TRAS CINCO MESES, UN PAPÁ RECUPERÓ A SU HIJO SECUESTRADO POR LA MADRE
Pese a que acaba de cumplir apenas cuatro años, Eduardo Muñoz no tiene una historia sencilla. Después de que la organización mundial Missing Children lo buscara durante cinco meses, anteayer volvió a Rosario abrazado a su papá, Carlos Muñoz, y cantando a boca de jarro en el ómnibus que lo trajo desde La Rioja.
Fue allí donde el nene pasó ese tiempo con su mamá, quien se había escapado con él del juzgado donde iba a visitarlo. Gracias a la foto del chiquito que Missing Children publicó en su página web y a la solidaridad que amigos riojanos prestaron a Carlos, el fin de semana pasado fue ubicado en esa ciudad.
Previo envío de un exhorto del Juzgado de Familia Nº3 que entiende en la causa, un operativo policial con apoyo de expertos acompañó al papá del nene hasta la calle donde había sido visto. Y ahí lo encontró, paradito y solo en la calle. Después -dice Carlos- los dos lloraron y no pararon de abrazarse. “Yo sabía que me ibas a encontrar” fue la frase que, según cuenta el papá, le reveló lo importante que había sido no dejar de buscarlo.
En realidad, esta historia no es sencilla para el nene porque tampoco lo fue para sus padres, Carlos y Graciela. La pareja se conoció en el 97 y tuvo al chiquito en enero de 2001. Antes de eso, la mujer ya había tenido al menos una crisis emocional y estuvo internada justamente en La Rioja, donde ambos habían ido a probar suerte ante la debacle económica.
Después de que Eduardo nació, ya en Rosario, vinieron problemas más graves, con dos nuevas internaciones de su mamá, una en el Hospital Agudo Avila y otra en Oliveros. Mientras, Carlos quedó con la tenencia judicial del nene, que visitaba regularmente a su madre.
Según cuenta el joven abogado rosarino Rafael Coria, que representa al papá del chiquito, tras esos contactos el nene empezó a contar situaciones de maltrato y Carlos advirtió quemaduras en su cuerpo. Las visitas se cortaron y el cortocircuito aumentó: Graciela pidió la tenencia y la Justicia instruyó un nuevo régimen judicial de visitas, que el padre incumplió aduciendo temor por la integridad de su hijo. Luego, un forense le encontró cicatrices compatibles con quemaduras de cigarrillo y sugirió impedir el contacto del nene con su madre hasta evaluar el estado psicológico de la mujer.
El juez Darío Cúneo decidió entonces que el nene visitara más espaciadamente a su mamá, acompañada de una asistente social. Su padre lo llevaría al juzgado y desde allí pasaría seis horas en la casa de la mujer. Pero el acuerdo no llegó a cumplirse: el 8 de octubre pasado, Graciela se esfumó del juzgado con el nene y Carlos no volvió a saber de ellos. De inmediato intervino la Justicia, que instruyó la búsqueda policial y días después autorizó publicar la foto del nene en Internet.
Un llamado revelador
Ahora, más de 5 meses después, padre e hijo se reencontraron. Carlos siempre sospechó que el destino de su ex pareja podía haber sido La Rioja, ya que ambos habían vivido allí y ella tenía una tía. El miércoles pasado llamó a unos amigos riojanos para pedir datos de esa mujer. Pero, milagrosamente, esa misma noche le contestaron el llamado con una novedad increíble: acababan de ver por la calle a Graciela y el nene, a quien habían reconocido por la foto de Missing Children.
Carlos no dudó. “Se fue el jueves mismo, sin siquiera consultarme, y después llamó para contar que su hijo estaba en La Rioja”, recuerda Coria. Ipso facto, el abogado pidió al juez Cúneo enviar un exhorto a la Justicia de Menores riojana para ordenar la restitución del nene al papá. Después, todo corrió por los carriles judiciales y policiales de rigor, con suma precaución para no alterar aún más al niño, a quien tampoco le esperaba un trance fácil.
Finalmente, el domingo a la tarde una comisión integrada por el secretario del juzgado riojano, policías y expertos acompañó a Carlos al barrio Schincal de La Rioja para que se reencontrara con su hijito. “Lo vi a cien metros: un poco más flaquito, parado solito en la vereda y tocando un canasto de la basura -recuerda Carlos-. Los dos empezamos a temblar, a llorar, hasta que nos abrazamos”. De allí Eduardo partió con su padre, mientras mujeres policía contenían a su mamá.
A la hora de regresar a Rosario, hubo otra situación complicada: Graciela apareció en la estación para abordar el mismo micro que su hijo y su ex pareja. Ante ese cuadro volvió a actuar la policía, que advirtió a la mujer sobre los problemas que le implicaría armar el menor escándalo en el colectivo y puso una custodia para acompañar al nene y su papá. Finalmente, ambos viajaron en el piso bajo del micro y la mujer, en el de arriba.
Pedido de “mucho control”
Lo cierto es que Carlos y Eduardo están de vuelta, y juntos. Ahora habrá muchos pasos legales para ir resolviendo situación por situación, pero nadie le entablará una demanda a la mamá del chiquito. “Supongo que deberá recibir el tratamiento adecuado y ser evaluada antes de que se restablezcan las visitas, con mucho, pero mucho control”, advierte Carlos.
Pero ahora tiene la cabeza esencialmente en otra cosa. “Lo único que me importa es que el nene esté bien, por eso apenas llegamos fuimos hasta su salita (de jardín) para que se reencontrara con la seño y vaya retomando los eslabones que hace cinco meses le quedaron sueltos”, afirma. Porque la frase que le reveló a Carlos qué importante fue no haber dejado nunca de buscarlo es la que el nene le dijo en el viaje de vuelta: “Yo sabía que vos me ibas a encontrar”.
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