TRAMA POLÍTICA BAJO SOSPECHA
La primera jornada del juicio que ventila pormenores de la actuación policial en la Masacre de Villa Ramallo no defraudó a quienes esperaban una declaración pública sobre la relación entre la Bonaerense, el gobierno duhaldista, la coyuntura política y el escenario preelectoral de entonces que habría ameritado el armado de un exitoso y gran procedimiento policial para mejorar la imagen de la fuerza y, por ende, del oficialismo.
Lo dijeron los abogados de partes enfrentadas: el letrado de la viuda del gerente asesinado y los defensores de uno de los ocho policías acusados que ayer se mantuvieron en silencio en los Tribunales Federales de Oroño al 900.
Hace dos años tuvo lugar la primera etapa del caso, la que juzgó el asalto y la toma de rehenes. Allí comenzaron a desnudarse algunos misterios que desde ayer vuelven a hurgarse a la luz: porqué la policía tiró a matar, quién dio la orden de abrir fuego, y cómo fue el operativo que terminó con dos rehenes y un ladrón asesinados, y otro delincuente ahorcado en sospechosas circunstancias en una comisaría.
El abogado de Flora Lacave (viuda del gerente Carlos Chaves), Eduardo Maffia, llegó poco después de las 10 de la mañana y abrió el fuego ante los medios: “El caso tuvo un trasfondo político. Estábamos en época de elecciones”, dijo. Y para fundarse, recordó un detalle, cuanto menos, curioso: “Tres personas tomaron un banco, y ni siquiera conocían las medidas de seguridad del mismo”, dijo el letrado para insinuar que, acaso, los ladrones no tenían de qué preocuparse, que todo estaba arreglado.
Por su parte, uno de los defensores del suboficial principal de la Bonaerense Oscar Parodi (que llegó a juicio procesado por el delito de homicidio simple) opinó que durante las horas del copamiento del banco hubo serias desinteligencias.
“No puede ser que a cargo del operativo estuviesen tres grupos especiales distintos, que discutieron y no llegaron a un acuerdo. Si se dispararon 200 proyectiles, algún jefe policial debe tener responsabilidad sobre ello, pero no hay ninguno imputado en la causa”, observó el abogado Jorge Lima.
Su hermano, Hugo, también patrocina a Parodi. “Algo sucedió con el arma de mi cliente”, denunció para insinuar que, acaso, pudo haber sido cambiada.
Lima vinculó el conflicto al contenido de una nota de la Revista Veintitrés, hace cinco años, en la que recordaba, luego de la matanza, que el 8 de setiembre de 1999, una semana antes del episodio, hubo una reunión de la que participaron jefes de la Bonaerense, cuyo objetivo era “cambiar la imagen” de la entonces llamada “maldita policía”. I
ncluso en esa reunión –según la nota– se hizo alusión a un hecho que iba a ocurrir en la provincia de Buenos Aires, que a criterio del abogado “después se les fue de las manos”. Y deslizó que la desprolijidad con la que se instruyó el sumario (escena del crimen alterada, procedimientos sin testigos, desapariciones de elementos y mezcla de armas) fue preparado por los jefes policiales para eximirse de sus responsabilidades.
El juicio comenzó poco después de las 11.30 en la sala del Tribunal Oral Nº 1, formado por Laura Cosidoy, Santiago Harte y Otmar Paulucci. El secretario Osvaldo Facciano leyó las elevatorias a juicio y leyó a cada uno de los procesados los delitos por los que se encuentran imputados.
La jornada de la tarde comenzó cerca de las 17, con los pedidos de nulidad reclamados por Hugo Lima.
Éstos intentan destruir determinadas evidencias que implican directamente a su cliente. En ese sentido, el letrado recordó que en diversas declaraciones tanto de testigos como de imputados, se dejó en claro que se alteró la escena del crimen, donde se agregaron y se quitaron elementos, algunos de ellos vitales para la investigación. Recordó también que las diversas actas de procedimiento que se labraron no fueron filmadas y aseveró que “si no se hubiesen alterado las pruebas, se tendría la certeza de quién disparó”.
Otras de las irregularidades señaladas es que “no se incautaron las armas de todos los agentes que intervinieron en el hecho”. Puntualmente, el letrado destacó que “nadie de la Dirección Departamental de investigaciones de San Nicolás (DDI) entregó sus armas”. También se refirió a la forma irregular en la que se incautaron las armas de los agentes, porque “se amontonaron armas sin identificación”.
Además, Lima cuestionó el pasamanos que se efectuó con el proyectil que le extrajeron al gerente Carlos Chaves durante la autopsia. Jamás se dejó constancia a quién se le entregó, dijo. “Se les permitió a los mismos jefes que participaron en la masacre que hicieran la instrucción”, sostuvo el defensor.
El letrado leyó una extensa nómina de funcionarios presentes en la escuela donde se llevaban a cabo las negociaciones. En su opinión, tantas personalidades juntas estaban allí “para la foto”. Es decir, nadie quiso faltar al procedimiento que cambiaría la imagen de la policía que dos antes había asesinado a José Luis Cabezas. La teoría de Lima, por tanto, es que el golpe al Nación de Villa Ramallo fue una puesta en escena que luego salió mal.
El fiscal de la causa, Erick Frank Warr, argumentó que existieron irregularidades en la instrucción, pero que éstas obedecieron a la particular situación que se estaba viviendo. Asimismo, opinó que de ninguna manera aquellas pruebas cuestionadas por Hugo Lima deberían declararse nulas.
En la audiencia, el Tribunal llamó a cuatro de los imputados: los cabos 1º Ramón Sánchez y Sergio Susperreguy, y los sargentos Martín San Miguel y Sergio Garea. Pero se negaron a declarar. Hoy a las 10 de la mañana se reanuda el proceso y no se descarta la posibilidad de que Omar Parodi, acusado de homicidio simple, sí preste declaración.
FLORA LACAVE NO ESTUVO
Flora Lacave, la sobreviviente de la Masacre de Ramallo, que la madrugada del 17 de setiembre de 1999 vio morir a su marido en el escaso recorrido que hizo su auto desde el Banco Nación, bajo una lluvia de balas, fue la gran ausente en la jornada de ayer. Su abogado, Eduardo Maffia, aseguró que la mujer y sus hijos estaban en Rosario, pero se quedaron en el hotel en el que se alojan ya que Lacave se encontraba descompuesta. De todos modos, su testimonio es el más esperado, ya que es la única testigo que puede explicar lo que ocurrió en el interior del auto.
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