TRIUNFO OPOSITOR Y DERROTA DE PUTIN EN UCRANIA: REPETIRÁN EL BALLOTAGE
Luego de trece días de movilizaciones, la oposición ucraniana consiguió ayer un respaldo rotundo de la Corte Suprema, que resolvió anular las cuestionadas elecciones del 21 de noviembre y repetir ese ballottage, con los mismos candidatos, el 26 de diciembre.
Fue además una formidable derrota para el presidente ruso Vladimir Putin cuyo candidato había ganado el comicio tachado de fraudulento. Ayer por la noche, cuando el postulante opositor Viktor Yuschenko, cercano a Europa y EE.UU., le decía a su gente que “hoy vencieron la Justicia, el derecho y la libertad”, la vibración naranja de las multitudes en la plaza de la Independencia transpiraba alivio, satisfacción y confianza.
El tribunal convalidó las denuncias de fraude de la oposición, que recibieron el soporte de los observadores internacionales que se negaron a reconocer como válido el triunfo del oficialista Víktor Yanukovich, amparado por Putin. Con el país en vilo, el fallo —inapelable— fue leído por el juez Anatoli Yarema.
El estallido de júbilo fue una crónica anunciada. Desde hace dos semanas una marea humana va, viene, trasnocha, canta y milita por una causa. Hombres y mujeres, taxistas y empleados, jóvenes y viejos, chicos de todas las edades. Al principio desacostumbrados a estar en los ojos del mundo, hoy buscan las cámaras, entrenan sus dedos haciendo la V y gritan “Yus- chen-ko” como un rezo ante cada extranjero.
El golpe a Putin puede mensurarse luego que el mandatario ruso advirtió hace 48 horas que sería rídiculo realizar un nuevo ballottage. Justo lo que acaba de ordenarse.
Cerca del triunfo, Yuschenko va por más y ayer pidió que el presidente Leonid Kuchma dé por terminado el gobierno del premier Yanukovich y elimine la actual Comisión Electoral. Esta semana el Parlamento elevó el mismo pedido. Con la decisión de la Corte, Yuschenko consiguió lo que alguna de estas noches de cerveza y rosas llamó “el alargue y los penales”, un tercer tiempo en el que todo indica que se retirará vencedor y presidente.
En principio, y tomando en cuenta que en estos días tensos no hubo episodios de violencia y que además ambos candidatos se comprometieron el miércoles a aceptar el fallo de la Corte, no deberían esperarse reacciones intempestivas ni enfrentamientos callejeros. El único temor de los analistas es que las ciudades del este, donde se concentra la industria del país y el mayor apoyo a Yanukovich, no acepten civilizadamente el resultado de la intervención del tribunal.
En regiones como Donetsk —proveedora del 25% del PBI de Ucrania—, la mirada sobre la realidad política no es la de Kiev, la capital que mira al oeste. En el este, con un pensamiento homogéneo y alineado a los tradicionales vínculos con Rusia, la posibilidad de contar con un presidente tan bien visto por Europa y tan poco respetado por el líder ruso Vladimir Putin podría cebar los ánimos separatistas, más allá de acuerdos políticos.
Rusia, que durante toda la campaña fue uno de los protagonistas con su apoyo desmesurado a Yanukovich, ayer volvió a disparar contra Europa. Fue antes de conocerse el fallo y después de haberse reunido ayer en Moscú con Kuchma, lo que se vio también como una presión para la Corte. Esta vez Putin habló por boca del Parlamento. Según un documento de la Duma, la oposición ucraniana “impulsa de facto a una porción radicalizada de la población hacia acciones peligrosas” que podrían provocar el desmembramiento de Ucrania.
“La decisión es un paso importante en dirección a una solución pacífica y democrática, y refleja la voluntad de las personas”, mandó decir desde otro rincón de los deseos y una vez conocido el fallo el presidente norteamericano George W. Bush.
Se los ve allí todo el día, aunque hay horarios de mayor concentración. Se mueven, agitan los brazos, gritan consignas. También tienen tiempo para el romance. A cada rato sube al escenario un político, un artista que apoya la causa o un pequeño héroe doméstico, como el adolescente que en plena campaña le arrojó un huevazo a Yanukovich.
La pantalla gigante los muestra a ellos, que se gustan y se saludan en lo que parece un espejo de novedosa práctica política casi lista para exportar.
Ayer, en la capital, no importó no poder sacar dinero del banco. Diversos y hasta contradictorios —chicos malos que hablan de tomar el poder, señoras elegantes que quieren vivir en libertad y sin mafias, profesionales cultos que quieren terminar con el aislamiento—, los manifestantes ayer liberaron la avenida principal de carpas y tiendas para que los autos puedan volver a circular.
“Basta de Este y Oeste”, dice Jaroslav, unos 47 bien bebidos, semicalvo y pelo al ras. Lleva cintas naranjas en los brazos y saca una Biblia de su maletín para mostrar que es muy religioso. “En todo el mundo dicen que a nosotros nos disputan el Este y el Oeste. Y parecen olvidarse que existe el centro, que Ucrania es el centro”, explica en medio del tumulto, mientras sus ojos celestes se elevan lentamente. Un enorme globo aerostático cruza el cielo de Kiev. Y no hace falta decir cuál es su color.
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