TRAS LA SALIDA DE SUEZ, KIRCHNER TIENE UN PLAN SECRETO PARA REPRIVATIZAR AGUAS ARGENTINAS
Guardado en el más estricto secreto, el presidente Néstor Kirchner tiene en carpeta los nombres de tres bancos radicados en la Argentina y un “inversor grande” de los Estados Unidos que le comunicaron al Gobierno su disposición a entrar en una futura reforma accionaria de Aguas Argentinas.
La gestión con esas empresas es una parte decisiva del proyecto oficial para mantener la compañía en funcionamiento tras el anuncio hace una semana de la empresa francesa Suez, que controla la concesión, de dejar el país, relató a LA NACION una alta fuente de la delegación.
España es la otra pata del plan para solucionar la más conflictiva de las renegociaciones con privatizadas: Kirchner sólo le explicó con lujo de detalle su idea al presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, en la reunión que mantuvieron anoche aquí.
Aguas de Barcelona (Agbar), en el esquema imaginado por la primera línea del Gobierno, podría quedar como futura controladora y gerenciadora de la concesión. Y ahí entra Zapatero en la ecuación.
La empresa catalana tiene hoy el 25 por ciento de las acciones de Aguas Argentinas. Si Suez se va, ellos deben seguirlos. De hecho ya lo anunciaron esta semana. Pero una gestión del gobierno español podría aceitar el regreso posterior de Agbar como accionista principal, una vez que quede librada de su vínculo con la firma francesa.
“No queremos que Suez siga con la concesión. Si se van solos mejor. No nos asusta”, dijo Kirchner en sus encuentros privados, según la reconstrucción que hizo LA NACION a partir del relato de testigos privilegiados.
Como garantía para concretar la reingeniería de la empresa, la Argentina y España comprarían una porción minoritaria de las acciones –alrededor del 2 por ciento– como muestra de compromiso, siempre según la versión argentina.
Ninguno de los dos países tendría el gerenciamiento ni el control. “Lo que tienen que saber es que jamás se pensó en reestatizar”, dijo un ministro que vino a Nueva York.
Zapatero partió para España apenas salió de su reunión con Kirchner. Había dado una breve definición sobre el tema a un grupo de periodistas argentinos que lo esperaban a la salida: “El tema [de Agbar] es uno de los que han quedado pendientes. Pero estoy seguro de que acabará bien”.
Suez anunció hace una semana su intención de vender su parte de la empresa que provee de agua potable en la Capital y el Gran Buenos Aires. Fue tras el fracaso de las negociaciones de un nuevo contrato con el Gobierno.
Kirchner rompió en pedazos un preacuerdo que habían alcanzado las máximas autoridades de la empresa a nivel mundial con la comisión renegociadora.
Las mayores trabas fueron los montos y la oportunidad del aumento de tarifas (Kirchner no quiso aprobar nada antes de las elecciones).
También se negó a aceptar que el Estado asumiera una deuda de 600 millones de dólares que la empresa arrastra con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) desde el momento de la privatización. Y le achaca fallas graves en materia de inversión y de concreción de obras.
El directorio de Aguas Argentinas se reúne el próximo jueves; allí se debería concretar la salida de Suez.
Antes del viaje de Kirchner a Nueva York se especulaba (dentro y fuera del Gobierno) con la posibilidad de una gestión de último momento para salvar el contrato entre el Presidente y el primer ministro francés, Dominique de Villepin.
Al final, sólo se estrecharon la mano en una reunión del Consejo de Seguridad y la audiencia se frustró, pese a que en un momento el canciller Rafael Bielsa le puso fecha y hora en declaraciones periodísticas.
Complicación
El caso Suez complica las relaciones bilaterales desde hace tiempo. El presidente Jacques Chirac le había dicho a Kirchner en enero, cuando se reunieron en París, que era “una piedra en el zapato”. Kirchner descartó la gestión con Francia y puso como prioridad en su relación personal con el socialista Zapatero.
La semana previa al viaje, el ministro de Planificación, Julio De Vido, había sondeado a posibles interesados para una eventual reingeniería accionaria de Aguas Argentinas. Le trajo a Kirchner tres nombres de bancos nacionales, según las fuentes.
Aquí terminó de confirmar el interés de un “grupo norteamericano de gran importancia”, según contó a ministros y legisladores.
“Los nombres hay que mantenerlos en reserva porque si no se puede frustrar”, aclaró, siempre según las fuentes.
A Zapatero lo esperaba con el caso Aguas como prioridad. “Le dio la promesa de sondear a Aguas de Barcelona para ver cómo se podrían ir y volver. Y, si sale, se comprometió a hacer una inversión pública en la futura compañía”, resumió uno de los asistentes a la reunión.
Miguel Sebastián, el principal asesor económico de Zapatero, estaba en la reunión y se llevó el encargo de comandar la gestión, dijo un funcionario argentino de alto rango.
¿Plazos? En el Gobierno dicen que son inminentes, porque dependen de la decisión de Suez.
Zapatero y Kirchner quedaron en contarse los avances dentro de un mes, cuando se encuentren en Salamanca con motivo de la Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado.
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