TRANSPORTE EVALÚA RESTRINGIR LA CIRCULACIÓN EN DÍAS DE NIEBLA
¿Vedar el tránsito vehicular por las rutas en días de niebla, así como se cierra el tráfico en aeropuertos? La pregunta quedó instalada en estos días, a partir del gravísimo accidente ocurrido en la madrugada del lunes sobre la ruta 11, que involucró a tres colectivos y dejó un saldo de diez muertos y numerosos heridos. El subsecretario de Transporte de la provincia Miguel Latorre admitió que estudia, para determinados casos, una interrupción transitoria de la circulación vehicular. “No sería un cierre absoluto y se podría aplicar en rutas angostas y de gran concentración”, anticipó en diálogo con este diario.
Desde la repartición se instaló el tema en los medios, pero se lo llevó también a la Nación junto con el debate sobre los colectivos de gran altura, velocidades máximas permitidas y control de fatiga.
Más allá de la concurrencia de varios factores que desencadenaron la fatalidad, entre ellos, la existencia de una ruta angosta, con mucho tránsito y niebla, el funcionario evaluó que, “por más que instruyamos a la gente acerca de cómo conducir en esas circunstancias, la experiencia nos indica que igual se suceden accidentes”. La alternativa es que “regulemos el tránsito en las zonas de niebla y en los momentos en que quizá no se debería circular. Sabemos todo lo que implica este análisis, como también que involucra el tema de cumplimiento de horarios, excesos de velocidad en los que muchas veces deben incurrir para cumplir con ese horario”, en relación específicamente con el transporte de pasajeros.
La cuestión de los horarios en los servicios y la velocidad es, para el funcionario, clave. “Hay horarios en los que, en vez de tardar una hora, se deberá demorar 1.15; esto implica comprensión de los usuarios y de los empresarios”, admitió, adelantándose a un debate seguro.
El tema está siendo analizado en conjunto con la Nación porque involucra servicios que son de esa jurisdicción pero atraviesan territorio santafesino. La idea, que todavía no se plasmó en norma, es “interrumpir transitoriamente la circulación en determinadas rutas”, además de insistir en medidas de precaución que rigen tanto para el transporte público como para el particular.
Avisos en los peajes
“La niebla no está a lo largo de 300 kilómetros, sino en lugares muy puntuales”, graficó Marcelo Alliot, presidente de la Asociación de Transporte Automotor de Pasajeros (Atap). Para el empresario, teniendo en cuenta que la mayoría de las rutas está concesionada, el servicio de peaje debería informar a los usuarios cuando se produce esta situación.
Alliot admitió que “los accidentes, cuando hay niebla, son muy duros”, sobre todo, teniendo en cuenta que la velocidad a la que se circula es alta. Pero, más que por la interrupción del servicio -en su caso, de colectivos- en momentos y lugares en que la niebla es más densa, se mostró favorable en insistir con las precauciones que rigen para todos, también para los choferes: bajar la velocidad, circular sin detenerse, atender la marcación horizontal y, en definitiva, acatar las medidas.
“Si hay lugares donde se detecta la existencia de niebla, que el peaje avise”, consideró el dirigente. “Lo normal es disminuir la velocidad y viajar tranquilos, pero lo tienen que hacer todos los vehículos porque, si no, se corre el riesgo de ser embestido”.
En síntesis, la clave está en “conocer las normas, respetarlas y establecer un sistema de alerta a través del peaje”, porque detener los colectivos sería “mucho más complejo”.
La opinión del gremio
El secretario general de la Unión Tranviarios Automotor -Santa Fe-, Jorge Kiener, evaluó que es necesario debatir cómo se viaja en días de niebla o con tormentas fuertes, cuando la decisión de la mayoría de las empresas que cubren servicios de larga distancia es transitar de noche, por la propia demanda que generan los pasajeros.
Sin embargo, apuntó a cuestiones específicas que se están reclamando desde hace tiempo. Una de ellas es el pedido de que, a lo largo de las rutas, por ejemplo de la 11, se construyan paradores, donde la gente pueda esperar con alguna comodidad la llegada del colectivo y el chofer pueda detenerse saliendo de la cinta asfáltica. “En algunos casos, el chofer ni siquiera puede pararse en la banquina cuando hay niebla”, por lo que consideró indispensable que se cuente con dársenas o algún recurso físico que otorgue más seguridad a usuarios y choferes, y les permita permanecer en caso de que ocurra algún fenómeno climático de riesgo.
Pero, además, opinó que el gobierno provincial “debe acordar con la Nación formas de control sobre los servicios de pasajeros”, no sólo los regulares, sino los que cumplen servicios de turismo o tours de compras.
Un fenómeno común en nuestra zona
La presencia de niebla es frecuente en nuestro territorio litoraleño entre los meses de abril y setiembre. Puede comenzar con la puesta del sol y mantenerse más allá del amanecer, y se disipa con el viento o por acción de los rayos solares. La niebla -de acuerdo a definiciones ya publicadas por este diario- es la suspensión de muy pequeñas gotas de agua en el aire, que generalmente reducen la visibilidad horizontal en superficie a menos de un kilómetro. Los tres factores que favorecen su producción son la elevada humedad relativa, viento muy suave y núcleos de condensación. Precisamente, la humedad relativa debe ser muy próxima al 100 %. Los vientos débiles proporcionan una acción mezcladora cerca de la superficie, aumentando por lo tanto, la profundidad de la niebla. Los núcleos de condensación, suspendidos en el aire, proveen una base en torno de la cual se condensa la humedad. El humo y las partículas de sal son las formas más comunes de núcleos de condensación de la atmósfera.
La neblina, en cambio, es la suspensión en la atmósfera de gotitas de agua microscópicas o de partículas higroscópicas húmedas, que reducen la visibilidad en superficie. Este hidrometeoro tiene características de formación, permanencia y disolución, semejantes a las nieblas.
La diferencia esencial radica en la visibilidad horizontal, ya que se clasifica como niebla cuando ésta reduce la visibilidad a menos de 1.000 metros y neblina cuando la visibilidad es superior a este valor.
Alertas en plena ruta
Desde 1994 Aufé tiene concesionada la autopista Santa Fe-Rosario. Ya es habitual escuchar recomendaciones sobre existencia de niebla, accidentes o cualquier inconveniente que impida la normal circulación por esa autovía. La situación se informa a las estaciones de peaje y se difunde luego por emisoras radiales, de manera de asegurar un rápido aviso a la población, informó Ricardo Montes de Oca, responsable de atención al usuario.
La niebla es tema frecuente en la zona litoraleña pero también en el centro de país: “prácticamente, desde Campana hasta Santa Fe hay niebla”, estimó.
Son bancos de niebla, que aparecen y desaparecen, obligan a respetar las medidas de precaución que son comunes a todos los conductores, sean éstos de vehículos particulares, colectivos o camiones.
En su opinión, para Montes de Oca es claro que “si la niebla es muy espesa, salvo una emergencia muy grande, la gente no debe viajar; debe parar en el lugar más alejado de la ruta, ni siquiera en la banquina sino más lejos todavía, y esperar que se disipe”.
En la página web de la concesionaria aufe.com.ar hay un capítulo destinado a educación vial con recomendaciones específicas para días de niebla: reducir la velocidad, no detenerse sobre la ruta, encender las luces y mantener la derecha siempre. También está explicada la forma en que se deben interpretar las V invertidas que aparecen en la ruta (ver gráfico).
En caso de niebla:
* Si no alcanza a distinguir dos signos en el pavimento, reduzca la velocidad a 60 km/h.
* Si sólo ve un signo en el pavimento, reduzca la velocidad a 40 km/h.
* No se detenga sobre la ruta
* Encienda las luces
* Conserve la derecha.
Mapa de riesgos
Cuatro corredores críticos tiene identificada la Subsecretaría de Transporte de la provincia para el territorio santafesino; uno determinado por los bancos de niebla; otro -que a veces se superpone- por el tránsito intensivo de camiones con producción granaria; un tercero por los atravesamientos urbanos (aquellos donde hay alta densidad de población atravesada por rutas) y un cuarto que es el de transporte de sustancias y mercancías peligrosas. Toda esta información compone el mapa de riesgo que por ahora se está difundiendo en reuniones operativas de tránsito y en municipios y comunas.
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