TOQUE DE QUEDA EN FLORIDA TRAS EL DEVASTADOR PASO DEL WILMA
Un día después del devastador paso del huracán Wilma, el sur de Florida amaneció ayer paralizado, con enormes colas de gente en busca de agua y alimentos en los escasos negocios abiertos, mientras las autoridades decretaron un toque de queda por segunda noche consecutiva en las ciudades más afectadas, para evitar saqueos y asaltos.
Casi seis millones de personas continuaban a oscuras y la empresa eléctrica de Florida advirtió que podría pasar un mes antes de que todos los residentes del estado vuelvan a tener energía. También, más de 5000 personas permanecían encerradas en refugios, mientras las autoridades corrían contra el reloj para reabrir los principales aeropuertos del estado.
Después de azotar la costa caribeña de México y Cuba, el huracán llegó anteayer a Florida con vientos de hasta 200 kilómetros por hora -lo que lo ubicó en la categoría 3 en la escala de Saffir-Simpson, de 5- y azotó la zona durante siete horas, antes de internarse en el Atlántico. El Wilma dejó a su paso una estela de destrucción y provocó la muerte de seis personas. Otras 19 personas habían muerto en México, Jamaica y Haití.
Aunque ayer estaba lejos de la costa, el Wilma aportaba humedad a una tormenta en el noreste de Estados Unidos que causó cortes de electricidad en Connecticut y Massachusetts y azotó las playas de Nueva Jersey con olas de hasta seis metros.
Mientras tanto, las zonas más castigadas por el Wilma -las ciudades de Everglades y Naples, donde el ciclón tocó tierra; el condado de Broward; la parte norte de Miami-Dade y algunas zonas cerca de Fort Lauderdale- intentaban ayer recuperarse.
Unos 6000 empleados de la compañía eléctrica de Florida trabajaban a destajo para reparar las líneas eléctricas.
“Tardaremos días o semanas en volver a la normalidad”, dijo el alcalde de Miami-Dade, Carlos Alvarez.
Ante este escenario, las autoridades del condado de Miami-Dade decretaron un toque de queda entre las 20 de ayer y las 6 de hoy, y las de Borward hicieron lo mismo, entre las 19 de ayer y las 7 de hoy. Por lo menos 14 personas fueron detenidas ayer por haber violado el toque de queda de la noche anterior.
La gente hacía ayer colas de varias cuadras para recibir hielo, agua y otros artículos esenciales que las autoridades repartían sin cargo. La mayoría de los comercios seguían cerrados debido a los extensos cortes de energía, y en los pocos locales abiertos también se habían formado largas colas.
También había filas de varias cuadras en las pocas estaciones de servicio que tenían combustible. “Estoy realmente cansado de esto. Esta es la tercera vez [en el año] que estoy sin luz. Primero Katrina, después Rita y ahora esto”, dijo Joe Fraghatti, de 30 años, que desde hacía una hora buscaba sin éxito dónde comprar nafta. “Definitivamente estoy pensando en mudarme al Oeste.”
Recorrer las calles de Miami era ayer una aventura. Cada cien metros había un árbol, un poste de luz, un cartel o un techo en medio de la calle. Con escobas y sierras eléctricas los residentes de la ciudad se disponían a sacar los escombros y arreglar las ventanas de sus hogares, destruidas por el ciclón.
En el distrito financiero de Brickell, la desolación era absoluta. Muchas fachadas daban cuenta del paso del Wilma y el agua en la calle impedía el paso de los autos.
Los tres principales aeropuertos del sur de Florida -el aeropuerto internacional de Miami, el de Fort Lauderdale-Hollywood y el de Palm Beach- permanecían cerrados, aunque se estaban programando algunas operaciones limitadas en el de Miami.
El presidente George W. Bush, que declaró anteayer el estado de emergencia en Florida, tiene planeado visitar mañana la zona afectada.
El Wilma podría ser el tercer huracán entre los más costosos de la historia, detrás del Katrina -de fines de agosto pasado- y el Andrew -de 1992-, con pérdidas de hasta 10.000 millones de dólares. El Andrew provocó daños por 20.000 millones de dólares y el Katrina, por 20.869 millones.
El Wilma fue el octavo huracán en golpear Florida en quince meses y la vigésimo segunda gran tormenta del año en el Atlántico, un récord que superó al del año 1933 -cuando ocurrieron 21 de estos fenómenos-, lo que convirtió a la actual en la peor temporada de huracanes de la historia.
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