Todos tus muertos
Las demás discusiones pierden peso, aun siendo graves y decisivas. Uno puede entender el juego del poder y las ambiciones de mantenerse en él. Uno puede pasar de las patoteadas del Cuervo Larroque a un periodista. Puede entender la pretensión presidencial de avanzar sobre el poder judicial, en fin… uno puede mantenerse indiferente ante el despilfarro del erario público, y hasta observar con cierta “normalidad “el enriquecimiento de los funcionarios, bajo el eterno lema de que “no es posible hacer política sin dinero”.
Todo, absolutamente todo es opinable y discutible. Salvo la muerte de los inocentes en manos de la acción o la omisión del estado.
Ese fue el límite que no pudo pasar Carlos Reutemann. Ese fue el punto que le impidió seguir caminando tranquilo por las calles de su propia ciudad, aunque haya tejido su impunidad. Ese fue el final de De la Rua. Eso acabó con la intendencia (y ciertamente con la carrera política) de Aníbal Ibarra. Ese es el fantasma que, 20 años después, atormenta la vejez decadente de Carlos Menem: los muertos.
No hay diferencia entre unos muertos y otros. Y no hay razón ideológica para distinguir a los muertos de la inundación de Santa Fe con los de La Plata o Buenos Aires. En todos los casos hubo obras que el estado debió hacer y no hizo. En todos los casos, el agua sorprendió a las víctimas, y el estado no estaba allí para advertirles que se fueran. Los muertos de las inundaciones son consecuencia de “crimenes hídricos”. Así lo denominan los propios Kirchneristas en Santa Fe. No hay razones para distinguirlos con los de C.A.B.A o La Plata.
Tampoco hay diferencia entre los muertos de Cromañón y los del Tren de Once. En ambos casos el estado falló en la prevención. Con un agravante en el caso de la targedia ferroviaria: el estado financió (y sigue haciéndolo) con subsidios el negocio de unos particulares que debían tener las máquinas y los vagones en condiciones. Miles y miles de millones que no se utilizaron para garantizar que un tren que transporta a millones de pasajeros al año, pueda frenar cuando debía hacerlo. Y que las chapas de los vagones no estuvieran vencidas.
Allí mató el negocio, la ambición, y la complicidad del estado. O de los funcionarios que estaban o permanecen en el gobierno, como el intocable jefe de las Obras publicas y la infraestructura, Julio De Vido. El mismo que se burlaba de las muertos de Macri en Capital , mientras ignoraba que decenas se morían en La Plata a causa de las obras que le correspondían hacer a él, o a los funcionarios provinciales y municipales del Kirchnerismo.
Pero hubo algo más, y colmó de asombro a todos los que escuchamos la novedad: Hasta la aparición de las escalofriantes escuchas del Ministro Carlos Tomada y su viceministra Noemi Rial, con el principal acusado del crimen de Mariano Ferreyra, el líder de la Unión Ferroviaria, José Pedraza ; nada vinculaba concretamente al Kirchnerismo con el crimen del militante del PO.
Tras esas escuchas, queda claro que el gobierno, o al menos estos dos funcionarios, cobijaron a Pedraza y lo asesoraron en la estrategia de defensa e impunidad en el crimen de Ferreyra.
¿Cuál es la línea que les falta cruzar para que los honestos militantes del Kirchnerismo empiecen a exigir puertas adentro el esclarecimiento de todos estos hechos y a empujar la destitución de cada uno de los responsables? ¿También las muertes inocentes son “contradicciones secundarias” del modelo?
¿Hasta dónde llega la ceguera y la obsecuencia de los hombres y mujeres de bien que se identifican con el gobierno, para que no entiendan que “ el relato” y “el modelo”, se emparentan en estos asuntos, con lo peor que se puede emparentar la política: con el crimen. Y en el caso de Ferreyra, con el crimen organizado.
Uno puede bancarse el discurso del “54 %”, la perorata del “Clarin miente”, la verborragia del “modelo nacional y popular”, pero no puede comprender la complicidad silenciosa de Estela de Carlotto, de los intelectuales de “Carta Abierta” o de los jóvenes militantes , que siguen aplaudiendo incondicionalmente a un gobierno que cada día se parece más a los gobiernos que criticaron.
El Kirchnerismo avanza sobre la justicia, porque indefectiblemente necesitará de la impunidad para saldar la acumulación de muertes por las que le corresponderá, más temprano que tarde, responder. Decenas y decenas de vidas interrumpidas por la inacción, la acción, o en el caso de Ferreyra, la complicidad y la protección de los criminales. Lo mismo hizo Menem en los 90. Lo mismo Reutemann en Santa Fe
El gobierno acumula muertos que podían no morir, si el gobierno intervenía. Como Reutemann con los fusilamientos del 2001 y los inundados, como Menem con la AMIA Y la Embajada de Israel, o la voladura de Rio Tercero, como De la Rúa con los asesinatos de Plaza de Mayo, como Ibarra con Cromañón .Y esa es, como en los casos mencionados, una línea de la que no se regresa. Salvo que den alguna señal en contrario.
Los últimos discursos de la presidenta, parecen confirmar el temerario camino.
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