TRABAJO Y MEMORIA, DOS PILARES PARA PODER RECONSTRUIR DETRÁS DE LOS MUROS DE CORONDA
Ya pasó un año de la masacre de 14 presos rosarinos en los pabellones 1 y 11 de la cárcel de Coronda y la prisión más importante de la provincia tiene otro semblante. Eso puede palparse con solo poner un pie en la Unidad 1 del Servicio Penitenciario, la ciudad interna de Coronda. Hoy, los presos casi no tienen tiempo ocioso. Cuentan con talleres y tienen acceso a diferentes trabajos en la prisión a los que acceden hasta los reclusos con mala conducta. En el último año se incorporaron más de 40 profesionales, desde psicólogos hasta enfermeros, que los asisten. Hay canchas de fútbol, gimnasios y hasta una cancha de básquet al aire libre. Se refaccionó y puso en funcionamiento la radio FM y hay una biblioteca que no da abasto. En Coronda hoy son más los presos condenados -el 62,79 por ciento- que los procesados y desde el día de la matanza se bajó el número de internos en 230. En un año se trabajó para mejorar la dignidad de los detenidos y de los guardias que allí trabajan. Todo eso, un año después de la muerte de 14 reclusos. Un precio demasiado alto para tanto bienestar.
La sensación térmica no era la misma. Hace poco más de un año -en marzo de 2005- cuando este cronista visitó Coronda, la tensión golpeaba en la nariz del visitante. Fue cuando un preso dijo: “Acá te acuchillan por cualquier cosa”. Y el 11 de abril sucedió. En mayo, cuando la intervención hacía pie en el “campo minado” -según la expresión usada por el ex director del Servicio Penitenciario, Fernando Rosúa- en la que se había transformado la prisión, el aire que se respiraba era de miedo y venganza. El jueves último, la cárcel parecía otra. No había esa tensión, aunque las cosas puedan cambiar, que erizaba los bellos de los brazos.
Todos los sentidos estaban en comparar momentos y realidades. La Unidad 1 estaba más acorde a su apelativo de modelo, aunque siempre falta trabajar para que el Estado cumpla con su rol de salvaguardar al detenido según lo expresado en el artículo 19 bis de la Constitución. Coronda tenía el miércoles por la noche 1.132 internos (de ellos 714 son condenados) divididos en dos alas: norte y sur. El jueves por la mañana, los internos ya eran 1.147 y vale recordar que el día la matanza había 1.377 presos.
Un muro imaginario
Nadie lo puede observar, pero la cárcel está atravesada por un muro imaginario que la divide en dos. Cada ala cuenta con un jefe y un sub jefe que deben rendir cuenta al director del penal que es, desde el viernes, el abogado Claudio Felipe Bertero. En el norte están los detenidos santafesinos (que son 533) y al sur, 599 rosarinos. En la cárcel trabajan hoy 601 empleados, de los cuales 150 son los guardias que vigilan a los internos. Pensando en el cuidado de los presos dentro del murallón de seguridad, cada guardia -de 24 por 48 horas- es realizada por 50 hombres.
Los jóvenes rostros de los guardias exponen un problema que no tiene solución. Con dos años trabajando en la cárcel se es un veterano. Además, en este último año se jubilaron 60 empleados de la prisión y varios empleados fueron reasignados a la flamante cárcel de Piñero. Coronda sigue siendo cuna de guardiacárceles.
Mientras se camina por los pasillos hacia los pabellones, todos los internos a la vista están realizando alguna tarea. “La idea es que los internos estén todo el tiempo en actividad. Desde las 7 a las 12.30 y desde las 15 a las 18, tienen cosas para hacer. Ya no hay tiempo ocioso, que era uno de los problemas. Las actividades se triplicaron”, explicó Walter Ataide, secretario de la prisión. Sin dudas, la vedette de las refacciones es la subunidad que está en el ala sur. Allí están los pabellones 13 y 14, que alojan internos que están en faz confianza -excelente conducta- y gozan de permiso para salidas laborales. Allí ahora funciona la radio de la cárcel, la FM 106.5, que antes estaba en el ala norte, y también están la biblioteca, el salón de actos y el aula virtual que funciona en línea con la Universidad Nacional del Litoral. También hay un coro integrado por diez internos y un grupo folklórico llamado “Nuevo canto argentino”.
Espacios para cuidar
La biblioteca funciona hace cuatro meses y tiene 1.200 libros. Desde su inauguración, hubo 1.250 préstamos de libros. La mecánica es que en cada pabellón hay un interno que junta los requerimientos y una vez a la semana, hace el pedido para todos. En la cárcel todo libro es bien recibido (los interesados puede llamar al 0342-491802). Raúl es un interno nacido en Villa Constitución, que en dos meses ganará la libertad y es uno de los bibliotecarios. “Lo que más se pide son cuentos y novelas”, comentó. “Se han creado muchos espacios que hay que cuidar. Los presos más viejos tenemos que enseñarle a los más jóvenes para que lo que sucedió aquel 11 de abril no vuelva a pasar. Hay que mirar para adelante y poner paños fríos”, reflexionó. “Lo que pasó acá adentro fue por un cúmulo de cosas”, sintetizó.
“Poco a poco nos fuimos quedando de entrecasa. Durante los primeros dos meses después de la tragedia venían los medios de todo el país y políticos provinciales y nacionales. Pero ya casi no viene nadie. Dejamos de ser noticia”, comentó, como al pasar, uno de los empleados penitenciarios. “Parece que la normalización no es noticia”, reflexionó. Según cuentan, la cárcel comenzó a abrirse a su comunidad. No se debe perder de vista que la población carcelaria de Coronda representa el 10 por ciento de la población de la ciudad. “Una de las cosas que sirvió para apaciguar la cárcel fue el cuerpo de requisas. Se logró desarmarlos. Ahora se agarran a piñas, pero no hay tantos acuchillados”, explicó Raúl Monti, sub jefe del ala sur. “Además, ahora cuando se agarran, entramos y lo cortamos en seco”, comentó. Y tras una pelea, las sanciones apuntan a los beneficios que ganaron los internos: primero la visita y después los lugares de esparcimiento.
“Se logró que los internos de la cárcel puedan ser operados y atendidos en el Samco de la localidad, algo que antes era impensado”, también explicó Monti. Hoy, en la prisión, hay una guardia médica con dos enfermeros las 24 horas y se acondicionó el consultorio odontológico. En la parte de seguridad se reemplazaron las cerraduras de las puertas enrejadas, utilizando unas especialmente realizadas de triple traba. También se agregaron compuertas nuevas en la zona del pabellón 7, de donde salió hace un año la horda asesina. Los pasillos y el exterior de la cárcel están siendo pintados por los internos, ganándole la pulseada a la deprimente imagen de antaño donde cada motín dejaba su marca.
En el recientemente inaugurado pabellón 5 sur, junto a la reja de ingreso, estaba el pastor evangélico Raúl Saavedra. “Dios te bendiga”, saludó con alegría. Contento por su presente, en un mes accederá a la faz confianza, comentó: “Todo lo que pasó fue muy duro. Nunca había visto tanta muerte, tantos tiros y tanta paliza”, explicó. El pastor fue uno de los que medió en la matanza. “Aprendimos la lección. Pero fue muy caro porque hay 14 muchachos que ya no están”, afirmó.
“Hay dos grupos que están trabajando muy bien en la cárcel”, explicó Jorge Cuccia. “La Coordinadora de Trabajo Carcelario (CTC), que está trabajando hace un montón de años y que hizo un trabajo extraordinario. Que hoy estemos mínimamente organizados, se lo debemos a esa gente. Y ahora el grupo de Salud Mental que está realizando talleres donde se tratan temas que antes eran tabú. Ahí trabajamos para ver ¿cómo hacer para no robar más?, ¿cómo hacer para que la droga no nos haga mal y no tomar más droga?”, analizó.
“Bombón asesino” cantado por Los Palmeras era el combustible que los internos recibían de la radio a transistores para seguir reciclando las aberturas de madera, heridas de muerte en uno de los tantos motines que hubo en la prisión. Allí, donde hasta 2003 estaban los consultorios médicos, funcionarán la secundaria y el EEMPA. Desde sus ventanas se puede ver el campo de deportes.
Al aire libre
La prisión aprovechó el amplio terreno que la rodea y, además de la huerta que ya estaba en marcha, se generaron dos canchas de fútbol de once y un playón con una cancha de básquet que serían la envidia de cualquier club barrial. Allí, los internos están bajo la tutela de cinco profesores de gimnasia. Los martes, miércoles y jueves es tiempo del campeonato de fútbol que juegan entre pabellones. Está el torneo del ala norte y el del sur. Y los partidos tienen el marco apropiado: arcos con red, las líneas bien marcadas a la cal y árbitros. Y para los presos de mala conducta, hay un pequeño gimnasio para hacer pesas y una bolsa para descargar los puños. Allí pueden trabajar 15 presos por turno.
Un año después, la cárcel está más digna para presos y para penitenciarios. Una año después, 14 internos están muertos y otros 12 irán a juicios por esas muertes. Aunque estos últimos no estén más en el penal ya que fueron trasladados a las cárceles federales de Resistencia y Rawson. Desde la matanza de presos del 11 de abril, hubo, según palabras del ex Director del Servicio Penitenciario, “unos 200 traslados” de reclusos que fueron a parar a comisarías rosarinas, santafesinas y a algunas prisiones del SP. Rosúa ya no es el director del Servicio, fue corrido al área de Seguridad Comunitaria. Jorge Bortolozzi dejó su lugar en la prisión de Coronda para ocupar el lugar de Rosúa y, según se comenta, amenaza con exportar mucho de lo bueno que se hizo en Coronda a las otras cárceles de la provincia. Un año después, Coronda se ve distinta.
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