TRAS EL AUXILIO DE BRASIL, SE NORMALIZA LA TENSIÓN ELÉCTRICA
El auxilio anticipado de Brasil al sistema eléctrico argentino permitirá normalizar el nivel de la tensión eléctrica, que volverá a ser de 220 voltios en las próximas horas. Así lo anunció este mediodía el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, apenas unas horas después de la puesta en marcha de un plan de racionalización por la crisis en el sector.
“Hoy volvemos a los 220 voltios, porque ya estamos recibiendo energía desde Brasil”, afirmó Fernández en declaraciones radiales.
La decisión de dar marcha atrás con la medida de reducir el nivel de tensión a 209 voltios se tomó porque el país comenzó a recibir desde esta mañana unos 500 megavatios (MWh) desde Brasil.
El ingreso de electricidad brasileña fue confirmado por fuentes del mercado. Ahora, la Administradora del Mercado Mayorista Eléctrico (CAMMESA) volverá a normalizar la tensión.
Dos semanas atrás, el 19 de marzo, la ministra de Energía de Brasil, Dilma Rouseff, que vino a Buenos Aires para participar de un seminario organizado por el BID y acordar temas bilaterales, se comprometió a enviar entre 300 y 500 MWh para ayudar a solucionar la crisis argentina.
La importación de electricidad desde Brasil se puso en marcha a través de la línea de transporte de alta tensión que une Rincón Santa María-Garaví, en Corrientes, con la localidad brasileña de Itá. Esa línea fue construida en 2001 y utilizada -en el sentido inverso- cuando Brasil tuvo su crisis energética en 2002.
La línea tiene capacidad para transportar hasta 2.000/2100 MWh, pero 1.700 son utilizados por la usina hidroeléctrica binacional Yacyretá.
Esta situación reduce el potencial aporte desde Brasil en condiciones de extrema seguridad a sólo 300 megavatios, pero se puede llegar a los 500 MWh.
Desde ayer a la tarde, los argentinos reciben algo menos de luz que lo normal. CAMMESA, la empresa que regula el mercado eléctrico mayorista, ordenó reducir en 5% la tensión con que el fluido llega a todos los destinos, sean industrias o casas de familia. La medida, tomada de urgencia, es la primera que dispone un ahorro generalizado de energía y puso en evidencia la delicada situación energética que atraviesa el país, donde la oferta de electricidad está a punto de ser superada por una demanda que registra niveles récord.
Ayer, a partir de las 16, la Compañía Administradora del Mercado Mayorista Eléctrico —donde participa el Gobierno— ordenó a las empresas distribuidoras que giraran las perillas para bajar la tensión del suministro, de los tradicionales 220 a 209 voltios. Para los usuarios residenciales esta diferencia ni se nota, y según los expertos tampoco corren peligro los aparatos eléctricos, que peligran cuando la tensión se sitúa en 200.
Al recurrir a una baja en la tensión, CAMMESA intenta ahorrar electricidad para esquivar los cortes programados en el servicio, que el Gobierno quiere evitar a toda costa. De todos modos, este ahorro no es demasiado significativo: equivale entre un 2 y 3% del consumo total. Y no quedan demasiadas chances de ahondar en este camino —por ejemplo, bajando la tensión un 10%—: ya en ese punto sí podrían sufrir daños los artefactos y equipos.
En este contexto, inevitablemente surgen sombras. Al disponer un ahorro forzado de energía, el Gobierno está admitiendo la magnitud de la crisis energética. Según los memoriosos, en los apagones que sufrió el país a fines de los ochenta el proceso comenzó igual: la ex SEGBA dispuso primero una baja de la tensión, pero luego no le quedó remedio y llegaron los cortes.
“Esta medida confirma que la crisis se está resolviendo, y que podemos ahorrar energía”, decían ayer en el Ministerio de Planificación, tratando de minimizar ese tipo de temores.
En esas oficinas continuaron las negociaciones con las petroleras para que garanticen unos 5 millones de metros cúbicos de gas, que es la energía que está faltando en este momento. La escasez de gas se suma a otros factores en esta crisis:
Una de las claves pasa por el clima. Es que el inusitado calor de los últimos días se sumó a la reactivación industrial y provocó un aumento de la demanda de electricidad hasta niveles nunca antes vistos, de unos 14.700 megavatios hora, casi 10% más que en marzo de 2003. Por el lado de la oferta, la falta de lluvia agravó el panorama, obligando a las centrales hidroeléctricas —que aportan 40% de la electricidad en épocas normales— a trabajar en niveles mínimos.
El gas es el otro insumo clave para generar un 48% del fluido eléctrico. Según fuentes oficiales, ayer comenzó a notarse una mayor provisión por parte de las petroleras, que prometieron al Gobierno inyectar al sistema 5 millones de metros cúbicos de gas por día, para garantizar la operatividad de las centrales termoeléctricas.
Todos están atentos a qué puede pasar con la parada técnica que debe concretar la central nuclear de Embalse, cuya salida de servicio para mantenimiento estaba programada hace diez días pero se postergó hasta el próximo sábado a pedido del Gobierno. Un 10% de la electricidad que consume el país proviene de las centrales de Embalse y Atucha. En el primer caso, el aporte es de 840 megavatios, casi lo mismo que demanda el alumbrado público de la Capital Federal y el Gran Buenos Aires.
CAMMESA comunicó a los distribuidores que mantengan la tensión baja hasta “recibir la orden de normalización”, lo que “dependerá de la evolución de la situación energética”. Algunos evaluaban que los 220 voltios podrían regresar anoche mismo, cuando cediera la demanda. Pero en CAMMESA señalaron: “Estas no son decisiones que se tomen por cuatro horas.”
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