UN ALUVIÓN DE VOTANTES DEMORÓ LA CONSULTA SOBRE EL FUTURO DE CHÁVEZ
Si las semanas previas al referendo revocatorio contra Hugo Chávez implicaron para Venezuela vivir días de ansiedad, tensión y hasta de temor, la jornada de ayer fue el broche de oro, donde el común denominador fue primero el conmovedor esfuerzo de la gente para votar en medio de gruesas imprevisiones, y luego una terrible incertidumbre sobre el resultado de la consulta popular. Los venezolanos, que no se resignaban a irse ayer a la cama sin estar seguros sobre quién los gobierna, debieron lamentar, además, la muerte de tres personas en episodios muy confusos.
La indefinición tuvo como principal responsable a gruesos errores de cálculo (observadores in ternacionales como James Carter reconocieron que no se suponía tal aluvión de votantes, récord absoluto en la historia venezolana); la desorganización con la que se manejó buena parte del proceso electoral y las chicanas que siguieron lanzándose tanto el gobierno de Chávez como la oposición, agrupada en la Coordinadora Democrática. Horas antes de finalizar la votación, grupos de uno y otro festejaban su victoria aquí y allá en Caracas.
Tras extenuantes y agotadoras horas de espera, en kilométricas filas, la gente seguía votando hasta las 3 de la madrugada de hoy. Primero dominó la incomodidad, pero hora a hora el malestar fue creciendo hasta llegar a un sentimiento de extrema bronca y frustración.
El día se inició muy temprano y sin anestesia en el sureste de Caracas. Miles de venezolanos se despertaron aterrorizados por recuerdos no tan lejanos. A las 2.30 de la madrugada sonó el primer “boom” y luego veinte más que estremecieron la zona. A esa hora y en el silencio de la noche los cohetazos retumbaron como si la ciudad fuera blanco de un bombardeo. Eran cohetes y fuegos artificiales lanzados al mejor estilo “llamado a diana” para que fueran a votar, una desmesura innecesaria del chavismo.
Y allí fueron. Pero los problemas operaron casi de inmediato: las mesas fueron insuficientes por la notable concurrencia. La abstención se calculaba menor en 30% (en las elecciones de 2000 superó largamente el 40%). A eso se sumó la obstinación del oficialismo de estrenar, justo ayer, una máquina electrónica para captar las impresiones digitales, la “cazahuellas”, que terminó convirtiéndose en un innecesario estorbo.
El mal y tardío funcionamiento de este sistema atrasó lo que ya era una pesadilla para cada votante: llegar hasta la mesa que le correspondía. Como promedio, se tardaba siete horas en alcanzar la meta.
Enrique Mendoza, el gobernador de Miranda, y uno de los líderes más fuertes de la alianza opositora no desaprovechó la oportunidad para sostener públicamente que “estamos alarmados por las dificultades, las absurdas demoras y las dificultades técnicas”. A la mañana, cuando las colas ya eran insufribles, pero la gente aún conservaba la paciencia, los observadores internacionales, del Centro Carter, o los ex presidentes argentinos Raúl Alfonsín y Eduardo Duhalde, reconocían que el proceso electoral era lento, aunque dentro de la normalidad.
Chavez votó temprano, cuando aún no era evidente el problema de las colas. Al enfrentar los micrófonos afirmó que la elección era un “ejemplo para el mundo” y sostuvo una línea que ya ha repetido: “ganó la Constitución y acataremos el resultado”.
Las horas transcurrían muy lentamente pero la bronca avanzaba veloz. Con demora finalmente reaccionó el Consejo Nacional Electoral, cuya mayoría responde al oficialismo y decidió ordenar, para aligerar las filas, que el registro de huellas se hiciera una vez que el votante sufragara, y no antes. En segundo lugar, postergó primero en dos horas y luego en seis (00.00 local, 01.00 argentina) el cierre de las mesas. Pero al mismo tiempo aclaró que mientras hubiera electores en las filas, el centro de votación debería seguir funcionando. Nadie dormía anoche en Venezuela y el grito de los electores que aún esperaban parecía un coro en radios y tevé: “Queremos votar. De acá no nos vamos”.
En el medio las chicanas. El gobierno acusó a la Coordinadora Democrática de filtrar por Internet resultados que aseguraban su triunfo. Los opositores respondieron con denuncias sobre manejos irregulares y presiones en los centros de votación.
Y la frutilla del postre la dio el presidente del Consejo Nacional Electoral, Francisco Carrasquero, quien aseguró poseer pruebas, mostró un disquete, en el cual se habría simulado su voz anunciando “la revocatoria del mandato de Chávez”. Según fuentes extraoficiales, todo se trataba de una vieja broma de un humorista caraqueño, que era conocida por la mayoría de los venezolanos.
La tensión se incrementó cuando se supo de la muerte de tres personas. Ninguno de los hechos fueron muy claros. Una de las víctimas cayó antes de iniciarse el comicio y no hay mayores detalles. El segundo caso fue en Petare: un soldado mató a una mujer, aparentemente con un disparo accidental. Luego, en Caracas, un individuo disparó desde una motocicleta contra un centro de votación en Caracas. Mató a un hombre y hubo una decena de heridos.
A media tarde, Jimmy Carter, y el secretario general de la OEA, rogaban a los venezolanos no perder la paciencia. No la perdieron. Fue justamente paciencia y un notable compromiso democrático lo que la gente exhibió ayer.
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