UN ARGENTINO BUSCA QUE UN CHIP DÉ INFORMES DESDE LAS ARTERIAS
Como las tuberías de cualquier casa, las arterias que recorren el organismo humano también pueden obstruirse. Para destaparlas y darles un soporte continuo a sus paredes, se usa la técnica de la angioplastia con un dispositivo llamado “stent” que se implanta para prolongar la vida a los pacientes con enfermedades de las arterias. El creador del primer stent en el mundo fue el médico argentino Julio Palmaz que —aunque su desarrollo se utiliza hoy en más de 2 millones de intervenciones por año— sigue descubriéndole más aplicaciones.
En diálogo telefónico con Clarín, Palmaz contó que, en menos de 10 años, los médicos estarían colocando stents acoplados con circuitos electrónicos pequeñísimos, que permitirán controlar mejor el estado de las arterias del paciente ya tratado así como prevenir las complicaciones que pueden sufrirse —por ejemplo— por la hipertensión.
Palmaz, de 58 años, estará a partir de hoy participando en el décimo congreso de la Sociedad Latinoamericana de Cardiología Intervencionista, que termina el viernes en el Hotel Hilton de Buenos Aires. Les contará a sus colegas los detalles de la investigación que está emprendiendo en la Universidad de Texas.
Este médico “picotea” de distintas áreas científicas para mejorar la calidad de vida de la gente, aunque ya no atiende pacientes como lo hacía en la ciudad de La Plata durante su juventud. Trabaja simultáneamente en el área de la nanotecnología, los nuevos materiales, la microelectrónica, y por supuesto, en la medicina y la biología molecular. Porque sostiene y aconseja que “nadie debería inhibirse de desarrollar innovaciones aun en áreas en las cuales no se ha capacitado formalmente”. El lo demuestra con su ejemplo.
En 1977, cuando ya se había ido de la Argentina, Palmaz fue a escuchar una conferencia de Andreas Gruntzig, quien desarrolló el uso de la angioplastia con balón. Por esta técnica, se introduce un balón (como un globo) que, al inflarse, logra abrir las obstrucciones de las arterias coronarias. “En esa charla, —contó Palmaz a Clarín— se comentó que el balón no servía en todos los pacientes porque las arterias eran flojas, frágiles. Entonces, pensé ¿por qué no dejar colocado algo (el stent) para hacer que las arterias sigan abiertas?”
Antes que Palmaz, en 1964 Charles Dotter había propuesto la idea de usar stents en vasos sanguíneos. “Dotter publicó la idea, pero la abandonó”, afirmó el médico argentino, quien dice que recién supo de Dotter después haber desarrollado su invento. Tras asistir a la conferencia de Gruntzig sobre la angioplastia con balón, Palmaz empezó a investigar con diferentes materiales que fueran útiles para funcionar de soporte de las paredes arteriales y así dio con el acero inoxidable.
En 1985, patentó en los Estados Unidos su modelo de stent expandible usado en combinación con una angioplastia con balón. En 1994, la Administración Nacional de Drogas y Alimentos de ese país autorizó su aplicación clínica, aunque en Europa y en América latina ya se usaba en forma efectiva. Se trata de una malla metálica que se abre para dilatar las arterias taponadas y queda implantada en el paciente.
“Al principio, hubo mucha oposición en la comunidad médica. Había una gran aversión para aplicar metales en las arterias”, recordó. Sin embargo, el stent fue ganando simpatía y hoy se lo usa en múltiples situaciones: en las arterias del corazón, en las obstrucciones de las piernas, en las arterias renales, en el cerebro, y —más recientemente— en la enfermedad de las arterias carótidas, una de las causas más frecuentes de los ataques cerebrales.
El investigador cree que el diseño de los stents ya encontró su límite, pero aún queda mucho por hacer en materiales. Por eso, desde hace tres años, con fondos federales, está desarrollando “plataformas interactivas”, que consisten en combinar stents con circuitos electrónicos producidos en las áreas de la microelectrónica y la nanotecnología. “En menos de 10 años, estarán al alcance de los pacientes. Porque hoy ya las tecnologías de base están pero hace falta combinarlas”.
Palmaz vislumbra cómo será el futuro de la cardiología intervencionista: “Se podrán practicar angioplastias con stents y con chips que estarán implantados en los pacientes para hacer electrocardiogramas, análisis del flujo de la sangre, el PH, entre otros parámetros”. Los pacientes hipertensos también podrían usar estas plataformas interactivas para que su presión arterial esté controlada y evitar complicaciones.
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