“Trump en vos sí creemos”
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“Bien te quiero, bien me quieres… no me toques el dinero”. Disculpe el señor (Joan Manuel Serrat). El dólar, en la Argentina no es una moneda extranjera sino la expresión de una identidad nacional desaparecida.
Por Pablo Benito
La influencia del dólar en la economía y la política argentina puede verse desde distintos puntos. El cultural quizás sea un lugar subestimado para comprenderlo, pero en determinados momentos, como el actual, pasa a ser la expresión más descriptiva de una encrucijada que, difícilmente, podamos sortear como país.
Kirchneristas, macristas, zurdos, derechos, ambidiestros, mancos o rengos, pueden discutir hasta el hartazgo el modelo de país que dicen pretender. A la hora de decidir sobre “la propia” no hay ideología que se imponga ni grieta que se manifieste. Los argentinos van hacia el dólar para intentar preservar sus bienes. Tan claro está que los mismos que conducen la economía local tienen sus ahorros afuera… y en dólares. Conducta personal que no es potestad de la actual “derecha conservadora y extranjerizante” que hoy gobierna. La anterior conducción nacional y popular tenía a sus propios patriotas refugiados en el dólar. Los bolsos de López eran millones de dólares, la caja de seguridad de Florencia Kirchner, lo mismo y en la “rosadita”, no se contaban pesos, soles peruanos ni reales, sino en dólares.
El fanatismo, ese que expresa realidades extremas inexistentes en el fútbol, por ejemplo, es el mismo que impide ver una realidad que no es potestad de un signo político ni un modelo sino que es un conflicto cultural que los argentinos -todos-, bajo el ejemplo de los dirigentes, tenemos con la forma de relacionarnos con los bienes y comprender los males.
Desde el humor y sin crispación.
“Hay tipos que antes trabajaban como locos y ahora se han vuelvo economistas”, decía Tato en abril de 1962 cuando era presidente de la Argentina José Maria Guido y su Ministro de Economía, Federico Pinedo, abuelo de quien fuera el presidente menos insultado de la historia –estuvo en el cargo 12 horas.
Justamente el llamado “Plan Pinedo” consistió en liberar las transacciones cambiarias que derivó en una devaluación que llegó a 65 % en 1963. El golpe fue doblemente fuerte porque el país carecía de esa variable vertiginosa como elemento decisivo de las políticas económicos. Entre 1915 y 1944 la relación peso-dólar se había mantenido estable y no estaba en el diccionario popular la palabra “devaluación”.
Tato Bores, con esa impunidad que otorga el humor político, se anticipó a lo que marcaría el futuro en seis décadas venideras y que nos marca.

“Cuando digo que estamos viviendo un gran momento de expansión monetaria, sé lo que estoy diciendo. Fíjense que nosotros en vez de pagar el dólar 30, 40, 50, 70, 80 o 90 mangos, lo estamos pagando a 135. Y si nos mojan la oreja, lo vamos a pagar a 200 porque somos tipos ricos”. Se mofaba Tato de lo que era la primera arremetida cambiaria en el país.
Y continuaba “… todos compramos. Todos juntamos. Y el día que tengamos muchos dólares podemos pegar un golpe fantástico. Yo le voy a explicar: resulta que el dólar es la moneda norteamericana. El día que tengamos todos los dólares del mundo iremos a Estados Unidos con la guita de ellos y nos van a tener que entregar el país. Yo no me explico cómo los yankees que son tan vivos no se dan cuenta del peligro que están corriendo con nosotros”.
Con certera agudeza, el eterno Tato, se reía de nosotros mismos en la tragedia más grave que deriva de la especulación financiera que arrasa con la inversión productiva y apuesta al trabajo “…yo pienso que todos de golpe nos hemos vuelto financistas por una razón muy especial. Fíjense que antes cuando un tipo tenía un ahorrito ponía un tallercito, abría una fabriquita, compraba un campito para criar gallinas o plantar tomates. Esas cosas que hace la gente en los países pobres”.
Los brotes siempre fueron verdes
Sesenta años después, la formación intelectual de nuestros comunicadores hace que siquiera podamos comprender como la macroeconomía (el bosque) nos tapa la microeconomía, la doméstica en la cual los valores no sacian el hambre, ni educan, ni nos conforma como personas (el árbol). Lo decía Tato y parecía obvio, pero no lo era tanto –evidentemente- porque décadas después el bosque es el que tapa el árbol.
Remataba Tato, en 1962, con que “hay obreros, albañiles, peones, sastres, músicos, artistas, de todo. Hay tipos que antes trabajaban como locos y ahora se han vuelvo economistas. Cada uno está parado ahí con un paquetito de dinero y en cuanto se mueve la cotización de la pizarra entran todos en patota. Uno dice ‘deme tres dólares‘, otro dice ‘deme cuatro dólares‘, otro dice ‘deme ocho dólares‘ y salen corriendo. Y van a otra casa de cambio. Y antes de que muevan la pizarra se meten y los venden.
Y así se pasan todo el día: vendiendo y comprando. Comprando y vendiendo. Y cuando llega la noche entra a la casa molido, deshecho, cae muerto arriba de un sillón, desempaquetan, cuentan la guita, llaman a la mujer y dicen: “¡Vieja, vieja, vení! Hoy me gané 14 mangos y no hice nada”.
Un relato, narrativamente tan impecable que sólo puede pasar desapercibido en una Argentina en la que el Poder real lo tiene la negación.
Verde desesperanza
Datos difundidos por el Banco Central expresan la imparable dolarización de ahorros a la que se ha volcado el argentino con capacidad de ahorro. La preferencia se profundizó en los meses pasados a partir de la volatilidad de la moneda extranjera en lo financiero, que explica la gravedad en lo económico.
Quien se hace de dólares no comprará en el mercado interno. No apuesta ya siquiera al ladrillo o a mantenerse con alguna inversión comercial o productiva. Ese dólar quedará bajo el colchón o se irá, pero serán pesos que no circulan, ya, en el mercado ni hacen mover rueda alguna.
Según el BCRA, en mayo, las compras netas de dólares billetes por parte de personas físicas llegó al récord histórico U$S 2.716 millones. El anterior pico se había registrado en agosto del año pasado, durante las semanas previas a las PASO -movilizado por el fantasma “Cristina”- llegando a U$S 2.256 millones. A fines de 2017, cuando empezó a dispararse el dólar -cotizaba a $ 17,43- el acopio de dólares “colchón” fue de U$S 2.222 millones.

En mayo pasado, 1.133.000 compraron los papeles verdes estadounidenses en el mercado oficial, 245.000 personas más que en el mes anterior.
Los ahorros dolarizados son el resultado de esa compra compulsiva de dólares para acopiar. En el caso de las personas físicas más con la intención de mantener el poder adquisitivo de sus ahorros que para especular, además de la seguridad que produce la economía americana en diferencia a la volatilidad nacional.
No te Banco más
El siguiente factor “recesivo”, de esa compra, es el cultural nacido en 2002 cuando “quienes depositaron dólares, no recibieron dólares”, ni su equivalente en pesos.
El corralito es la memoria actuando en tiempos de crisis en las que los bancos se quedaron con los ahorros de millones de argentinos sea en dólares, sea licuando el peso por inflación. Cajas fuerte, colchón, canuto o exterior.
La leche caliente, que nos hace llorar al ver una vaca, ha sido tal que aún con el dólar quieto, una inflación muy por encima de la variabilidad del dólar, durante los últimos años, no detenía la hemorragia de atesoramiento de dólares.
Como “profecía auto cumplida” finalmente llegó la fatalidad de una economía dependiente y el dólar picó, en pocos meses a emparejar aquella distancia que lo separaba de la inflación y las tasas de intereses en pesos.

La continuidad política, cultural y financiera del país no entiende de “pesadas herencias” entre 2007 y 2010, en 3 años, se fueron del dinero circulante al “colchón” U$S 38.805 millones. Siendo en 2011 el año de mayor sangría con el dólar, todavía, a 4 pesos. La compra de dólares para tenencia alcanzó 17.667 millones.
Luego de las elecciones del 54% de apoyo a CFK se implementó el “cepo” para la compra de dólares. El cepo parió al famoso dólar “blue”, que cotizaba un 50 % arriba del oficial.
A pesar del descontento con la política de ciertos sectores –hacia Cristina o Macri– un porcentaje importante de la población –no menor- cuenta con capacidad de ahorro (aproximadamente 3 millones y medio de argentinos.
La economía, no es una ciencia exacta, sino social y es la sociedad la que, con sus parámetros culturales, no cree en el Estado – ya no gobierno. Tampoco las corporaciones acompañan y estas mueven sus capitales sin pasaporte por el mundo y en países que van cerrando sus puertas no solo a refugiados sino al comercio exterior.
Convertibilidad, cepo cambiario o …
En medio de una crisis económica y financiera como la actual, parecería que las receta no condicen con el medicamento necesario para la enfermedad. De no poder contener la corrida cambiaria, el gobierno se verá en grandes dificultades y, obviamente, la situación general puede complicarse en términos de inestabilidad política importante.
Pensar en la convertibilidad –aquel 1 a 1 de Cavallo- puede resultar una locura y dicha medida sería ampliamente criticada por sectores autobautizados de populistas. Pocos suelen preguntarse la razón por la que Ecuador, con el presidente más reconocido por su sapiencia de economista, Rafael Correa, el más formado de la era de “izquierda” latinoamericana, en una década de gobierno no tocó la convertibilidad y sus logros en política social fueron similares y hasta mejores que otros países del cono sur.
Sin dólares para vender y con recursos bajo el colchón inmovilizados, puede ser un resultado no buscado ni elegido, pero fatal.
Lo mismo ocurre con el cepo tan denostado por el neoliberalismo que llegó al gobierno que basó su estrategia en que “liberalizamos” y como confían en nosotros que no somos populistas mantendremos el dólar quieto y, por añadidura la inflación la tendremos a raya. Sería, quizás, el final político del pensamiento de la alegría, pero su contraparte son ríos de deudas en dólares que se van por las grietas de un sistema que no resiste y no se mueve para no caer fuera del barco.
Ambas medidas conocidas por sus consecuencias negativas, más no por las evitadas, pueden resultar alocadas por el consenso social de la que carecen. Lo cierto es que los tratamientos invasivos para reavivar la economía ya se están realizando y el paciente empeora. La vuelta al FMI, tiene un costo político para Macri, pero no tanto como lo está teniendo que, siquiera, así la hemorragia se detiene.
La economía, no es una ciencia exacta, sino social y es la sociedad la que, con sus parámetros culturales, no cree en el Estado – ya no gobierno. Tampoco las corporaciones acompañan y estas mueven sus capitales sin pasaporte por el mundo y en países que van cerrando sus puertas no solo a refugiados sino al comercio exterior.
Datos difundidos por el Banco Central expresan la imparable dolarización de ahorros a la que se ha volcado el argentino con capacidad de ahorro. La preferencia se profundizó en los meses pasado a partir de la volatilidad de la moneda extranjera en lo financiero, que explica la gravedad en lo económico.
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