problemas y que están dispuestos a solucionarlos, y no que los desestimen.
Como en Santa Fe, o como en C.A.B.A en el balotaje, está claro que se juegan dos modelos de país. El problema es que el Kirchnerismo, en ambos casos, se lavó las manos y rompió los puentes.
Y a Lousteau se le escapó por un pelo el triunfo.
Y a Miguel Lifschitz apenas le alcanzó arañando, mientras los K votaban por Omar Perotti.
Por eso les resultará difícil pedir el voto para el 22. Con los que tienen no alcanza y los que podrían sumar… los fueron alejando.
No tengo claro si están a tiempo. Ni tampoco si los voy a votar.
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