TOMAN REHENES, SAQUEAN LAS CAJAS DE SEGURIDAD Y ESCAPAN
Empezó como un típico asalto a una sucursal bancaria, se convirtió en una toma de rehenes y terminó de una manera tan increíble como espectacular. Frente a los ojos de centenares de policías de la Bonaerense, decenas de periodistas, cámaras de tevé y curiosos, cuatro asaltantes estuvieron siete horas dentro de un banco de Acassuso, mantuvieron retenidas a 23 personas y lograron escapar con el contenido de las cajas de seguridad por un túnel que habían cavado durante tres meses.
El plan de los asaltantes recién se reveló cuando la Policía entró al banco con intención de rescatar a los rehenes. Tras revisar toda la sucursal, se descubrió que no sólo habían escapado por un túnel sino que además habían cubierto su huida con granadas y explosivos tipo “cazabobos”. Hasta ese momento, se creía que los ladrones estaban cercados y que sólo buscaban una forma segura de entregarse. Nadie imaginaba que era un golpe millonario.
El robo fue tan espectacular que convocó la atención de las más altas autoridades del Gobierno bonaerense. Sumado a otros dos hechos violentos registrados ayer en La Matanza y San Martín, generó lecturas que lo vincularon con un supuesto complot contra el ministro de Seguridad, León Arslanián.
El asalto empezó a las 12.20 de ayer. Cuatro ladrones cuarentones y bien vestidos coparon la sucursal que el Banco Río tiene en Acassuso, mientras —según una versión— otro grupo los esperaba en una camioneta. Algunos testigos dijeron que, una vez adentro, los asaltantes se encapucharon.
Cinco minutos después llegó la Policía hasta la sucursal, ubicada en Perú y avenida Libertador. “Pensamos que era una banda inexperta, que no había alcanzado a evitar que el guardia tocara la alarma”, comentó a Clarín una fuente del área de Seguridad.
Parecía que estaban cercados. Los ladrones bajaron de inmediato las persianas del banco y quedaron encerrados. Al rato empezaron las negociaciones, al mando del fiscal Luis Apolo. La impresión general era que iban bien encausadas, ya que a las 15.45 se logró un adelanto. Cuatro personas —el policía de custodia del banco, un vigilador privado, un hombre y una mujer— fueron liberadas por los ladrones, que a cambio pidieron pizza y gaseosas y cervezas para almorzar.
Para ese momento, la Bonaerense había establecido un cerco 200 metros a la redonda del banco. Los periodistas quedaron afuera, en Libertador y Montes Grandes, mientras que los familiares de los rehenes fueron a un bar dentro del perímetro.
Según se sabría después, los ladrones dividieron a los rehenes en dos grupos. Subieron a unos a la planta alta y los encerraron. Hicieron lo mismo con el resto pero en planta baja. “Quédense tranquilos que no les va a pasar nada”, les dijeron. Así, se pasaron más de dos horas solos.
Las negociaciones para que los liberaran siguieron sin novedad hasta cerca de las 18. Entonces se estableció un plazo de una hora para que los ladrones volvieran a ponerse en contacto con las autoridades. Nunca lo hicieron.
En ese lapso, los investigadores empezaron a pensar que tal vez estaba ocurriendo algo más. El propio fiscal Apolo se comunicó a eso de las 18.15 la Municipalidad de San Isidro para averiguar si había alcantarillas con acceso al banco. La respuesta fue no. “También hablamos con Aguas Argentinas”, agregó Apolo.
A las 19.15, ante el silencio y distintos ruidos que empezaron a salir de la sucursal, una decena de policías copó el banco. Pero sólo encontraron a los rehenes.
No había rastros de los ladrones. La Policía encontró dos granadas y tuvieron que entrar cuatro equipos de Explosivos, más el Grupo Halcón. Revisaron todo y así hallaron la salida de la banda: un mueble, dentro de una oficina del subsuelo, tapaba la boca del túnel. A un costado estaban las 200 cajas de seguridad de la sucursal, muchas saqueadas.
En la entrada del túnel había dos explosivos caseros —hechos con caños— tipo “cazabobos”, que demoaron la búsqueda por horas. Fuera del banco, el sólo hallazgo del pasadizo desató locura. Los policías corrían por todas partes, al tiempo que aparecía un helicóptero con reflector. Buzos de Prefectura fueron al Río de la Plata, ante la posibilidad de que el túnel condujera hacia allí.
En paralelo, los rehenes fueron interrogados y analizados exhaustivamente. Los investigadores creen que entre ellos hay alguien que colaboró, ya que el mueble que tapaba el túnel sólo pudo ser puesto allí por dentro.
A las 0.20, la Policía desactivó el segundo de los explosivos. Así descubrieron que el túnel tenía dos metros, luego descendía unos 15 (con escalera incluída) y daba a una cámara con luz propia, desde la que se pasa a un desagote cloacal que termina en la Panamericana. Un trabajo de 3 meses, que les sirvió para huir con un botín millonario.
“Estamos satisfechos porque salieron 23 personas ilesas”, declaraba el jefe de la Bonaerense, Daniel Rago. Propietarios de cajas de seguridad empezaron a insultarlo, antes de entrar con un escribano a la bóveda.
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