TRAGEDIA EN FUNES: "MI HIJO NO SABE LO QUE HIZO, NO RECUERDA"
Mi hijo no sabe lo que hizo, no recuerda, y yo no sé qué pasó, lo que le hizo a Alberto… lo que le hizo a mi bebé…”. Alicia Travagliante de Adorna termina de hablar y se larga a llorar. Acaba de visitar en una celda a su hijo de 17 años, el mismo que el sábado a la noche las hirió a ella y a su madre de un balazo y que mató a su esposo y a su hijo menor en Funes, a 15 kilómetros de Rosario.
Ni ella ni nadie podía explicar qué fue lo que pasó por la cabeza de este adolescente, al que ayer le hicieron pericias psiquiátricas. La mujer, de 49 años, visitó dos veces a su hijo luego de haber enterrado a los dos integrantes de la familia asesinados por él. Según un testigo, hablaron poco y se miraron a los ojos. También se abrazaron y lloraron juntos.
El adolescente está detenido desde el domingo en la Jefatura de Policía de Rosario. Su madre lo fue a visitar temprano, sola. Luego volvió acompañada por el hermano mellizo del detenido y por su hija mayor, Nadia Luján, de 19 años. Antes de entrar, frente a Clarín hablaron entre ellos: la mujer les pidió “fuerza y entrega” y los abrazó.
Estuvieron quince minutos a solas en la celda. Al salir, la mujer se largó a llorar, explicó que no entendía nada y dijo: “Nuestra familia es unida, de una excelente relación. A mi hijo acabo de dejarle la ayuda de oración del Espíritu Santo”.
La mujer, que temprano a la mañana había enterrado a su marido y a su hijo menor, sólo llegó a agregar antes de irse que siente “indignación” por las cosas que comentan sus vecinos.
La tragedia de Funes empezó alrededor de las 21.50 del sábado. Esa noche, Alicia preparó pescado asado en su chalé estilo californiano, en cuyo garaje se guardan tres autos. La familia quería comer temprano, porque a las diez pasaban por tevé el partido Newell”s—San Lorenzo. La mujer cocinó con su hijo menor al lado, bailando música de la radio, y después comieron todos juntos. El único que no estuvo en la cena fue el mellizo del ahora detenido, que había salido más temprano.
Después de la cena se desató la masacre. El adolescente tomó una pistola Bersa calibre 22 con silenciador —sería del dueño de casa—, y se acercó por detrás al sillón donde su padre, Alberto Adorna (50 años, agenciero de lotería), y su hermano Germán (16) se disponían a mirar el partido. Les pegó un tiro en la cabeza a cada uno.
Luego fue al dormitorio donde estaba acostada su abuela, Catalina Dartoli (80), y le disparó al cuello. La mujer sobrevivió, pero está grave. Enseguida volvió a disparar una bala, que pegó en una pared, rebotó e hirió a su madre en un costado del pecho.
Los gritos alertaron a su hermana Nadia, que se estaba duchando. La chica salió del baño y desarmó al adolescente, que escapó en el Porsche de su padre.
“No podemos encontrar la causa”, dijo a Clarín el abogado del chico, Jorge Bedouret. Ayer lo indagaron, pero se negó a declarar. Lo haría entre miércoles y jueves, cuando ya se conozcan los resultados de las pericias. Entonces se sabrá si hubo relación entre un presunto consumo de drogas y el ataque, como cree la Policía.
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