TRAGEDIA AÉREA: LOS QUE IBAN ATRÁS SE SALVARON
“os salvamos sólo los que íbamos atrás”. Así le dijo Rodolfo Butta (41) en un susurro a su hermano Enrique, desde una cama del hospital de Urgencias. Butta es uno de los tres sobrevivientes de la avioneta que se estrelló el domingo a la noche a sólo unos cuantos metros de la pista del aeropuerto de Pajas Blancas, Córdoba. Su testimonio coincide con las pocas palabras de un socorrista que participó del rescate. Dijo: “Todos los heridos estaban en la parte trasera de la avioneta”.
Butta estaba bien al fondo, Fabricio Nicollier —otro sobreviviente— apenas delante de él, a su izquierda. Y si bien todavía la Junta de Accidentes no pudo reconstruir ese punto, Joaquín Palacios (14), el tercero de la lista, habría estado sentado al lado de Butta.
En el accidente murieron seis personas: el piloto de TC2000 que había ganado la carrera de San Juan, ciudad de donde habían partido, Daniel Vuyovich (23); el director general del equipo Toyota, Gustavo Ramonda (42); Julio Ramonda (7) —hijo de Gustavo—; Peter Suárez (41); Daniel Reinoso, el piloto; y Mario Corti, copiloto.
Esta era la segunda vez durante 2005 que Ramonda contrataba un taxi aéreo para viajar a las carreras de TC 2000 (la otra fue Viedma). El director general del equipo Toyota y el piloto Vuyovich lo habían decidido después de un incidente que casi termina en tragedia cuando regresaban en auto de una carrera en Paraná. Ramonda dijo: “No viajo más en auto. No puede ser que estemos al borde de ‘un palo’ por culpa de algún loco en la ruta”.
No fue la única fatalidad. Pedro “Peter” Suárez (41), era socio de Ramonda en Miami, Estados Unidos, donde tenían concesionarias de autos. Había llegado especialmente la semana pasada para ver esta competencia y ayer lunes tenía planeado su regreso.
Por ahora, el testimonio de Butta, reproducido por su hermano, es el único que sirve para reconstruir lo sucedido en el Piper PA31-310-Navajo. “El —dice Enrique—, antes de salir de San Juan, le preguntó a los pilotos cómo estaba el tiempo porque se decía que estaba complicado y le dijeron que había tormenta y que llovía en Córdoba”.
“Rodolfo, cuando estaban cerca de Córdoba —recuerda— vio la pista. El estaba en el fondo del avión, de frente al pasillo, y cuenta que de pronto el avión descendió de manera brusca y tocaron algo con el ala. Empezó a gritar, pero después nadie le contestó. Todo fue muy rápido”.
Antes, dicen, venían haciendo chistes y estaban contentos por la victoria. Incluso Ramonda y Vuyovich conversaron bastante sobre la carrera que había ganado el salteño. Pero todos se asustaron cuando se acercaron a Córdoba, porque la tormenta movía el aparato. Rodolfo dijo: “Ajustémonos bien los cinturones que esto viene difícil. Palacios (el chico que sobrevivió) también se ató”.
Ayer, el titular de la Junta de Accidentes de Aviación de la Regional Córdoba, Ricardo Valencia, precisó que el Piper tocó con su ala izquierda una antena con balizamiento de 21 metros de altura a 1.050 metros del comienzo de la pista; rompió la puntera de esa ala; perdió sustentabilidad al tener más carga aerodinámica en el ala derecha, se inclinó hacia ese lado, recorrió en el aire 350 metros; tocó con su punta el suelo y continuó otros 70 metros con su posición invertida, es decir con la cola de la máquina mirando la pista. Quedaron a 630 metros de distancia.
Según las primeras pericias, el error de aproximación habría sido del piloto. De acuerdo a la información reunida, Reinoso habló con la torre a las 19.27. Dijo que ya podía ver la pista.
Lamentablemente, dos minutos más tarde rozó la antena.
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