TRIUNFO CLAVE DE LULA: UN ALIADO ES EL NUEVO LÍDER DE DIPUTADOS
El gobierno de Lula da Silva salió ayer victorioso de una prueba política decisiva. La Cámara de Diputados eligió como nuevo presidente de la casa al legislador oficialista Aldo Rebelo, un comunista de 49 años que fue ministro de Coordinación Política de este gobierno. Esta era una pulseada sin precedentes entre oficialismo y oposición por la jefatura de la Cámara. La primera vuelta había dejado ayer temprano a todo el mundo en ascuas, cuando Rebelo y el conservador derechista José Thomaz Nonó obtuvieron, cada uno, 182 votos. En la segunda vuelta no hubo dudas, cuando Rebelo obtuvo 252 votos, 15 más que su rival.
Para Lula esta elección es emblemática. Una derrota oficialista iría a pintar el peor de los escenarios para el presidente: es que debilitado y con un Congreso en contra le restaría un margen político muy reducido para aventurarse en la reelección presidencial. De haber ocurrido esto, sólo podría aguardarse un melancólico final para el gobierno del PT.
En cambio, con la victoria, Lula y su gente compran tiempo para recuperar fuerzas e invierten el signo de desgracia que los acompañó a lo largo de este año. Evitan que se propague la sensación de que todo está perdido, en la que había caído el actual equipo gubernamental. Y mejora el perfil del presidente dentro de su propia organización, el Partido de los Trabajadores. Finalmente, suben las expectativas presidenciales de una eventual reelección en los comicios generales de octubre de 2006.
Precisamente por eso, oposición y oficialismo pusieron sus mejores cuadros a trabajar en esta elección del titular de la Cámara. El Partido del Frente Liberal, derechista y con base en el nordeste brasileño, convocó a sus líderes a trabajar a favor de su candidato Nonó. En esa tarea estuvieron los senadores Antonio Carlos Magalhaes, el caudillo de Bahía, y su compadre Heráclito Fortes. El gobierno también movilizó a sus tropas: ministros y legisladores trabajaron cuerpo a cuerpo para el éxito en la votación. Pero hizo algo más: usó los recursos financieros que le da la Constitución brasileña para “sumar” votos para su candidato Rabelo. Es una práctica conocida en Brasil: cada vez que un presidente precisa juntar votos a favor de un proyecto de ley, recurre a la liberación de partidas previstas en la legislación presupuestaria brasileña que tienen como destino subsidiar obras públicas solicitadas por diputados y senadores. A estos les sirve para conquistar votos en sus regiones de influencia.
Esta vez, Lula da Silva tuvo asesores muy especiales que le “indicaron” cuál era el camino a seguir para no perder una apuesta crucial. Los ideólogos del oficialismo fueron, esta vez, el senador José Sarney (ex presidente brasileño) y el actual presidente del Congreso, Renan Calheiros. Ambos líderes son del Partido del Movimiento Democrático de Brasil (PMDB) que, en caso de una reelección de Lula, se presenta como el futuro socio privilegiado de una coalición oficialista.
En un discurso ante la asamblea plenaria de diputados, el legislador Nonó advirtió que si se elegía al candidato del Poder Ejecutivo, la Cámara baja no podría recuperarse de la crisis que se originó en esa casa por causa de las denuncias de sobornos recibidos por legisladores de varios partidos, integrantes de la coalición oficialista. Según Nonó, “yo soy de la oposición y no huyo de esa palabra. Sólo los descerebrados pueden creer que para que haya consenso en el Congreso es preciso elegir a un titular de Diputados del oficialismo”.
En un discurso que lo pintó de cuerpo y alma, Nonó usó términos fuertes: “El presidente de la República no va a mandar en esta casa”, declaró. Rebelo hizo un discurso mucho más político. Optó por prescindir de ataques personales y referirse, exclusivamente, a las diferencias de proyectos políticos que existen entre la derecha y el oficialismo.
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