Tras una nueva tragedia, sigue el descontrol de los cuatriciclos
A pesar de la presencia policial en el ingreso a los balnearios del Norte, chicos y adolescentes siguen utilizando estos vehículos para moverse por la playa sin elementos mínimos de seguridad.
PINAMAR.- Una mamá y su hija, de no más de 10 años, llegan hasta las baterías de baños del parador. Unos 150 metros las separan del lugar de playa abierta que con su familia eligieron para instalarse con su camioneta 4×4 y un gazebo de lona que les asegura sombra bajo el duro sol de la primera tarde. Ni siquiera el entorno natural las tienta con una caminata hasta los sanitarios. En traje de baño, ojotas y cabelleras al viento, se movilizan en un cuatriciclo. Y la dueña del volante es la niña.
Frente a ellas, recién llegados y listos para disfrutar del mar, seis niños y adolescentes viajan como pueden, incluso cargados con bolsos y reposeras en mano. Y a mediana velocidad sin que nadie les llame la atención, ingresan en un Honda 500. Obvio: montados en su juguete de miles de dólares, como en el caso anterior, todos van sin casco.
Ni siquiera la tragedia de anteayer, que en estas mismas arenas le costó la vida a un menor de 10 años y heridas al conductor de 15, cambió los hábitos de quienes cada jornada recurren a la franja costera conocida como La Frontera, en el extremo norte de la costa local.
Mientras la muerte de Tomás Agreste era el comentario del día en esta localidad como historia repetida, cientos de turistas llegaban a estas playas agrestes listos para disfrutar de sus cuatriciclos, el vehículo y diversión estrella en esta escenografía plena de dunas.
Los controles montados en el acceso a La Frontera no dan resultado. O al menos sólo son efectivos en ese único punto, a metros de la arcada donde ayer se habían instalado en cantidades notables agentes de la Guardia Urbana municipal, policía, bomberos y la Agencia Nacional de Seguridad Vial (ANSV).
Quienes llegaban con más de dos ocupantes por cuatriciclo debían bajarse e ingresar caminando. Si uno de los dos no tenía casco, la ANSV le regalaba uno. Pero había que superar la primera curva para confirmar que las medidas y controles de seguridad se habían quedado en la tranquera. “Nosotros disponemos patrullas, regalamos cascos, multamos y secuestramos cuatriciclos, pero de nada sirve si no hay responsabilidad de los conductores y sobre todo de los mayores que dan esos vehículos a menores”, dijo a LA NACION el intendente de Pinamar, Hernán Muriale.
Asegura que en lo que va de la temporada se labraron 815 actuaciones y secuestros sólo por casos de cuatriciclos que son conducidos por menores de edad o por mayores que no utilizan casco. Las multas son de 2500 pesos. Y el jefe comunal se resigna: “La pagan y se llevan el vehículo, y la historia se vuelve a repetir”, señaló.
La muerte de Tomás ocurrió anteayer a última hora de la tarde, en inmediaciones del parador El Más Allá. Viajaba como acompañante en un cuatriciclo Honda 400, de los más potentes, que conducía un primo de 15 años. Al acelerar en uno de los médanos se encontraron con que al otro lado del pico había un vacío. Cayeron varios metros y la pesada unidad golpeó contra la cabeza del pequeño.
El doctor Julio Batalla, director de Emergencias del Hospital Municipal de Pinamar, confirmó que Tomás llegó ya sin vida. “El equipo que lo rescató inició maniobras de reanimación en el lugar y se continuaron hasta que ingresó a la guardia, donde se aplicaron técnicas más avanzadas, pero nunca hubo signos vitales”, explicó a LA NACION.
El menor había sufrido fractura de cráneo con pérdida de masa encefálica y la ecografía había permitido constatar líquido libre en área abdominal, lo que hace presumir lesiones intestinales que se iban a confirmar recién con la autopsia.
El adolescente que conducía el cuatriciclo, según se informó en el hospital, sólo acusó contusiones y quedó internado en observación. Pero ayer por la madrugada, sin alta médica, se retiró del establecimiento por decisión de su familia.
“Verano y fines de semana largos de todo el año tenemos un incremento importante de accidentes por cuatriciclos y motos, en su mayoría sin uso de casco”, señaló Batalla. Fracturas, cortes y contusiones son los cuadros reiterados.
Muriale pedía ayer alguna modificación de las leyes provinciales que le permitan al municipio retener los cuatriciclos secuestrados.
“El que infringe se queda sin vehículo toda la temporada, quizás así aprendan y tomen conciencia”, dijo, con ánimo de cambiar las cosas. Una voluntad que se queda en las palabras: en la arena, en verdad, los cuatriciclos mandan. Los cascos escasean. Y la tragedia, cada tanto, se cobra una víctima fatal entre los médanos.
Fuente: La Nación
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