UN AÑO DESPUÉS, IRAK SIGUE EN GUERRA
A un año de la caída militar de Bagdad, Estados Unidos no celebra como lo imaginaba hace doce meses. El escenario en Irak es hoy muy distinto al esperado el 9 de abril de 2003, cuando las tropas aliadas entraron triunfantes a la milenaria capital. Mientras los feroces combates se generalizan en varias ciudades, el Pentágono informó ayer que otros 11 soldados estadounidenses murieron en las últimas 24 horas y admitió que sus tropas perdieron el control de dos ciudades.
Un día después de que el ministro de Defensa, Donald Rumsfeld, reconociera que EE.UU. enfrenta “un serio problema” en el país del Golfo, el caos continuaba ayer, mientras musulmanes shiítas y sunnitas combatían a sangre y fuego contra las tropas de la ocupación. Una ola de secuestros de civiles, incluyendo periodistas, se suma a este pantanoso escenario.
En la última semana, que se ha convertido en el período más difícil para Washington desde el inicio de la invasión a Irak, murieron cientos de iraquíes y al menos 30 soldados estadounidenses. En total, desde que EE.UU. lanzó esta controvertida guerra, en marzo de 2003, hubo 645 bajas en su ejército, y la gran mayoría de estas muertes —505— ocurrieron después de que Bush declaró el fin de la guerra, el 1º de mayo. En total, la alianza occidental perdió 746 efectivos, tomando en cuenta las bajas de soldados de los restantes países.
El jefe de las fuerzas norteamericanas en Irak, general Ricardo Sánchez, admitió que la coalición perdió el control de las ciudades santas de Kut y Nayaf, al sur del país. Pero aseguró que era “inminente”, la reconquista de Kut, de donde debieron retirarse los soldados ucranianos ante la furia de los rebeldes.
El centro de estas dos ciudades y sus edificios públicos estaban ayer bajo el control del Ejército de Mehdi, las milicias del clérigo radical shiíta Moqtada Sadr, que desde el sábado encabezan un sangriento levantamiento contra las tropas de la ocupación.
En Bagdad, fuerzas de Estados Unidos combatieron durante la noche con los seguidores del clérigo en el barrio Sadr City. Los soldados atacaron desde un helicóptero antes del amanecer y causaron un número no especificado de heridos.
Al Sadr, de 30 años, está oculto en algún lugar de Nayaf, bien custodiado por sus seguidores, luego de que el lunes EE.UU. lo declarara “proscripto” y ordenara su arresto.
Pese a las crecientes dificultades para EE.UU., Sánchez reiteró la determinación de continuar con las operaciones militares hasta derrotar a la resistencia que calificó de terrorista. “No debe haber ninguna duda de nuestra resolución de terminar con el terrorismo, incluidos los milicianos de Al Sadr”, aseguró en una rueda de prensa en Bagdad, donde se oyeron varias explosiones.
“No estamos dispuestos a permitir que un puñado de terroristas y delincuentes aterroricen a los iraquíes y malogren el objetivo de convertir Irak en un país democrático”, agregó.
Ante las críticas que cada vez resuenan con más fuerza dentro y fuera de Estados Unidos, Sánchez fue terminante: “No veo el fantasma de un Vietnam en Irak”, aseguró.
En el norte del país, los militares estadounidenses también combaten contra la minoría sunnita, el grupo al que pertenece el derrocado Saddam. Sánchez precisó que las tropas bajo su mando llevan adelante operaciones “bien definidas pero limitadas” en Fallujah, donde el miércoles los soldados de EE.UU. bombardearon una mezquita donde, dijeron, se ocultaban insurgentes.
En esa ciudad, 50 kilómetros al oeste de Bagdad, los combates entre rebeldes y tropas estadounidenses dejaron en los últimos cuatro días al menos 280 muertos, según fuentes médicas. Ayer todavía quedaban cadáveres esparcidos por las calles. El director del hospital general de la ciudad, Rafea Hijad, dijo que la cifra de heridos llega a 400.
Los enfrentamientos en Fallujah recrudecieron desde que el lunes soldados estadounidenses rodearon la ciudad en un gran operativo destinado a capturar a los rebeldes que hace diez días asesinaron y mutilaron a cuatro civiles estadounidenses.
En medio de una revuelta que se extiende, el ministro del Interior iraquí, que tiene a su cargo la policía y las fuerzas de seguridad, renunció ayer por pedido del administrador civil estadounidense en Irak, Paul Bremer. Al parecer, el relevo se relaciona con la incapacidad de la policía iraquí para enfrentar de manera efectiva a los insurgentes.
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