TRASLADARON AL ROSARINO DETENIDO CON COCAÍNA EN EZEIZA PARA INDAGARLO
Roberto Hernán C. estaría hoy volviendo de Australia si no hubiera sido descubierto el lunes por la noche en el aeropuerto de Ezeiza con alrededor de 700 gramos de cocaína en el estómago.
El joven de 28 años se aprestaba entonces a emprender su cuarto viaje al país de los canguros donde entregaría, en un cuarto de hotel, la droga que llevaba en unas 70 cápsulas que había ingerido horas antes. Pero minutos antes de tomar el vuelo fue apresado y la Justicia ordenó que lo internaran en un hospital hasta que su cuerpo evacuara el cargamento. Ayer regresó a Rosario pero para ser indagado y quedar preso. La droga que transportaba fue remitida al juzgado interviniente.
En tanto, la investigación sobre la organización que exportaba droga a Europa y Australia comenzará a enfocarse en el aspecto patrimonial y financiero, es decir, qué hacían con las ganancias producto del tráfico. El juez federal Carlos Vera Barros lo indagará hoy bajo las probables figuras de contrabando o tentativa de contrabando de estupefacientes.
Roberto C. llegó ayer a la tarde a Rosario proveniente del hospital zonal de Ezeiza, donde estuvo internado en terapia intensiva -por cuestiones de seguridad para su salud- hasta terminar de expulsar las cápsulas con las que lo detuvieron. Al llegar quedó detenido en la sede de la Brigada de Drogas Peligrosas, en Dorrego al 300, donde lo esperaban sus compañeros de organización, Marcelo D., Leandro H. y Fernando S, detenidos en el operativo denominado “Madre patria”.
Con la apariencia de un turista -“parece un lord inglés”, lo describió un pesquisa- el lunes Roberto C. había esperado hasta último momento para tomar un vuelo de Lan Chile hacia Australia. De esa manera pensaba aprovechar el apuro del personal de embarque y esquivar posibles controles rigurosos.
Obviamente C. no sabía que la policía santafesina lo había estado siguiendo desde hacía tiempo y que ese lunes lo había vigilado durante una hora y media -el tiempo que se tomó luego del check in hasta embarcar- para descartar la eventual existencia de otra mula que lo acompañara. Durante ese lapso fue un viajero más, en ningún momento demostró nervios. “Sólo podría haber llamado la atención a los empleados de la aerolínea por el escaso equipaje que llevaba tratándose de un viaje a Australia”, confió un investigador del caso.
Según entendidos en la materia, una de las formas de detectar a una mula o camello es por los nervios. Sin embargo, el joven rosarino ostentaba una “frialdad absoluta” de la que no se apartó ni cuando fue interceptado por la policía. “Se mostró preocupado -reveló una fuente- pero por la posibilidad de perder el vuelo. Incluso para meterle presión al personal policial los apuraba preguntando quién iba a pagar el pasaje que le estaban haciendo perder”.
El enlace
Si el plan de la banda hubiera sido exitoso -como solía serlo desde que empezaron a operar en 2002- Roberto habría sido recibido en el aeropuerto de Sidney por una persona a la que no conocía, la cual a su vez sabría detectarlo por algún detalle en su vestimenta. Así debe haber ocurrido las tres veces anteriores: era trasladado a un hotel, allí lo visitaba otro desconocido -previamente contactado por la conexión australiana de la banda- a quien le entregaba la carga para, dos o tres días más tarde, regresar. Con él traería más de 100 mil pesos para las arcas de la banda.
Aparentemente, el camino de la cocaína de Rosario hasta las narices del primer mundo empezaba en Bolivia. Según fuentes del caso, la banda se basaba en una sociedad entre Leandro H., detenido en Uriburu al 1300, y Marcelo D., apresado en Rueda al 1900. El primero era quien se encargaba del ingreso de la droga, también empleando encomiendas humanas, y el otro organizaba la salida: buscaba los contactos en el extranjero y reclutaba a las mulas, generalmente ya entrenados en esa labor. Sin embargo, Roberto C. parece estar involucrado como miembro estable e importante de la banda antes que como un empleado eventual y el año pasado habría realizado un total de seis viajes a España y Australia.
Según fuentes de la investigación, la banda comenzó exportando a España, que seguía siendo el destino más frecuente. Sin embargo, hace un tiempo apareció Australia como un mercado varias veces más redituable. Al parecer, esos contactos fueron aportados por un rosarino radicado en aquel país. Apodado El Negro o El Australiano, Fernando S. también fue arrestado en los allanamientos comenzados el lunes a la noche en una “lujosa mansión de Funes”. Allí se encontraba con su flamante esposa australiana y otra pareja de amigos del mismo país, con quienes deben haber viajado a Rosario para el casamiento del Negro, celebrado dos días antes de que cayera la banda.
Mientras no se descartan más detenciones ni tampoco que la banda tuviera una pata de comercialización local, la investigación apunta ahora a determinar cómo se cobraban las transacciones internacionales y cuál era el destino de las ganancias. Se presume que los clientes extranjeros habrían pagado por adelantado mediante transferencias, y en cuotas, para no despertar sospechas. Para comprobarlo se deberá cruzar información con entidades tanto de España como de Australia.
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