ÚLTIMA TENTACIÓN DE GIBSON
A primera vista, la nueva película de Mel Gibson, The Passion (La pasión), no es más que un trabajo de autoindulgencia de un veterano de Hollywood. La película, que retrata las últimas 12 horas en la vida de Jesucristo, no tiene distribuidor, no presenta ninguna figura estelar y el diálogo está en latín y arameo. Ni siquiera es seguro que el producto final vaya a tener subtítulos.
Sin embargo, la película, codirigida por Gibson, que invirtió 25 millones de dólares de su propio bolsillo en el proyecto, ya generó un derroche de elogios de parte de los evangelistas y duras críticas de académicos judíos y católicos que advierten que, dentro de Estados Unidos, podría provocar “una de las más grandes crisis en las relaciones entre judíos y cristianos”.
“El Espíritu Santo obró a través de mí en esta película, yo sólo dirigía el tránsito. Espero que tenga un poder evangelizador”, dijo Gibson.
Pero un panel conformado por tres académicos judíos y seis católicos y convocado por la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos con ayuda de la Liga Antidifamación, una organización judía, estudió un borrador del guión y dijo que el filme es antisemita y teológicamente impreciso, que retrata a los judíos como vengativos y sangrientos y que revive las peores tradiciones que contribuyeron a los ataques mortales que sufrieron los judíos a lo largo de los siglos.
Gibson respondió acusando a los académicos de obtener ilegalmente propiedad robada —el borrador del guión— y amenazó con demandas judiciales. Y lo que hizo fue mostrarle un segmento de la película a un grupo selecto de evangelistas, líderes religiosos, analistas y políticos que firmaron acuerdos de confidencialidad antes de ver el filme.
La controversia que generó la película también puso sobre el tapete las propias creencias religiosas de Gibson, que fundó una “iglesia católica tradicionalista” en Los Angeles que rechaza el Segundo Consejo del Vaticano que, entre otras cosas, desligó a los judíos de toda responsabilidad colectiva por la muerte de Cristo.
Pero Gibson asegura que la película no es contra los judíos. “El antisemitismo no sólo va en contra de mis creencias personales sino también del mensaje central de mi película”, dijo. “The Passion es un filme destinado a inspirar, no a ofender”.
Cuando a Gibson se le preguntó a comienzos de este año si su película podría molestar a los judíos, respondió: “Tal vez, pero no es ésa la intención. Sólo pretende decir la verdad… Cualquiera que cometa una transgresión tiene que revisar su propio pasado y su propia culpabilidad”.
Deal Hudson, editor de la revista católica conservadora Crisis le dijo al diario The New York Times que la película iba a ser un clásico que verán los cristianos de todas las denominaciones. “Es la mejor película que se hizo sobre la pasión de Cristo”, dijo. Por su parte, Ted Haggard, presidente de la Asociación Nacional de Evangelistas de Estados Unidos, la describió como “un relato maravilloso de las últimas 12 horas de la vida de Jesucristo”.
Los detractores de The Passion pidieron ver la película para poder juzgar por sí mismos. “Si la película es una declaración de amor, como dice Gibson, ¿por qué no se la muestra a todo el mundo?”, dijo Abraham Foxman, director nacional de la Liga Antidifamación. “De ninguna manera esta gente será invitada a una proyección”, dijo Paul Lauer, publicista de Gibson. “No demostraron ser honorables”.
La disputa alrededor de la película reveló la fragilidad de la coalición de judíos y cristianos de derecha que se formó a favor del apoyo de la administración Bush a Israel. Los críticos de Gibson dicen que las ramificaciones van más allá de la película. “Esta es una historia por la que millones de personas pagaron con sus propias vidas”, dijo el rabino Marvin Hier, decano y fundador del Centro Simon Wiesenthal de Los Angeles. “Los quemaron en la hoguera, los asesinaron en pogromos… y esas ideas fueron las que sirvieron como cimiento del Holocausto. Tenemos motivos para estar preocupados”.
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