UN ARGENTINO LOGRÓ HACER CUMBRE EN EL MONTE MÁS ALTO DE LA ANTÁRTIDA
Había soportado tempestades y temperaturas de hasta 50 grados bajo cero y ahora no podía seguir avanzando porque estaba en la cumbre. El momento era apacible, sin viento, el cielo despejado y Juan Benegas festejó ser el primer argentino en conquistar el monte Vinson (4.897 metros), el más alto de la Antártida.
La travesía del mendocino Benegas no tuvo los matices de una ascensión tradicional: un avión lo dejó en la base del pico y el día antártico es, en esta época del año, de 24 horas. “Estamos aquí y existimos”, gritó Benegas en ese pequeño anfiteatro de 2 metros cuadrados que es la cima. Había llegado junto a un inglés y un canadiense.
El andinista argentino, que vive en Buenos Aires y trabaja en una empresa pesquera, estuvo cerca de la cumbre del Everest en 2001 y escaló varias veces el Aconcagua, dos en invierno, una de ellas por la difícil pared Sur. En ese pico perdió a su hermano Adolfo, cuyo cuerpo aún no fue encontrado.
“Estuve preparando este viaje durante 3 años, impulsado por el sentido de patria y por mis ganas y juntando ahorros”, recordó Benegas ayer a Clarín. La aventura le costó 25 mil dólares.
El monte Vinson pertenece a la cadena de montañas Ellsworth, aisladas en un medio salvaje batido constantemente por el viento blanco y temperaturas que suelen superar los 70 grados bajo cero. El Vinson está a 2.200 metros de la base argentina Marambio, en dirección al sur. Fue escalado por primera vez en 1966.
Benegas partió con sus compañeros el 18 de noviembre desde Santiago de Chile hasta Punta Arenas. Tres días después embarcaron en un avión Ilushin ruso hacia la base canadiense Patriot Hill. El 23 subieron a un avión twin Otter, con esquís para deslizarse en la nieve, que los dejó a un costado del Vinson. Allí mismo instalaron el campamento base.
El 25 ya estaban en el campamento uno, en una de las laderas del Vinson. “No tiene grandes dificultades, salvo las grietas y algunas pendientes de 40 grados”, contó Benegas.
Pero el gran problema fue el frío. “Tuvimos temperaturas de 30 grados bajo cero con una sensación térmica de 50 que nos pelaba la piel de la cara y de las manos”, reseñó. También debieron soportar vientos de 40 kilómetros por hora.
En el campo I hicieron noche (es un decir, porque el día tiene claridad las 24 horas) y quedaron atrapados otras 5 jornadas por una tempestad que no los dejó asomarse de las carpas.
“El cuerpo va sufriendo un deterioro y perdés sensibilidad, la ropa se congela de noche y cuesta generar calor”, dice Benegas.
Para los tres andinistas el frío resultaba insoportable pero también los apremiaba una sensación de desamparo: todo a su alrededor era blanco, desierto, sin otra compañía que el silbido del viento. “Estás aislado de todo, en soledad, con tus propias fuerzas”.
El 2 de diciembre se abrió una ventana de buen tiempo y pudieron subir para colocar el campo II. Pensaron en quedarse allí y encarar la cumbre al día siguiente, pero rápidamente desecharon la idea: había que seguir ascendiendo porque podía volver el mal tiempo.
Benegas relata que subieron atados con una cuerda para darse mayor seguridad y avanzaron así hasta pisar la cúspide. No lo podían creer: el día era grato, sin viento, había sol, sus voces se escuchaban con claridad y no era necesario gritar para entenderse.
“Mirás el horizonte y ves un pico detrás de otro, todos helados, como si fueran sólo nubes; sentís una sensación de ahogo, por ese blanco que te oprime”, explicó.
En la cumbre, pequeña, con un poco de nieve y algo de roca pelada por efecto del viento, Juan Benegas evocó a su hermano Adolfo, su compañero de aventuras hasta 1990, cuando éste perdió la vida arrastrado por una avalancha en la pared sur del Aconcagua.
El twin Otter volvió dos días después y los recogió de la Antártida. Benegas se había convertido en el primer argentino en derrotar al monte Vinson, de curiosas proporciones: 21 kilómetros de largo y 13 de ancho.
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