UN ARGENTINO, CODO A CODO CON LOS MEJORES MATEMÁTICOS DE TODO EL MUNDO
El Mundial de fútbol ya pasó. El de básquet se está jugando. Y todavía faltan los de hóckey sobre césped y vóley. Pero ahora larga uno sin arcos, aros, palos o redes. Desde hoy y hasta el miércoles 30 de este mes, en Madrid, se realizará el Congreso Internacional de Matemáticos, un evento que cada cuatro años reúne a los mejores matemáticos del mundo. Y allí, por primera vez en la historia, un argentino que trabaja en nuestro país dictará una conferencia. Se trata de Ricardo Durán, investigador del Conicet y docente de la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires.
“Y… algo nervioso estoy. Es la primera vez que viajo a un congreso tan grande e importante como éste”, explica Durán, doctor en Matemáticas desde 1981 y con un posdoctorado en Chicago. Su especialidad es el análisis de métodos numéricos para resolver ecuaciones diferenciales, una herramienta muy utilizada en diversas aplicaciones, principalmente en ingeniería.
En la Argentina, apenas 15 matemáticos investigan ese tema. “Participaré de una sesión de análisis numérico junto con otros expertos de distintas partes del mundo. A mí me toca dar una conferencia de 50 minutos el sábado 26. Después iré a escuchar las charlas y seminarios de otras ramas de la matemática. Pero no de todas. Hay cosas que realmente no las entiendo”, sonríe Ricardo. A los 50 años, esta invitación a conferenciar representa todo un homenaje a su larga trayectoria y un espaldarazo para considerarlo uno de los mejores matemáticos del país. Es así, aunque a él todo esto le genere vergüenza. Ricardo rechazó una invitación para ir a Alemania tras el Congreso.
“Unos meses atrás estuve en Italia y en una semana arrancan las clases en la facultad. No puedo faltar”, explica Durán. Además de las cuatro horas semanales de teóricos, dirige la tesis del doctorado de cinco estudiantes. Le gusta dar clases y el contacto diario con los alumnos. Su escritorio, desbordado de papeles, y la pizarra, plagada de fórmulas, testifican que el trabajo inunda la oficina 2065 del Pabellón Uno de la Ciudad Universitaria.
“Con Internet, los adelantos tecnológicos en los medios de comunicación y más chances de viajar al exterior, ahora resulta más sencillo. Antes estábamos muy lejos de los centros de investigación y un paper tardaba meses en llegar. Claro que en Estados Unidos o Europa tenés más posibilidades, pero en el país existe toda una camada de matemáticos jóvenes que tienen un gran futuro”, avisa Durán, esposo de otra matemática —Noemí Wolanski— y padre de dos hijas: Paula (20, estudiante de Diseño) y Karina (17, quien amaga con anotarse en Sociología). “Siempre fueron buenas alumnas en Matemáticas, pero nunca les gustó. Está bien. En casa ya tienen suficiente”, bromea él.
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